Para Victoria diecisiete ciclos es la edad adulta de cualquier ciudadano. Para mí, sólo significó el inicio de una madurez prematura que debí enfrentar quisiera o no. Ninguno llegó a saber lo que nos esperaba en realidad. El destino supo jugar el juego disfrazado de maletas, ilusión y un jet con destino a Santiago.
El vuelo costaría poco menos de seis horas, aunque antes de arribar al gobierno sureño, mis padres espetaron tener que arribar a la ciudad principal de Teya. Rene Farfán nos recibió al pie de las escaleras de la gran casa gobernadora, junto con su hija Mikaela. Ella era meses mayor que mi hermano y, como buena teyana, poseía piel trigueña por el clima tropical de la zona.
—Espero que la visita termine pronto —se quejó Dante.
—Pues si los hermanos Marven están aquí no tengo problema de quedarme. Ellos son…
—…buenos compañeros. Sí, ya los has mencionado varias veces —terminé la frase de Ben con una sonrisa y queja clara.
—Creo que nuestro hermano está enamorado, Ofi —Dante y yo comenzamos a reír.
—Deja que conozcas al coronel Marven y ya veremos si tu sonrisita se sigue manteniendo, hermanita.
—Tal vez tenga la oportunidad de conocerlo cuando el evento de las contendientes llegue.
Eso hizo callar por completo a Ben. Traer a colación su futura selección de esposa no fue mi mejor comentario. Mi hermano tenía que elegir entre doce jóvenes que mis padres y menester habían nombrado contendientes, tal como alguna vez lo fue mi madre y Mikaela lo era en esta generación.
Mikaela era hija única. Si ella se convertía en reina, el gobierno heredado de Teya pasaría a la línea de sucesión de sus primos, los Marven, aunque ninguno de ellos estaba presente: su estancia actual radicaba en Santiago.
Al caer la tarde debíamos partir, todos menos mi padre, quien tenía algún asunto que atender. Me encontraba a punto de subir a El Celeste cuando habló:
—Hija, tú te quedas —la orden me tomó tan de sorpresa que terminé por mirar a mi madre como confirmación.
—Pero… creí que iría con ellos.
—No. Carina, mi bella reina, irá con tus hermanos escoltados por Paolo. Tú irás conmigo a la cena. Un rey no debe ir a ningún sitio sin compañía.
—Pero yo… —antes de terminar la frase me di cuenta de lo que estaba haciendo: cuestionar al rey de mi nación. Recompuse de inmediato mi estado—. Será un placer, padre.
—Pórtate bien, Ofeli —exclamó mi madre. Besó mi mejilla y acomodó uno de mis rizos detrás de mí oreja—. Luces hermosa.
—Por supuesto que lo es. Lo ha heredado de la espectacular reina de Victoria —continuó Ben. Colocó el brazo sobre el hombro de nuestra madre y después me dio un fraternal abrazo—. Entonces… hasta pronto. Juro protegerlos con mi vida —me hizo un guiño mientras entraba al jet con las turbinas encendidas.
Mis padres se despedían cuál si fueran todavía dos enamorados primerizos. Después de todo, tuvieron tres hijos y no solo el primogénito protocolario.
—¡Falta Dante! —gritó Ben.
—Iré por él —me postulé para ir en su búsqueda—. ¡Corre o se irán sin ti! —bromeé con Dan al verlo acelerar el paso. Él tomó mi mano y la besó.
—Eres la joya más preciosa y extraña de este mundo —me dijo, como cada vez que nos separábamos.
—¡Sube ya, Dante! La joya preciosa y extraña estará bien —vociferó Ben, burlándose de ambos, ya al borde del jet con el motor rugiendo y la escotilla trasera a punto de cerrarse.
No muy lejos, en los pasillos de la explanada de la casa gobernadora de los Farfán, visualicé a Paolo, el general de nuestra nación y segundo hombre más importante después de mi padre. Emparejé mi paso al suyo y compartimos una mirada. Me hizo una reverencia que correspondí.
Al elevar el rostro, un leve aturdimiento invadió mi mente. Un repique nubló mi vista por breves segundos. Parpadeé para enfocarme.
—Ofelia, hija. Despídete —la voz de mi padre me tomó por sorpresa; no había percibido cuándo se instaló a mi costado. Los pequeños destellos que antes presionaron mi mente se desvanecieron tan pronto como me invadieron. Miré despegar el jet con algo de añoranza—. Bien, vamos. Ve a colocarte el vestido que está en la habitación.
—¿Qué habitación? —pregunté confundida.
—A la que la destinaré yo, princesa —habló Mikaela con una cálida sonrisa—. ¿Le sucede algo? —su voz prosiguió tras notarme tocar la sien.
—Nada, solo una repentina jaqueca.
—¿Puedo ayudarla con ello? —negué.
—Descuide, no es nada señorita Mikaela.
—Por favor dime solo Mikaela o Mika. Estamos entre chicas, el formalismo puede esperar ¿no lo crees?
—En ese caso… llámame solo Ofelia.
Ella me sonrió con complicidad. La conocía poco. Como contendiente, no podía tener trato con mi hermano hasta que la presentación oficial ocurriera, lo cual también la mantenía alejada de mí. Mi madre mencionó haberse congraciado en el pasado con la madre de Mikaela, quien murió tras sufrir un aborto cuando su hija era todavía muy pequeña.
Pensé por un breve instante que quizá esa era mi oportunidad para hablarle de su anomalía y averiguar si tal vez coincidía con algo referente a mí. Deseché la idea de inmediato: era nuestra conversación más larga e íntima hasta ahora, y no quería arruinarla con preguntas incómodas y extrañas.
—Esta será tu alcoba. Espero sea de tu agrado. Me aseguré personalmente de que fuera lo más confortable y elegante posible desde que mi padre mencionó tu visita a la casa gobernadora. No es tan fastuosa como la del palacio, supongo, pero este bello vestido sí que lo es ¿no piensas igual? —tomó la prenda de la amplia cama y la sobrepuso a mi figura para comprobar que fuera de mi talla.
«¿Acaso así se sentía tener una amiga?»
—Es muy bello, sin duda.
La tela era de un azul marino satinado y brillante, envuelto en encaje plateado, con mangas amplias y largas que dejaban al descubierto mis hombros.
—Perfecto, ellas estarán a tu servicio durante toda tu estancia —Mikaela señaló a las dos empleadas seguidoras que esperaban al pie de la antesala. Una de mediana edad y otra casi tan joven como nosotras, ambas con el uniforme verde de su gobierno—. No darán molestias, lo aseguro, pero si has de desearlo, podemos cambiarlas. El evento comenzará a las siete. Tus escoltas esperarán afuera de la puerta cuando estés lista. Te dejaré en privacidad. Hasta pronto.
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Editado: 12.09.2026