En los ojos de la luna

capítulo 17

Clara me sacó de mis pensamientos chasqueando los dedos frente a mi rostro.

—Tierra llamando a Cast. —Se acercó poniendo su mano para susurrarme al oído, sin que su madre nos escuchara—. No vivas en la luna.

Al separarse, la miré un segundo, entrecerrando los ojos.

—¿Quieres ir al río conmigo hoy? —Mi pregunta pareció golpearla de imprevisto.

—¿Có... cómo dices?

—Sí, querías ir al bosque, ¿no? Vamos a nadar. —Miré por la ventana el cielo claro y el sol radiante—. El clima es perfecto.

Lidia nos miró por el retrovisor.

—Suena buena idea, linda. Tienen semanas que no salen a pasear. Les hará bien un poco de aire fresco y distraerse antes de los exámenes.

Me quedé esperando su respuesta, recargando mi hombro en la puerta para apoyar el rostro en mi mano, levanté una ceja.

—¿Y bien?

—Bueno... mejor mañana. —Titubeó.

—¿Mañana? —Fruncí el ceño—. Pero tú dijiste que...

—¡Lo sé! —rió nerviosa, jugando con la punta de su trenza—. Sé lo que dije, pero pensándolo mejor, mañana tendremos todo el día libre. Podré preparar bocadillos para llevar y comer allá.

—Qué rara eres. Estuviste demasiado insistente hace unos minutos. —Le dirigí una mirada juguetona al notar su nerviosismo—. Pero si eso quieres, por mí está bien. Iremos mañana. —Crucé mis brazos por detrás de mi cabeza recostándome en el asiento y cerrando los ojos.

Por la noche, antes de dirigirme a mi cuarto para fingir dormir —como era costumbre—, pasé por la habitación de mi madre para desearle dulces sueños.
Al cruzar frente a la puerta de Clara, noté que estaba entreabierta. Me asomé sin hacer ruido.

La vi de pie frente al espejo, eligiendo entre los distintos trajes de baño que mi madre le había obsequiado. Tarareaba una cancioncilla mientras tomaba uno tras otro, se los sobreponía y comenzaba a observarse desde distintos ángulos, sonriendo para sí misma.

Sentí una ternura inesperada; mis labios se curvaron levemente antes de apartarme con sigilo, dejándola disfrutar de su momento a solas.

A la mañana siguiente, todos estábamos reunidos en el comedor, disfrutando de los hotcakes que Clara y su madre habían preparado.

—¿Entonces hoy irán al río a nadar? —preguntó mi madre mientras agregaba fresas frescas a su plato.

Asentí. —Sí, quería pasar un rato con Clara, distraernos un poco antes de comenzar los exámenes finales la próxima semana.

—Muy bien, pero antes de que se tomen el día iremos a la ciudad. Tengo una sorpresa para ti, Cast.

La miré, dudoso. Clara, con el plato lleno de hotcakes entre las manos, se acercó con una sonrisa tan entusiasta que iluminó todo su rostro. Dejó el plato frente a su asiento y se dirigió a mi madre: —¿Ya está listo, tía Elisa?

Ella asintió. —Sí, pero no digas nada, quiero sorprenderlo.

Ambas rieron con complicidad. Yo, sin entender de qué se trataba, seguí con mi desayuno.




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