En los cielos

Capítulo 2: Misterios a flor de piel

Días 15, 16 y 17 del 1er nexo del año 534 DLS.

Día 15.

Nora le contó a su madre cómo había sido su día en la Escuela Superior, sintiéndose orgullosa de haber respondido sin dudar a la pregunta de la señorita Devota. Luego le relató el encuentro con el demente, lo que preocupó a su madre al escucharlo, pero Nora supo manejar la situación con calma y logró tranquilizarla. Por último, le mostró su nuevo HoloCom con la versión beta, explicándole las diferencias que había notado, sin mencionar la conversación de los Nard, pues para entonces la recordaba como algo lejano, casi inexistente: más un sueño que la realidad.

—Creo que voy a intentar ver qué tal está el demente —comentó Nora, ya en casa, con una sonrisa.

—No deberías buscar a personas desconocidas. Es de mala educación —respondió su madre, cruzándose de brazos, intentando regañarla sin ser demasiado estricta.

—¿Ni siquiera si fuera una emergencia? —insistió Nora.

—Nunca ocurren emergencias.

Y era cierto, lo más raro que te podía pasar era que te seleccionara un Nard o que te eligieran en el Tándem.

Nora hizo caso omiso a su madre, que ya había comenzado a preparar la comida. Se sentó en la cama de su dormitorio y comenzó a buscar a hombre por su nombre: William. Al principio, aparecieron todas las personas con ese nombre, así que trató de recordar el apellido. Escribió “Fer” y la búsqueda se redujo a cinco resultados. Luego añadió “vore” y, convencida de que aparecería un solo nombre, se encontró con la pantalla vacía.

Qué raro, pensó.

Acto seguido, volvió a escribir solo “Fer”. Las cinco personas anteriores aparecieron de nuevo, y aunque se apellidaban distinto, Nora fue revisando sus fotos una por una. Ninguno de ellos era el hombre de 34 años que había visto en el suelo. Intentó otras opciones, como escribir solo "Fervore" o filtrar por hombres de la misma edad. Pero nada. No apareció el señor.

—¿Has encontrado al que buscabas? —preguntó su madre, asomándose por la puerta de su cuarto, consciente de que Nora no seguiría sus indicaciones.

—Eh... sí —mintió, intentando desesperadamente encontrar algo que pudiera justificar su búsqueda—. Ya no es oficialmente un demente.

Nunca le había mentido a su madre de esa manera, salvo cuando le iba a dar un regalo o cuando, siendo más pequeña, intentaba esconder alguna travesura, aunque siempre terminaba confesando.

—¿Ves? No tenías de qué preocuparte —sonrió Vera, mirándola por encima del hombro, mientras se dirigía de nuevo a la cocina.

Nora desistió y apagó el HoloCom, angustiada. Supuso que era un error de la beta del dispositivo, aunque nunca había ocurrido que una persona desapareciera de la base de datos de esa manera. Además, durante toda la tarde, sentía como si algo se le hubiera olvidado, pero no lograba recordar qué era. Su madre incluso le preguntó a lo largo de la tarde por qué estaba tan pensativa, pero Nora simplemente le respondió que había sido un día largo. Pensó que debería volver a ver a Fendrik, aunque a esa hora ya debería estar en su casa. Así que decidió buscar su nombre, esperando poder encontrarlo. Suspiró para sí misma al encontrar finalmente un perfil con el nombre "Fendrik Draethar". Sintió una mezcla de alivio y curiosidad mientras examinaba los detalles. Descubrió que vivía en la zona de los 500 NCT, algo que le sorprendió. Nunca le había preguntado directamente, pero saber su nivel de NCT le hizo sentir incómoda, como si hubiera invadido un espacio personal sin permiso. Decidió que, al menos, debería llamarlo antes de aparecer directamente en su casa; sería menos invasivo. No quería que su madre se enterara de la conversación, así que cerró la puerta de su habitación.

—¿Sí? —se escuchó al otro lado—. ¿Qué pasa, Nora?

A Nora le sudaban las manos por los nervios. Quería respuestas, y esperaba obtenerlas cuanto antes.

—¿Puedo ir a tu casa? Necesito hablar contigo —dijo en voz baja, cuidando que su madre no sospechara.

Esta vez había optado por una llamada de voz, pero sabía que su tono transmitía una mezcla de preocupación e intriga que era imposible de ocultar.

—Queda poco para el toque de queda. ¿Seguro que no puedes esperar hasta mañana?

Nora tocó rápidamente la pantalla de su HoloCom para comprobar la hora. Faltaban apenas 40 minutos para las 10 de la noche, el momento en que todos debían estar en casa. Nora no quería arrastrar esa sensación de preocupación por el demente durante toda la noche. La idea de irse a la cama con tantas preguntas sin respuesta la inquietaba demasiado.

—Será un momento, te lo prometo —insistió, tratando de sonar convincente.

Tras un largo silencio, Fendrik contestó:

—Está bien. Te espero.

Nora salió de su cuarto casi corriendo, con el corazón latiendo rápido por la mezcla de nervios y determinación. Su madre, sentada en el sofá y absorta en la pantalla holográfica que proyectaba las noticias del día, la miró con sorpresa, como si acabara de ver al mismísimo Har entrando por la puerta.

—Voy a dar una vuelta —anunció Nora apresuradamente mientras se ponía los zapatos.

—¿A esta hora? ¡Nora, ya casi es el toque de queda! —protestó su madre, levantándose con el ceño fruncido.

Pero Vera no le dio tiempo a terminar la frase. Su hija abrió la puerta con rapidez y salió, apresurando el paso hacia la casa de Fendrik. Mientras caminaba por las calles, Nora sentía su mente a mil por hora, enfocada en encontrar respuestas que, aunque no sabía si las encontraría, ya no podía ignorar. El viento nocturno acariciaba su rostro, pero la ansiedad la mantenía alerta, como si algo importante estuviera a punto de descubrirse.

Apenas tocó el timbre, la puerta se abrió, y sin esperar invitación, Nora cruzó el umbral sin dudar. El interior de la casa era idéntico al suyo, y a todos los demás, sin excepción. Fendrik la observó, sorprendido por la firmeza que reflejaba su rostro.




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