Llegué al claro esa noche, esperando que Cloe estuviera ahí, pero en su lugar solo había silencio y oscuridad. Me senté en el tronco y hundí el rostro entre las manos, ahogando un grito de frustración. Las palabras de Clara seguían rondando mis pensamientos: "Dame la oportunidad de conquistarte", me había dicho.
No pude responderle en ese momento; se apresuró a salir del auto, dejándome mudo, viendo su figura desaparecer a la distancia. Después no encontré un momento a solas con ella. Se había empeñado en permanecer junto a Ester o Lidia, sin despegarse ni un segundo de ellas, esquivando mi mirada. Al anochecer se encerró en su cuarto más temprano de lo habitual. Llamé a su puerta, pero no obtuve respuesta.
Algo pequeño cayó a mi lado: era mi cartera. Al alzar la mirada, Cloe estaba frente a mí.
—¿Debería preguntar cómo te fue con la chiquilla? —suspiré cansado y dejé caer el rostro sobre su estómago.
Sus manos acariciaron mi cabello.
—No... creo que no —suspiró también, mirando al cielo—. Esa niña te quiere, Cast.
—Lo sé —murmuré.
—Haría cualquier cosa por ti.
—Lo sé —repetí, apretando los dientes.
—Y... tú comenzaste a coquetear con ella.
—¡Lo sé, Cloe, lo sé! ¡Carajo! —Apreté los ojos y la abracé, invadido por el desasosiego—. No sé qué hacer.
Ella me acarició con ligeros sonidos tranquilizantes.
—Bueno... si no sabes qué hacer es porque tú también sientes algo por ella, o de lo contrario habría sido fácil simplemente rechazarla, ¿no?
Alcé la mirada. Cloe me sonreía con esa mezcla de astucia y dulzura.
—¿Clara? ¿Gustarme?
—¡Ay, por favor, cariño! No te hagas el loco, te conozco. Si no hubieras sentido aunque fuera una pizca de atracción hacia ella, no me habrías escuchado aquella vez. Habrías seguido persiguiendo constantemente el fantasma de tu princesa. Si no te la hubieras encontrado hoy, seguramente Clara y tú estarían dándose besitos a la sombra de un árbol.
Hizo una mueca de asco antes de sonreír con burla. Esta vez, sus palabras no me hicieron gracia. Me aparté de ella, sopesando lo dicho antes de su comentario mordaz.
—Pero Lorelei ha vuelto. Lo que siento por ella...
—Es una débil ilusión del niño frustrado que nunca tuvo a nadie más que a su mami —dijo, inclinándose hacia mí y rodeando su propia cintura con las manos. Sus labios mostraban una sonrisa amplia, pero sus ojos estaban llenos de reproche.
Se enderezó para luego dejarse caer a mi lado, con la misma elegancia de siempre, cruzando las piernas con desdén.
—Escúchame, niño. Aunque tu princesita haya querido ganarme con esos manjares dulces, debo admitir que, entre todos los humanos, los únicos a los que he llegado a apreciar eres tú y esa mocosa. Clara... me recuerda a tu madre.
La miré, esperando ver burla en su rostro, pero solo encontré un atisbo de melancolía y anhelo.
—Yo... yo nunca quise ser mala con tu madre. Soy difícil de sobrellevar, lo sé. Y Alignak me hizo cargarla la primera vez que la vi... ¿te imaginas? Me sentí como un animal de carga. Pero —se encogió de hombros con una sonrisita—, a pesar de eso, era inocente. No me tuvo miedo, a pesar de todos mis intentos por aterrorizarla. —Bajó la cabeza mirando sus palmas—. Su forma de ser, tan gentil incluso cuando yo la molestaba tanto, me hizo replantearme mi odio hacia los humanos.
Me miró, torciendo los labios y frunciendo el ceño. Yo me quedé atento a sus palabras, intentando comprenderla.
—No me malinterpretes, niño, los sigo odiando.
Sonreí, divertido por lo orgullosa que era. Ella me devolvió la sonrisa antes de continuar, sosteniendo la barbilla entre las manos mientras miraba las estrellas que brillaban sobre nosotros.
—Solo que ya no pienso que todos sean malos... estúpidos, quizá, pero no malos. Por eso, cuando noté que estaba interesada en tu padre, quise separarla de él. Sabía que terminaría sufriendo. Pensé que al ver nuestro beso y aquel arrebato de pasión en el bosque bastaría; vaya que era terca. —Se recargó en mi hombro—. A pesar de todos mis esfuerzos, continuó hasta saciar su deseo. Me alegra ahora, claro; si no, tú no estarías aquí. Pero sabía que sería lastimada... hasta el punto de desconfiar de todos. Clara es igual. No le importa sufrir con tal de tener un poco de ti. Pero... —alzó la mirada hacia mi rostro— tú tienes algo que tu padre no: un lado humano que te permite amar. No te pido que lo hagas, ni que decidas en este momento a quién deseas en tu vida; después de todo, la felicidad de quien más me importa es la tuya.
Volvió la mirada hacia las estrellas y tomó mi mano con ternura.
—Solo. No deberías apresurarte a tomar una decisión.
—Lo sé. gracias, Cloe.
Se levantó, recuperando su altivez.
—Y si al final ninguna te convence... —me dedicó un guiño coqueto—. Bueno, un dios y su hijo no estarían nada mal para mí.
Rió juguetona. Me levanté con una sonrisa serena; sus palabras me reconfortaban.
—Mejor nos mantenemos como amigos. No me apetece tener a la mujer de mi padre.
#8150 en Novela romántica
#3281 en Fantasía
magia amor misterio demonios y dioses, magia amor fantasia, romance +16
Editado: 10.03.2026