En los cielos

Capítulo 16: Evolución

Día 17 del 6º Nexo al día 1 del 1er Éter.

Las paredes y el techo brillaban con un tono blanco cegador, deslumbrante en su inmaculada perfección. Todo estaba tan nuevo, tan pulido, que parecía irreal, como si hubieran atravesado un portal hacia otro mundo. No había ni una sola mancha, ni el más mínimo rastro de antigüedad en el camino que habían recorrido, lo que solo aumentaba la tensión en el aire. La Unidad avanzaba con cautela, manteniendo sus pistolas y demás armas listas, colgadas en caderas, espaldas o manos, siempre al alcance de la vista, siempre alerta.

El Teniente era el primero en detenerse en cada esquina, inspeccionando meticulosamente cada pasillo que se ramificaba, buscando cualquier señal de peligro. Después, con un gesto casi imperceptible, daba la señal para que el grupo le siguiera, moviéndose al unísono, con la precisión y sincronización de un desfile de Gard perfectamente entrenados. Cada paso, cada movimiento era ejecutado sin titubeos, pero algo no cuadraba.

No se habían encontrado con ningún Oscuro en todo el recorrido, y eso, en lugar de tranquilizarlos, solo acrecentaba su preocupación. El silencio absoluto que los rodeaba se sentía espeso, opresivo. Algo estaba mal. Las horas pasaron y, aunque seguían el camino que Leo les había aconsejado, la sensación de estar siendo observados, de que algo se estaba gestando en las sombras, era innegable. Ningún contacto. Ninguna señal. Ningún enemigo a la vista.

Se adentraron más en los pasillos que aún no figuraban en el mapa holográfico, que se iba expandiendo poco a poco ante sus ojos. Cada paso que daban, el mapa se ajustaba y adaptaba a su movimiento, revelando nuevas áreas aún desconocidas.

Aksel, con la mirada dividida entre el HoloCom y el suelo, notó algo extraño en la proyección que se formaba bajo sus pasos. Era tan sutil que podría haberlo ignorado, pero su instinto le decía que algo no encajaba. Sin pensarlo, se desvió de la fila y se acercó a la pared de la derecha, lo que hizo que su hermana lo regañara al instante.

—¿Qué estás haciendo? No es momento de hacer tonterías… —susurró, tirándole del brazo en un intento de devolverlo a la fila.

Pero Aksel no le hizo caso. Se soltó de su hermana y, con una mirada intensa, señaló la proyección en su HoloCom.

—Espera… Mira el mapa —insistió, frunciendo el ceño—. ¿No hay algo raro en esta pared?

Kaia acercó su cara al dispositivo. Intentó enfocar bien la imagen, pero al principio no vio nada fuera de lo común. Y aunque estuvo unos segundos más observando, no tenía paciencia para aquello.

—No veo nada… —dijo, desechando la idea de inmediato—. Deja de…

—¡Por una vez, confía en mí! —Aksel la interrumpió, su tono de voz más firme y serio que de costumbre. Kaia, sorprendida por su insistencia, lo miró fijamente. Sabía que, aunque Aksel siempre se mostraba bromista y despreocupado, cuando realmente se preocupaba por algo, no era para tomarlo a la ligera.

Ella, aunque todavía dudosa, decidió callar y esperar a ver qué tenía que decir. Algo le decía que esta vez, su hermano tenía razón.

Para entonces, los demás se habían percatado de que la formación se había roto, y el Teniente, con su habitual expresión severa, se acercó rápidamente a Aksel, claramente a punto de estallar si no encontraba una razón sólida para la interrupción.

—¿Qué demonios estás haciendo, Aksel? —su voz era baja, pero cargada de amenaza. No estaba dispuesto a tolerar una desobediencia y menos en ese momento.

Aksel señaló el HoloCom, donde el mapa se proyectaba desde su HoloCom, pero con un tono más claro que el habitual. Se obligó a respirar hondo y explicó con calma.

—En este punto de la pared, el azul que marca el mapa es más claro que en el resto. El HoloCom debería ser capaz de diferenciar entre una pared sólida y un camino libre —hizo una breve pausa, asegurándose de que todos lo estuvieran escuchando—. O debería detectar si algo ha sido cubierto o alterado.

El Teniente frunció el ceño y, con gesto inquisitivo, se acercó a la pantalla del dispositivo de Aksel. Acercó la pulsera al rostro para inspeccionar mejor la proyección.

—¿Estás sugiriendo que aquí antes había un camino, pero lo han tapado? —preguntó, con un tono que oscilaba entre la duda y la incredulidad.

Aksel asintió, sin apartar la vista del mapa.

Nora se quedó paralizada ante la descabellada idea. Era absurda, impensable… y sin embargo, algo en su interior se resistía a descartarla por completo. Permaneció en silencio, inmóvil, con los sentidos alerta y la respiración contenida, esperando —temiendo— que esa intuición del chico se confirmara.

El Teniente dejó escapar un suspiro, claramente desconcertado, pero también algo intrigado. Miró al resto del grupo, que esperaba en silencio, sin saber si seguir adelante o cambiar de rumbo. Finalmente, tras un momento de tensión, el Teniente asintió, con decisión.

—No creo que sea buena idea hacer tanto ruido derrumbando una falsa pared —comentó la General, que también se había acercado al grupo. Su tono era grave, pero su mirada reflejaba la misma preocupación que los demás—. Pero es mejor averiguar qué está oculto detrás de este secretismo.

El Comandante, que había permanecido en silencio observando, se acercó con paso firme a la pared. Sus ojos escaneaban la estructura con minuciosidad, buscando alguna señal que confirmara lo que Aksel había sugerido. Después de unos segundos, golpeó suavemente la superficie con el puño, primero en un lado, luego en otro, marcando con precisión los puntos de impacto. Los demás lo observaban en silencio, esperando que algo revelara la verdad.




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