En los cielos

Capítulo 6: Festival Buitanna

Días 1-8 del 3er nexo del 534 DLS.

Los extremos de frío o calor quedaron atrás, o al menos así lo creían los habitantes de CoNexus. Ahora, aunque el clima variara solo un poco, los cambios eran lo suficientemente perceptibles para que la gente identificara qué festival se avecinaba según el nexo o éter en el que se encontraban.

El festival Buitanna marcaba el inicio de las celebraciones tras el Tándem. Este evento primaveral se llena de vida con abundantes comidas, exhibiciones de plantas y el espectáculo natural de una lluvia de estrellas que ilumina el cielo. También era común que se formara Alianzas entre las parejas para consolidar su relación.

—¿Y si vamos? —susurró Sera con un brillo en los ojos.

—Como si el Teniente nos fuera a dejar —Kaia puso los ojos en blanco, claramente incrédula.

—No tiene por qué enterarse de todo… —respondió Sera, levantando ambas cejas con picardía.

—Tú quieres que nos mate entrenando después —se rió Aksel, negando con la cabeza.

—Ay, no digas esa palabra —hizo una mueca de desagrado.

—Es solo una expresión —replicó, sacando la lengua en un gesto burlón.

—Una expresión anticuada y fea.

—La esencia de la eliminación trasciende las palabras; su significado permanece inmutable, aunque los nombres que le demos varíen —interrumpió Khalima, su mirada perdida entre el grupo y el vacío.

—Tiene sentido —admitió Nora con una sonrisa ligera.

—¿De qué habláis que cuchicheáis tanto? —la voz de Elya irrumpió mientras llegaba con su bandeja de comida.

Sera, rápida como un rayo, lo agarró del brazo y lo arrastró hacia el suelo, donde estaban sentados.

—¡Shh!

—Queremos colarnos en el Buitanna —soltó Nora sin rodeos.

Elya frunció el ceño, pensativo, durante unos segundos.

—Suena emocionante —dijo al fin, esbozando una sonrisa—. ¿Cuándo?

—¿¡Estás loco!? ¿Tú también quieres que nos echen a patadas? —Kaia lo miró como si hubiera perdido la cabeza.

—No fui desde que llegué a La Unidad —se defendió.

—Es verdad, te uniste justo cuando era el festival del año pasado—dijo Aksel, llevándose una mano a la barbilla mientras pensaba en voz alta.

—Seguramente ninguno de nosotros fue —se encogió de hombros Kaia.

—¡Hablad más bajo! —gruñó Sera, apretando los dientes mientras miraba a su alrededor.

—No exageres. El Teniente y el Comandante Leo están en sus oficinas comiendo, y la General… creo que ha ido al baño —replicó Aksel.

—Yo que tú no me confiaría —replicó Nora, bajando la voz mientras miraba cada uno de los presentes—. El otro día me escuchó quejarme de que no me apetecía entrenar… ¡desde el otro lado de la sala! —Hizo una pausa para asegurarse de que no había vuelto aun—. Lo tiene todo controlado.

—Doy fe de ello —confirmó Elya con una ligera sonrisa.

Para Nora, aquel instante en el que todos estaban reunidos, hablando sobre colarse en el Buitanna, se sentía como un respiro en medio de la rutina. Siempre estaban entrenando, inmersos en la exigencia constante. Los únicos momentos para bajar la guardia eran durante las comidas, en la tranquilidad de la noche, o en esos breves y furtivos descansos que se colaban entre una sesión de entrenamiento y otra.

—Entonces, ¿qué? ¿vamos? —preguntó Sera, colocando la mano en el centro como una invitación a que los demás la imitaran, sellando el voto.

—Para eso hemos entrenado, ¿no? Para camuflarnos entre toda esa ropa blanca —Aksel fue el primero en extender la mano, su determinación evidente.

—Estoy contigo —añadió Elya, sin dudarlo, mientras su mano se unía a la de Aksel.

Nora y Khalima hicieron lo mismo. Finalmente, Kaia, aunque todavía con cierta reticencia, suspiró y puso su mano encima de las demás, como si con ese gesto cediera al peso de la decisión colectiva.

La festividad se extendía a lo largo de una semana, pero decidieron ir el último día, cuando el cierre del Buitanna prometía ser una celebración a lo grande. La idea, por supuesto, era infiltrarse durante la noche, aprovechando que, en estos festivales, el toque de queda se extendía hasta la medianoche.

Cada uno tenía listo su atuendo blanco impecable, el mismo que habían usado tanto en su prueba como en aquellas ocasiones en que la necesidad los obligaba a salir a la superficie.

La noche de la escapada, Nora se debatía entre la emoción y el nerviosismo, ambos enredados en su pecho. La única vez que había subido a la superficie había sido durante la prueba, hacía casi una semana. Aquel recuerdo seguía fresco en su mente, como una herida reciente, pero lejos de intimidarla, solo alimentaba su deseo de volverse más fuerte, de superarse a sí misma.

Desde entonces, había dedicado cada instante a mejorar, a pulir sus habilidades. Lo notaba, o al menos quería creer que era así. Pero, si tuviera que enfrentarse de nuevo a aquella prueba, estaba segura de que reaccionaría de la misma manera.

Siempre se retiraban temprano a sus habitaciones, preparándose para despertar aún más temprano para el entrenamiento. Pero esa noche, todos sabían que el sueño no sería una opción.




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