En los cielos

Capítulo 12: ¿Qué era este lugar?

Día 15 del 6º Nexo

Todos en La Unidad conocían la existencia de los túneles subterráneos gracias a Emilie. Ella les había contado todo lo que sabía sobre los Nard, incluyendo aquellos pasadizos laberínticos que utilizaban para moverse sin ser detectados, deshacerse de pruebas y, sobre todo, eliminar cuerpos sin dejar rastro.

—¡Todo el mundo atrás! —ordenó el Teniente con firmeza.

Sin embargo, Emilie y Leo sabían que esa advertencia no iba dirigida a ellos. Intercambiaron una breve mirada y, sin dudarlo, avanzaron los tres hasta el borde del agujero.

El aire que emergía de los túneles era denso, cargado de humedad y un olor metálico y rancio que les revolvió el estómago. Sobre todo a Emilie, cuya expresión se tensó de inmediato. Aunque intentara enterrarlo en lo más profundo de su mente, reconocería ese olor en cualquier lugar. Era un eco de su pasado, un recuerdo que prefería no desenterrar.

Leo entrecerró los ojos, intentando distinguir algo en la penumbra.

—Parece que está abandonado —murmuró tras unos segundos de observación.

—Esta zona, puede ser —coincidió Emilie—. Pero no harían un pasillo hasta aquí solo para luego taparlo sin razón. Si dejaron de usarlo, significa que en algún momento hubo un propósito… y prefirieron fingir que nunca existió cuando dejó de serles útil.

Leo frunció el ceño.

—¿Entonces usaban nuestra base secreta para encubrir sus eliminaciones? —dijo seriamente el Teniente.

Emilie negó lentamente.

—No lo creo. Yo diría que era un sitio de descanso… o incluso un área de contención.

Se miraron al unísono, con la misma idea cruzando por sus mentes al mismo tiempo.

—Para mantener a raya a los dementes —susurró bajo para que los demás no lo escucharan.

El Teniente se quedó en silencio, analizando cada una de las posibilidades con el ceño fruncido.

Era una opción, sin duda, pero nunca lo sabrían si no investigaban.

Finalmente, tomó una decisión.

—Emilie, Leo, investigad a dónde lleva ese túnel —ordenó—. Elya, ve con ellos.

El aludido parpadeó, sorprendido por la repentina inclusión en la misión, pero no dudó en adelantarse y colocarse junto a Emilie y Leo.

Sin más demora, los tres cruzaron el umbral y se adentraron en la oscuridad del pasillo. Solo la tenue luz del HoloCom proyectaba destellos vacilantes sobre las paredes mohosas, mientras el aire denso y el eco de sus propios pasos parecían susurrar advertencias en la penumbra.

Los demás esperaron con impaciencia durante tres largas horas, el ambiente cargado de tensión. Cuando por fin escucharon pasos acercándose, todos se pusieron de pie de inmediato. Emilie, Leo y Elya regresaban ilesos, pero sus rostros hablaban por sí solos.

—¿Y bien? —preguntó el Teniente, cruzándose de brazos.

Emilie suspiró, pasando una mano por su cabello antes de responder.

—Como era de esperar, es un laberinto —explicó—. Pero hay algo más. En cierto punto, los túneles dejan de parecer antiguos y deteriorados… y lucen casi nuevos.

Hubo un murmullo entre los presentes.

—¿Qué significa eso? —preguntó Sera, frunciendo el ceño.

—Que alguien sigue usando esos túneles —intervino Elya—. Y no solo eso… Si están tan bien conservados, significa que los Oscuros pasan por ahí con frecuencia.

—Lo más extraño, sin embargo, es su color: son blancos, no negros como los túneles que solía moverme en mi época de Nard —añadió Emilie, pensativa.

El silencio se apoderó del grupo por un momento. Todos se miraron entre sí, conscientes de lo que aquello implicaba.

—¿Encontraron algo más? —inquirió el Teniente, su expresión endureciéndose.

—No nos alejamos mucho, así que no sabemos qué más podría haber —añadió la General, con los brazos cruzados.

El Teniente inspiró hondo y se colocó en el centro del grupo, su mirada impartía seriedad y decisión.

—Una cosa está clara —dijo, recorriendo con la mirada a cada uno de los presentes—: no podemos ignorar los túneles subterráneos. El motivo por el que fueron sellados es irrelevante para nosotros. Lo que realmente importa es que, por primera vez, tenemos al alcance las soluciones a todos nuestros problemas: podemos movernos por el territorio de los Nard sin ser detectados. Investigarlos. Espiarlos. Obtener las pruebas que nos faltan para que, de una vez por todas, la isla entera sepa lo que ocurre en realidad. Eso sí, debemos asegurarnos de que nadie descubra nuestra presencia aquí.

Hubo un leve murmullo, pero nadie se atrevió a interrumpir.

—Por eso —continuó—, se acabó entrenar para futuras misiones. Las misiones comienzan hoy. Espero que sepáis que eso significa que vuestra vida corre peligro cada segundo. No hay tiempo para esperar a que vuestro entrenamiento esté lo suficientemente sólido para dar el primer paso.

Emilie intercambió una mirada con Leo, mientras Elya apretaba los puños con determinación.

Nora no sabia que hacer con las manos. Ni con su vida en aquel punto.




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