En los cielos

Capítulo 5: Lo que antes no se percibía

Día 26 del 2º nexo del año 534 DLS

1 mes después.

El ser humano progresaba lentamente en todo lo que emprendía: aprender a tocar un instrumento, avanzar laboralmente o mejorar en el entrenamiento físico y psicológico. Pero ese progreso solo llegaba con dedicación y tiempo. Nora lo había intentado, lo había dado todo durante aquel mes, pero aun así, solo había conseguido resistir cinco segundos frente al Teniente.

Los entrenamientos con la General Emilie o el Comandante Leo también eran intensos, pero ambos limitaban sus técnicas más avanzadas, permitiéndole aprender y mejorar poco a poco. El Teniente, sin embargo, parecía incapaz de comprender ese enfoque. Según Sera, él veía los entrenamientos como una forma de medir cuánto habían progresado, y por eso nunca moderaba su fuerza.

A pesar de las insistencias de la General, quien en más de una ocasión le había pedido que suavizara su trato con los novatos, el Teniente ignoraba aquellas órdenes. Para él, no existía otra forma de entrenar que no fuera bajo la máxima presión, sin importar las consecuencias.

Nora ya se había acostumbrado a las agujetas que recorrían todo su cuerpo y a los moratones que decoraban su piel. En La Unidad, el lema era claro: Donde hay dolor, hay progreso. A pesar del esfuerzo constante, había algo que no podía negar: su aspecto físico había mejorado notablemente. Su masa muscular había aumentado, su rostro lucía más saludable y la alimentación equilibrada del lugar compensaba las interminables horas de entrenamiento, nutriéndola lo suficiente para seguir adelante.

Sera se había convertido en una gran compañía para Nora, y poco a poco, la chica comenzaba a sentirse más integrada en La Unidad. Había hablado con otros, pero aún no lo suficiente como para que Kaia dejara de mirarla como si acabara de presenciar algo repulsivo. Aksel, en cambio, parecía que su orgullo le jugaba malas pasadas, pero nunca le faltaba una sonrisa en el rostro. Elya, el mejor luchador, llevaba tres meses más que ella en La Unidad, pero su habilidad en combate era evidente y Nora ya había formado una buena relación con él. Por último, Khalima, con sus frases filosóficas, dejaba muchas dudas sobre quién era realmente y por qué hablaba de esa forma tan peculiar. "Nadie sabe de dónde viene", había comentado Sera en una ocasión. Sus palabras no fueron tomadas en serio; después de todo, no podía haber vida más allá de CoNexus. Sin embargo, desde la primera vez que Khalima la ignoró por completo, Nora no pudo evitar sentir que había algo diferente en él.

—Muy bien —le felicitó Emilie, después de propinarle un puñetazo cargado. Uno de los pocos que lograba hacer, cabía decir.

—Es la primera vez que me felicitas —respondió la chica, secándose el sudor de la frente.

—Solo lo hago cuando es merecido, y esta vez lo era —respondió la General con un orgullo oculto.

—No te acostumbres demasiado —intervino Elya, acercándose, ya que ahora era su turno de entrenar con la General.

—Tranquilo, no lo haré —contestó Nora con una sonrisa, apartándose para darle espacio.

Al principio, el entrenamiento le traía a la mente aquel fatídico día que cambió su vida para siempre, sin embargo, ahora a Nora le fascinaba observar a los demás mientras entrenaban: sus movimientos, las miradas que intercambiaban, el ritmo de su respiración… Cada uno tenía un estilo único, distinto, pero igual de efectivo a su manera.

En el caso de Elya, sus movimientos eran precisos, carentes de toda duda. No parecían fruto de un cálculo previo, sino de un instinto innato que lo guiaba según las circunstancias. Como si hubiera nacido con esas cualidades.

Por otro lado, Sera adoptaba un enfoque metódico: analizaba cada detalle antes de atacar, y sus golpes casi siempre acertaban. Aunque llevaba años en La Unidad, no daba la impresión de querer asumir el rol de veterana todavía. Más bien, parecía empeñada en perfeccionarse hasta sentirse verdaderamente preparada.

Los hermanos, Kaia y Aksel, casi siempre entrenaban juntos. Kaia no perdía tiempo en considerar las consecuencias; golpeaba con fuerza bruta e imprevisibilidad, desconcertando a sus enemigos. Su hermano, en cambio, cubría sus puntos vulnerables con precisión, creando una sinergia que los hacía prácticamente invencibles. Aunque llevaban apenas un año en La Unidad, ya conocían bien sus estilos de combate.

En cuanto a Khalima, su presencia imponía respeto. Sus ataques no solo eran eficaces, sino que transmitían una especie de sabiduría serena, como si cada movimiento formara parte de un ritual de paz y esperanza. Con doce años en La Unidad, su experiencia era indiscutible, aunque no parecía interesado en asumir las misiones propias de un veterano.

Cuando terminaron el entrenamiento y descansaban mientras se hidrataban, la General se acercó a ella, inclinándose lo suficiente para que pudiera oírla.

—Necesito hablar contigo —susurró con un tono apenas audible.

Nora la siguió hasta su despacho, dejando atrás a los demás, que se quedaban con el Comandante Leo y el Teniente. En el mes que llevaba allí, nunca había tenido motivo para entrar y dudaba que lo haría con frecuencia. Ni se diga del despacho del Comandante o el del Teniente, que le parecían aún más inaccesibles a pesar de haber visitado este último por primera vez el día de su llegada.

El espacio estaba impecablemente ordenado, con suficientes elementos para trabajar en lo que fuera que Emilie estuviera haciendo, pero sin caer en el desorden. Los muebles, de un tono oscuro, aportaban un aire elegante y funcional. Sobre el escritorio, al fondo de la sala, destacaba un mapa holográfico de CoNexus, que capturaba inmediatamente la atención. Frente a él, dos sillones, del mismo tono que el resto del mobiliario, aguardaban en silencio. Nora observó detenidamente y se dio cuenta de que los muebles no estaban anclados al suelo ni fijos a él. Cada pieza era completamente independiente, como si todo el mobiliario estuviera diseñado para moverse o reorganizarse según se deseara, algo que jamás había visto en las casas del Distrito, ni en las tiendas de la zona de ocio o las Escuelas. Además, todo estaba envuelto en un tono oscuro, un marcado contraste con el blanco inmaculado al que había estado tan acostumbrada, pero que ahora ya no le resultaba tan extraño.




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