Siento calor.
Camino entre la gente, esquivando a algunos hasta llegar a una de las salidas. Olvido que en este lugar la temperatura puede llegar fácilmente a los treinta y ocho grados… quizá exagero. Solo un poquito.
Al final, decido quedarme un rato más en la fiesta.
La salida a la que me dirijo no da a la calle, sino a la huerta, o como yo empecé a llamarla: el gran invernadero. Descubrí ese lugar hoy en la mañana cuando ayudaba a mi tía a preparar los jugos, antes de que me ofreciera a inflar globos. La acompañé a recoger frutas: ella trepaba el árbol y me lanzaba las naranjas que encontraba colgando de las ramas.
Quizá mañana le pida que me enseñe a trepar árboles.
La razón por la que quiero ir es simple…Siento que alguien me llama.
Decidí ignorarlo al principio, pero mi segundo nombre debería ser curiosidad, y pienso hacerle honor.
Abro la puerta.
Todo está completamente oscuro. Tengo que admitirlo: de noche sí da miedo, no puedo ver ni un arbol ni quiera ni su sombra. Tanteo la pared en busca del interruptor, pero después de un rato me rindo y enciendo la linterna de mi celular. En la pared no hay interruptor, ni foco que ilumine el invernadero.
—Solo me sentaré aquí —murmuro. Me apoyo a lado de la puerta.
El viento se siente tibio.
Sigo esperando ese llamado, pero nada, no siento ni escucho nada.
—Cinco minutos… solo cinco minutos —me digo— y luego me voy a mi habitación.
Cierro los ojos.
Poco a poco, el viento comienza a refrescarse. Abro apenas los ojos y entonces los veo.
Luciérnagas.
Decenas de ellas iluminan el invernadero con pequeños destellos dorados.
Mi corazón se acelera.
—Wow… —susurro.
Me acerco con cuidado. Quiero verlas más de cerca. Dejo mis cosas en el suelo y avanzo hacia ellas, incapaz de creer lo que veo. Me siento como si hubiera entrado en un mundo mágico, uno que no me pertenece pero que, aun así, me acepta.
Olvido la fiesta.
Olvido el calor.
Olvido todo.
Una melodía empieza a sonar en mi mente. La tarareo sin darme cuenta y, siguiendo el ritmo, comienzo a moverme. Bailo despacio, dejándome llevar.
Tourner Dans Le Vide.
Indila.
Mi canción favorita.
Cuando la canción termina en mi mente, me detengo… y es entonces cuando me doy cuenta.
Estoy demasiado lejos.
Las luciérnagas solo iluminan hasta cierto punto, más allá todo es oscuridad. El aire se vuelve pesado. Doy un paso atrás y, al acercarme a un árbol, algo capta mi atención.
Algo… que no debería estar ahí.
Es un hombre.
O lo que queda de él.
Solo su cabeza sobresale de la tierra.
El terror me recorre de golpe.
Grito.
De horror.
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Editado: 26.12.2025