En los ojos de la luna

Capítulo 21

Una de las puertas se derrumbó, cayendo con un sonido seco y brutal. De ella comenzó a emerger, con dificultad, una masa amorfa que se retorcía. Retrocedió. Escuché un gruñido proveniente del interior del local tan fuerte que me hizo tapar los oídos. Con furia destrozó lo que quedaba de la segunda puerta y el marco, vi sus garras filosas traspasar el metal como si fuera papel. Derribó por completo la estructura para abrirse paso.

A la media luz de la farola que iluminaba la calle lo vi con claridad... lo reconocí.

Los rostros afligidos se habían multiplicado desde la última vez, pero uno seguía allí, inconfundible: la mujer colgada, aún atrapada en su muslo izquierdo, su rostro desfigurado por el dolor.
Era el Rojo.

El mismo con el que había tenido mi desafortunado encuentro muchos años atrás, aquel que había desgarrado la carne de Cloe. Algo había cambiado en él. Su aura era más oscura; emanaba tal maldad que casi podía palparse. Era como si la sangre de sus víctimas no solo lo envolviera, sino que brotara directamente de su ser.

El goblin hundió su grotesco rostro en mi cuello, temblando, aferrándose a mí con desesperación.

El Rojo olfateó el suelo en busca del pequeño —que ahora se encontraba sobre mí—. Giró la cabeza con lentitud, siguiendo el aroma, hasta encontrarse directamente con nosotros. Me quedé perplejo al verlo...

—Ese maldito hijo de... ¡Cast, vete ahora! — Cloe levantó la voz. Un alarido gutural salió de su garganta mientras se lanzaba directo hacia él. El monstruo imitó su movimiento alzando su garra con bufidos bestiales.

Su ojo derecho se había vuelto completamente negro, devorado por la oscuridad... idéntico a los de Cloe.

Ella dirigió sus sombras, ahora convertidas en tentáculos afilados, con un único objetivo: el Rojo. A pesar de su tamaño, era ágil; se movía con una velocidad impresionante, esquivando cada ataque y haciendo que las sombras se clavaran en el suelo vacío.
Eso enfureció aún más a Cloe, que invocaba más y más sombras lanzándolas en dirección a la bestia.
Al notar que no lograba su objetivo, las fusionó todas en una sola: una sombra gigantesca que emergió del suelo como un aguijón.

Cloe ya no estaba razonando. Lo notaba en su respiración entrecortada, en su mirada llena de furia y desesperación. Chirrió los dientes y envió el ataque.

El Rojo corrió hacia uno de los edificios, aferrando sus garras al muro para impulsarse y esquivar una vez más. Aprovechó el impulso para acortar la distancia entre ellos.
Lanzó su garra con brutal fuerza...
Cloe se desvaneció justo antes de ser alcanzada, reapareciendo varios metros más adelante, envuelta en un destello de humo oscuro.

El ser bufó nuevamente: un sonido envolvente, macabro, parecido a una risa retadora dirigida a Cloe. Retomó el movimiento, esta vez no hacia ella, sino hacia mí. Lo vi correr con más prisa de la que esperaba.

—¡No, Cast! ¡Muévete! —gritó Cloe, horrorizada, volviéndose sombra otra vez mientras avanzaba a toda velocidad para protegerme.

El goblin chilló, apretando mi cuello con tal fuerza que apenas podía respirar. O quizá era el terror lo que me asfixiaba...
El recuerdo me golpeó como un relámpago: la pierna destrozada de Cloe, la sangre brotando, la desesperación que sentí de niño. Todo volvió. Quería moverme, pero mis piernas no respondían.

Me reproché internamente. A pesar de los años, de haberme hecho más fuerte, seguía siendo débil.
Seguía temiendo.

Sombras se alzaron del suelo, volviéndose sólidas, envolviendo al monstruo y frenando su avance. Parecían querer estrangular cada parte de su cuerpo, sin éxito. El aura carmesí que lo rodeaba crecía, deshaciendo una a una las cuerdas oscuras que lo aprisionaban. Pero Cloe no se detenía; creaba más a la misma velocidad con la que eran destruidas.

La vi. Solo su rostro se había materializado sobre el piso. Estaba agotada, apretaba los ojos, pequeñas gotas de sudor recorrían su mejilla. No solo intentaba retenerlo: también quería entrar en su mente, tomar el control interno de la bestia... sin lograrlo.

"Debes saber que mi especialidad no es el ataque directo. Mi don son las sombras... las físicas, las mentales."

Me lo había dicho una vez. Claro que era fuerte manipulando la oscuridad que nos rodeaba, pero su verdadero poder estaba en el control mental. La había visto usarlo solo en contadas ocasiones, contra aquellos a los que yo llamaba los oscuros, cuando resultaban ser especialmente rebeldes, tan corrompidos que su poder a veces nos sobrepasaba.

Cloe solo intervenía así cuando era estrictamente necesario, porque mi padre le tenía prohibido utilizar ese don a placer. Lo consideraba demasiado cruel.
Esta era una de esas excepciones... y, sin embargo, no podía ejercer ese control. Algo la limitaba.
Era solo cuestión de tiempo antes de que se debilitara. Si seguía así, no aguantaría mucho más.

Tenía que actuar. Ya.

Cloe, al notar mi duda, me dirigió una sonrisa algo forzada. —¿Vas a hacer algo o no?... niño... esta cosa es muy fuerte... —me dijo con notable esfuerzo—. —Mueve tu lindo culo y huye de aquí.

Huir no era una posibilidad; sin Cloe no podía volver, no iría a ninguna parte. Además, no permitiría que esa cosa la hiriera de nuevo. Este era el momento de averiguar si mis suposiciones eran verdaderas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.