Clara se arreglaba en su cuarto; yo me encontraba recargado en la puerta esperándola, escuchando sus pasos de un lado a otro, cajones abriéndose y cerrándose.
—Ya te dije que no sé de qué hablas, Cast. Llevas toda la semana preguntándome lo mismo y mi respuesta es la misma: estoy perfectamente bien —alzó la voz desde el interior.
—Clara, puedes hablar conmigo de lo que sea, en serio no debes...
La puerta se abrió de golpe y casi pierdo el equilibrio. Me giré apenas.
—Deja de ser tan insistente, enano. Estoy perfecta —aventó su trenza hacia atrás; el movimiento lanzó hacia mí el aroma a manzana de su cabello. Era la primera vez que me percataba de el, y me golpeó de forma hipnotizante, paralizándome al instante.
—¿Desde cuándo...?
—¿Desde cuándo qué? —alzó una ceja, cruzándose de brazos.
Por impulso di un paso hacia ella; Clara se inclinó hacia atrás; detuve su movimiento con una mano en su cintura. Sus ojos se abrieron, igual que sus labios. Tomé su trenza con cuidado, la acerqué a mi rostro. Ella no se movió. Sus mejillas se encendieron al momento. Cerré los ojos, absorbiendo su fragancia: dulce, cálida, salvaje... como un campo de manzanos maduros al final del verano.
La oscuridad palpitó dentro de mí. Apreté los ojos intentando desterrarla. Dejé caer su trenza sintiendo un golpe en el estómago. Me alejé dándole la espalda.
—¿Desde cuándo eres tan molesta? —cerré el puño y lo solté, controlándome. Le lancé una sonrisa juguetona por encima del hombro ocultándole lo que realmente pensaba y sentía—. Vámonos, que se hace tarde.
La indignación en su rostro se convirtió en confusión. Agarró su mochila del perchero y corrió detrás de mí. —¡Espérame, enano!
Ya en el auto, fuera del terreno de la mansión, Cloe se hizo presente en el asiento trasero. La vi por el retrovisor y tuve que tragarme la impresión. Sus ojos azules resplandecían; su vestido habitual había sido reemplazado por un pantalón negro de rayas delgadas, a juego con una blusa ceñida por un corset de piel. El escote dejaba ver la piel de su esternón. Era la sensualidad y elegancia en persona.
Y claro... ahora no había duda de que ella había sido la culpable del atuendo de Clara ese primer día de clases.
—No te vayas a desmayar, cariño —fue lo primero que salió de sus labios mientras me lanzaba un guiño. Se inclinó hacia adelante, apoyándose en los asientos para ver a Clara—. ¿Qué traes puesto, niña? —chasqueó la lengua con esa arrogancia tan suya—. ¿No te había dejado una colección de atuendos para situaciones como esta el día que fui por ti?
—Lo sé, Cloe, pero... —Clara empezó a frotarse el brazo, incómoda.
—Así está perfecta —repliqué, tomando su mano y bajándola a su regazo. La apreté apenas; sentí cómo su cuerpo se relajaba al instante.
Cloe sonrió, sombría, y se recargó en su asiento cruzando las piernas.
—Perfecta... me gusta cómo lo dices, cariño.
Clara volteó al escucharla, Cloe asintió sin borrar su sonrisa, lo que hizo que Clara también sonriera ampliamente. Entre ellas hubo un instante de entendimiento silencioso que me dejó fuera por completo. Un lenguaje propio, hecho de miradas. No lo pude comprender.
Por fin llegamos a casa de Lorelei, Clara se asomó por su ventana curiosa. —¿Aquí es donde vivías antes de mudarte a la mansión de tus abuelos?
—Si — contesté desabrochando el cinturón de seguridad.
—Es bonito... no se compara con la mansión pero se nota acogedor y muy del estilo de mi tía.
Asentí dándole un leve apretón a su mano que no había soltado en todo el camino. —Iré por Lorelei, esperen aquí. —Pedí a ambas antes de bajar del auto.
La madre de Lorelei me recibió con un abrazo cálido y un beso en la mejilla. Lorelei salió segundos después, envolviéndome con la misma calidez y dejando una marca brillante de pintalabios en mi piel.
—¿Lista? Nos están esperando.
Asintió. La ayudé a bajar las pequeñas escaleras del pórtico y la guie hasta el auto, abriéndole la puerta. Cuando subió, noté cómo los ojos de Clara se fijaban en mi mejilla antes de voltearse a saludarla. Ese segundo de tensión fue suficiente.
Aproveché que se giraba para limpiar la marca, disimulando el gesto, y arranqué el auto con rumbo a la feria.
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Editado: 23.03.2026