En los cielos

Capítulo 9.5: Vigilancia silenciosa

A Elya nunca le había gustado vigilar a los demás, ni siquiera si se lo ordenaba la mismísima General. Prefería concentrarse en su propio entrenamiento en lugar de perder el tiempo observando los movimientos de otros en la oscuridad.

—¿Me estás pidiendo que salga de mi dormitorio por la noche, aun sabiendo que está prohibido? —preguntó Elya, entrecerrando los ojos.

—Como si no lo estuvieras haciendo ya —replicó Emilie, mirándole directamente, desafiante—. ¿Entiendes lo que tienes que hacer?

—Vigilar a Nora para que no haga nada imprudente en la búsqueda de su padre —resumió con desgana—. Lo he pillado.

—Bien —asintió la General, dejándose caer lentamente en su silla—. Y recuerda: sé discreto.

Con esas últimas palabras resonando en su mente, Elya salió del despacho con un sabor agridulce. Algo en todo aquello le incomodaba. Pero entonces le dio una pequeña vuelta a la palabra “discreción”, ¿por qué no simplemente acercarse a ella?

Siempre pasaba el rato con Sera, así que quizás podría sacarle información sin levantar sospechas. Sin pensarlo demasiado, esa misma noche se plantó frente a la puerta de Sera y llamó, sin un plan previo, confiando en su ingenio e intentando sonar natural.

No logró sonsacar mucha información, aparte de algunos detalles sobre el pasado del Teniente. Eso solo le dejó más dudas. ¿Había Nora dejado el tema pasar? ¿O quizá le había confiado a Sera algún plan que él desconocía? Tal vez, simplemente, no tenía la suficiente confianza en él como para compartir sus verdaderos temores.

Al día siguiente, al menos pudo confirmar que Nora había salido de su cuarto durante la noche. Si solo había ido a entrenar, podría dormir tranquilo. Pero si no… tendría que seguirla.

Lamentablemente, fue lo segundo. Se dio cuenta cuando la vio subir sin hacer ruido por la cuerda del ascensor, con la agilidad de quien ya lo había hecho antes.

Elya decidió esperar en la penumbra, atento por si regresaba. Tal vez solo había ido a ver a Fendrik, en cuyo caso no habría razón para alarmarse. Por suerte, así fue.

Sin embargo, no había contado con que lo descubriría tan fácilmente. Podría haberse camuflado mejor.

Cuando sus ojos se encontraron en la oscuridad y vio su rostro apenas iluminado, entendió porque no se lo estaba tomando tan enserio.

Elya podría haber pasado desapercibido sin la menos dificultad, pero tal vez quería ser visto por ella. Tal vez solo buscaba una excusa para hablar con ella... o para luchar como al final acabo siendo.

Entonces tomó una decisión, aun sabiendo que significaba desobedecer las órdenes de la General Emilie: en lugar de seguir observándola en las sombras, se aseguraría de que notara su presencia una y otra vez, hasta que entendiera que la seguía con un propósito. Con suerte, acabaría desistiendo de escabullirse en busca de su padre, simplemente por la pereza de ser descubierta una vez más por él.

En el entrenamiento del día siguiente, Elya esperó pacientemente a que Nora le reclamara su daga, pero nunca lo hizo. Al final, tuvo que entregársela él mismo.

Nora lo tomó sin decir una palabra. No parecía molesta por haber intuido que la seguía, pero tampoco mostraba empatía alguna. Simplemente lo aceptó y siguió con lo suyo.

Elya tuvo otra charla con la General para informarle lo poco que había descubierto.

—Ha estado saliendo por las noches de su dormitorio —explicó con calma.

—Dime algo que no sepa —respondió Emilie con sequedad.

—Habló con Fendrik. Al parecer, sigue buscando dónde está su padre… y cómo se llama.

Emilie se reclinó en su silla, pensativa.

—¿Cómo pretende encontrar a alguien sin saber siquiera su nombre?

De repente, abrió los ojos como platos.

—Esta noche síguela de cerca. No la pierdas de vista.

Y, tal como lo había anticipado la General, Nora volvió a escabullirse esa misma noche. Pero esta vez, se dirigió al Distrito.

Era como si Emilie pudiera prever cada movimiento antes de que sucediera.

Esta vez, Elya la siguió de cerca hasta que Nora se detuvo frente a una de las casas. ¿Su antiguo hogar? Eso parecía. Pero, por alguna razón, no entró. Algo la hizo dudar, y en lugar de quedarse, regresó apresurada hacia la zona comercial.

Todo iba bien… hasta que se cruzó con unos Guardias del Distrito.

Elya estuvo a punto de intervenir, pero una mano firme lo detuvo de golpe. Se giró, sorprendido, solo para encontrarse con la General Emilie a su lado. ¿Cuándo había llegado? ¿Cómo podía estar tan cerca sin que él lo notara?

—Tenemos que ayudarla —susurró, tenso. Pero Emilie no respondió de inmediato. Solo observaba.

—Ella misma se lo ha buscado —respondió con frialdad, sin apartar la vista de Nora.

—¿Vas a dejar que la eliminen? —insistió Elya, sintiendo cómo la tensión se apretaba en su pecho.

Emilie le dirigió una mirada severa.

—Vamos a ver cómo se desarrolla la situación. Actuaremos solo en última instancia.




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