En los cielos

Capítulo 3: La Unidad

Días 17-25 del 1er nexo del año 534 DLS

Día 17.

Cada palabra que Fendrik pronunciaba parecía impregnada de incertidumbre, como si, en lugar de disipar las dudas de Nora, las multiplicara. Sin embargo, lo que le había contado fue suficiente para que ella construyera un esquema mental con nuevas terminologías, entre ellas:

La Unidad. Una organización secreta que operaba en las sombras de CoNexus y, por lo tanto, de El Har. Nora aún no comprendía por qué existía un grupo revolucionario como ese. Ni siquiera conocía el significado del término hasta que Fendrik se lo explicó. Había aprendido en aquellos días que, aunque no resolviera todas sus preguntas de inmediato, tarde o temprano lo haría, aunque la curiosidad la consumiera por dentro.

—Me cuesta creerte, la verdad —confesó Nora, analizando y cuestionando cada palabra que escuchaba sobre lo que era La Unidad.

Aunque en el fondo de su corazón aún deseaba ir al palacio, finalmente seleccionada tras años de espera, esa oportunidad se había convertido en una mentira, una trampa para eliminarla. Lo que había sido su sueño más grande ahora se desmoronaba ante la cruel realidad, y su mente no sabía cómo procesarlo.

Todo lo que había sucedido recientemente, especialmente lo ocurrido el día anterior, la hacía dudar. Cada paso que daba hacia ese futuro tan anhelado se veía nublado por las sombras de la violencia y la verdad que acababa de descubrir.

Sin embargo, para ese momento, los recuerdos se le mezclaban en la mente, borrosos y fragmentados. Lo único que permanecía nítido, imposible de olvidar, era la imagen de los dos Guardias del Distrito caídos en el suelo, eliminados. Esa imagen, tan brutal y definitiva, se le había quedado grabada en la mente, como una marca que nunca desaparecería.

—Tranquila. Es natural. Pero a mi edad, créeme, he visto y vivido de todo.

—No es por ofender, pero, aunque los cien años de ahora sean muy distintos a los de antes... aún hay muchas cosas en las que puedes fallar…

Fendrik se recostó en la silla, cruzando los brazos con exageración, fingiendo estar ofendido.

Estaban sentados junto al mostrador, el mismo lugar donde, el día anterior, Nora se había acurrucado aterrada. Era el único sitio donde nadie sospecharía que algo extraño estaba ocurriendo. El recuerdo era fragmentado de aquello era casi difuso, pero todavía le provocaba escalofríos, sin que lograra entender del todo por qué.

Sospechar. Una palabra peculiar y ambigua en un mundo donde todos lo sabían todo de todos, y nadie dudaba de nadie, porque la aparente perfección había convertido la monotonía en un estilo de vida.

—Como te estaba diciendo, te vas a unir a La Unidad.

La decisión había sido más de Fendrik que de Nora.

—¿No me encontrarán?

—Te lo prometo —hizo una pausa—. Allí te lo explicarán todo.

—No sé, Fendrik. Siento como si estuviera haciendo algo mal. Como si traicionara a El Har.

—No estás traicionando a nadie. Y menos a El Har. Solo estás escribiendo tu propia vida.

Nora se quedó pensando en aquella frase.

Si era verdad que El Har estaba detrás de lo que sucedía, entonces había estado adorando la encarnación misma de la demencia, si esta hubiera tomado forma física. La sola idea le helaba la sangre, transformando el respeto y la admiración que una vez sintió en una mezcla tóxica de horror y traición.

—Vamos. Te enseñaré dónde se encuentran —dijo él, levantándose con decisión.

La chica lo siguió, mirando los alrededores de la tienda con una sensación extraña que no podía ignorar.

—Siento como si hubiera sucedido algo traumático para mí aquí —murmuró, deteniéndose en seco. Llevó una mano a la nuca y comenzó a rascarse, como si el gesto pudiera despejar la niebla en su mente. Pero por más que lo intentaba, no lograba recordar con claridad. Solo quedaba esa sensación pesada, una tristeza que parecía emanar de lo más profundo de su ser, atrapándola en una melancolía inexplicable.

Fendrik colocó una mano en su hombro, un gesto tranquilizador.

—No te preocupes por eso. Pronto lo recordarás todo.

—¿Cómo estás tan seguro? ¿Otra vez me estás hablando con enigmas? —suspiró, cansada de que todo lo que le decía estuviera envuelto en medias tintas.

A pesar de ello, lo siguió.

—Esta puerta solo responde al contacto de los HoloCom de La Unidad —explicó, mientras deslizaba su brazalete por el lector.

Con un suave zumbido, la puerta junto al mostrador se desbloqueó.

Nora lo observó con curiosidad mientras atravesaban la puerta, esa que siempre había visto cerrada y prohibida a sus ojos.

Simplemente sabía que era el almacén, pero en ese momento, todo era tan irreal que casi pensaba que podría ser cualquier otra cosa. El lugar estaba lleno de enormes estanterías robotizadas y automatizadas, encargadas de gestionar todos los pedidos que entraban. Fendrik solo tenía que recoger la mercancía indicada en intervalos regulares.

La chica, fascinada por el trabajo de los robots, el zumbido de sus motores y el suave roce de sus movimientos, casi no se percató de que la última estantería a la izquierda escondía algo más. No, no eran puertas. Era...




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