—¡Ay, por favor, cariño! No seas tan dramático, sólo es un oscuro lujurioso, no harás daño a nadie. —Cloe me sujetaba del brazo, intentando evitar que avanzara hacia el árbol caído, mientras resistía la tentación de reírse a carcajadas—. No me digas que no lo disfrutaste.
—Suéltame, Cloe. Pude haber cometido una tontería con Clara si no me controlaba.
—No creo que a ella le hubiese importado. —Me soltó.
La miré seriamente.
—Sabías que algo así ocurriría, ¿cierto?
—Quizá sí, quizá no. ¿Quién lo sabe? —se encogió de hombros, mirándome desde abajo con una sonrisita pícara—. Solo quería que te dejaras llevar. —Rozó su labio superior con la lengua—. La oscuridad es deliciosa cuando se usa de forma correcta.
—No, Cloe. No quiero hacer algo de lo que pueda arrepentirme después por culpa de esos parásitos. Tengo que desprenderme de esto ahora.
Me detuvo del brazo. —Espera. —Volví a mirarla; su seriedad inusual me desconcertó—. Escucha: no era mentira lo que te dije. Si tu cuerpo logra asimilar al oscuro, tu fuerza crecerá de una forma que no imaginas. No te lo hubiera permitido si supiera que podría ponerte en peligro. Al menos deja que ese viva en ti. Si quieres, luego puedes limpiar a los demás de tu energía; no me opondré.
—Cloe...
—No, no, es en serio. —Soltó mi brazo lentamente y se apartó—. Te aseguro que no te meterás en problemas otra vez... bueno, a menos que a Clara se le ocurra lanzarse a tu cama. —Torció los labios de forma insinuadora—. La oscuridad solo reacciona al impulso que ese parásito tuviera: la lujuria, el odio, sed de sangre, ya sabes, ese tipo de cosas. No has tenido otro arrebato así o de otro estilo hoy, ¿o sí? Además, cuanto más tiempo pase en tu cuerpo, más fácil será para ti controlarlo. Por favor, Cast: hay más beneficios que contras.
—Te mataré si hago alguna estupidez por hacerte caso.
Se encogió de hombros—. Bien, cariño, yo me aseguraré de que no sea así. Lo prometo. —Hizo una cruz sobre su corazón.
Cloe siempre lograba convencerme de hacer lo que ella quería. Suspiré, me volví astral y la dejé guiarme hacia el objetivo de la noche.
—¿Y a todo esto, cómo podré limpiar mi alma de los demás oscuros y dejar que este habite en mí? —miraba mi mano; los pequeños patrones de energía gris giraban y se movían como raíces desde los dedos hasta el antebrazo.
—La energía asentada es más difícil de limpiar que la que apenas comienza a invadirte. Solo debes detener la purificación en el momento exacto.
Tomó mi mano con la suya, con uno de sus dedos marcó el camino que se formaba hasta desaparecer y volver al inicio.—Vaya que la oscuridad es hermosa cuando se mezcla con la luz... En fin. —Me soltó antes de señalar a un grupo de cuatro oscuros que se arremolinaban frente a un edificio. Eran espectros humanoides, sin rostro; daban vueltas en el mismo lugar con paso lento y cansino, atentos a cazar a su próximo objetivo.— ¿Por qué no pruebas tu nuevo poder con ellos? Seguro ya podrás vencerlos tú solo... aunque no creo que sea conveniente que absorbas más de dos esta noche. Después de esto podemos volver; solo será una práctica.
La miré dudoso y luego asentí. Conjuré mis patrones: una mezcla de filamentos luminosos y otros más opacos que llamaron de inmediato la atención de los cuatro espectros. Corrieron torpemente en mi dirección. Cloe tenía razón: podía sentir cómo mis hilos estaban cargados de más fuerza, más intensidad, se extendían en una red de energía pura.
Me bastó un solo movimiento de mano para lanzarla en forma de látigo resplandeciente y arrancarles la cabeza de un tajo a los cuatro al mismo tiempo; su esencia se disolvió como polvo en el viento.
Sentí un golpe en el pecho y caí de rodillas, sujetando mi rostro con una mano. Mi respiración era agitada, el mareo me envolvía.
—Niño... ¿estás bien? —Cloe corrió a mi lado.
—Sí, sí, solo... —mi cabeza punzó. Miles de imágenes, memorias que no eran mías y, sin embargo, se me hacían conocidas, pasaron por mi mente: cuerpos mutilados, sangre, cuchillos enlodados cubiertos de liquido oscuro, cabezas cercenadas, risas de hombres y mujeres seguidas de llantos y súplicas de auxilio. Eran los recuerdos de aquellos cuatro oscuros.
Mis oídos zumbaron, mi vista se nubló de pronto. Escuché la voz de Cloe, llena de preocupación, resonar como un eco antes de que mi consciencia se desvaneciera por completo.
#8588 en Novela romántica
#3585 en Fantasía
magia amor misterio demonios y dioses, magia amor fantasia, romance +16
Editado: 23.03.2026