En Los Tiempos En Que Vivimos Hoy En DÍa

EN LOS TIEMPOS EN QUE VIVIMOS HOY EN DÍA

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EN LOS TIEMPOS EN QUE VIVIMOS HOY EN DÍA
INTRODUCCIÓN – EL MUNDO EN UN SOLO INSTANTE
1.1 EL LATIDO DEL PLANETA HOY
En un solo instante del día de hoy –mientras lees esta línea– suceden miles de cosas en todo el planeta:
- En el Ártico, un trozo de hielo del tamaño de una casa se desprende de un glaciar y cae al océano, haciendo eco en el silencio polar.

- En Tokio, un niño de siete años enciende su tableta para ver un video sobre animales africanos, mientras en Kenia, otro niño de la misma edad cuida las ovejas de su familia bajo un sol abrasador.

- En Brasil, un grupo de científicos observa cómo un árbol nuevo crece en la selva amazónica, mientras en Indonesia, un incendio forestal consume hectáreas de vegetación.

- En Nueva York, un médico realiza una operación con ayuda de tecnología robótica, mientras en un pueblo de Bolivia, una partera ayuda a una mujer a dar a luz en su propia casa.

- En España, un músico graba una canción en su estudio, mientras en India, miles de personas cantan en un templo durante una ceremonia religiosa.

- En Australia, un surfista monta una ola gigante en la costa, mientras en Noruega, un pescador saca sus redes del mar frío del Atlántico Norte.
Este es el mundo en que vivimos hoy en día: un planeta de contrastes, de conexiones, de cambios constantes, donde lo que pasa en un rincón afecta a todos los demás. No es un mundo dividido en países o continentes aislados, sino un sistema vivo, donde cada ser, cada lugar, cada acción forma parte de un todo mayor.
Los tiempos en que habitamos no pertenecen a un solo pueblo ni a una sola nación. Pertenecemos a una era global, donde los problemas y las alegrías son compartidos, donde las fronteras se desdibujan y donde la humanidad se enfrenta a desafíos y oportunidades que no tienen precedentes en la historia.
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No es fácil describir estos tiempos con palabras, porque son más complejos que cualquier historia que podamos contar. Son tiempos de grandes avances y grandes dificultades, de profunda creatividad y profunda incertidumbre, de cercanía y de distancia a la vez.
Si tuviéramos que poner un nombre a la sensación que genera vivir en estos años, podría ser "la conciencia global". Por primera vez en la historia, la mayoría de las personas sabe que forma parte de un planeta único, que nuestras acciones tienen consecuencias en lugares lejanos, que el destino de un niño en África está ligado al destino de un adulto en Europa, que la salud de los océanos afecta la salud de todos nosotros.
Esta conciencia no llegó de la noche a la mañana. Ha sido construida poco a poco, a través de los siglos, con cada descubrimiento, cada invento, cada viaje, cada encuentro entre culturas. Pero en nuestros tiempos, ha cobrado una fuerza y una claridad que nunca antes tuvo.
El descubrimiento de América conectó dos mundos que creían estar aislados. La invención del tren y el barco a vapor redujo las distancias entre continentes. La radio y la televisión llevaron las noticias del mundo a cada hogar. La internet hizo posible que cualquier persona pudiera comunicarse con cualquier otra en segundos. Y hoy, la ciencia nos muestra cómo todo en el planeta está conectado: cómo los vientos llevan el polvo de un continente a otro, cómo los océanos regulan el clima de todo el mundo, cómo los seres vivos dependemos unos de otros para sobrevivir.
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1.2 DE LO LOCAL A LO GLOBAL: UN TEJIDO SIN FRONTERAS
Caminar por las calles de cualquier ciudad del mundo hoy en día es como dar un paseo por todo el planeta. En un mercado de Marrakech, puedes encontrar té de China, telas de India, frutas de Sudamérica. En un supermercado de Londres, puedes comprar pan de Francia, queso de México, café de Etiopía. En un barrio de São Paulo, puedes escuchar música de Jamaica, comer comida japonesa y hablar con gente de veinte países diferentes.
Esto no significa que todas las culturas se estén volviendo iguales. Por el contrario, en nuestros tiempos, las personas están más orgullosas que nunca de sus raíces, de sus tradiciones, de sus lenguajes y costumbres. Pero al mismo tiempo, están abiertas a aprender de otras culturas, a mezclar lo propio con lo ajeno, a crear formas nuevas de ser y de vivir.
En la India, por ejemplo, las familias celebran festivales tradicionales con rituales que tienen miles de años, pero también usan el internet para invitar a parientes que viven en otros países, y toman fotos con sus teléfonos móviles para compartirlas en redes sociales. En Nigeria, los músicos mezclan ritmos tradicionales con hip hop y electrónica, creando géneros nuevos que se escuchan en todo el mundo. En Suecia, los chefs combinan ingredientes locales con técnicas de cocina asiáticas, creando platos que son a la vez tradicionales y modernos.
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Este intercambio constante entre culturas, lugares y personas ha creado un mundo más rico, más diverso, más interesante. Pero también ha planteado preguntas importantes: ¿cómo podemos mantener nuestras identidades en un mundo globalizado? ¿cómo podemos respetar las diferencias mientras trabajamos juntos para resolver problemas comunes? ¿cómo podemos asegurarnos de que todos se beneficien de la conexión global, y no solo unos pocos?
Estas preguntas no tienen respuestas fáciles, pero son parte fundamental de lo que significa vivir en nuestros tiempos. Porque aunque el mundo se haya vuelto más pequeño, las desigualdades siguen existiendo. Hay personas que tienen acceso a todos los bienes y servicios del mundo, y otras que luchan por tener agua potable y comida suficiente. Hay países que tienen grandes recursos tecnológicos y económicos, y otros que están tratando de superar siglos de marginación.
Pero en nuestros tiempos también hemos visto cómo la gente se une para cambiar estas cosas. Cuando un terremoto destruye una ciudad en Haití, voluntarios de todo el mundo van a ayudar. Cuando una sequía afecta a millones de personas en África, países de todos los continentes envían ayuda. Cuando una enfermedad se propaga por el planeta, científicos de diferentes nacionalidades trabajan juntos para encontrar una cura.
Esto es lo que hace único a nuestros tiempos: la capacidad de sentir empatía por personas que nunca hemos conocido, de trabajar juntos por causas que son más grandes que nosotros mismos, de entender que somos todos parte de una sola familia humana que habita un solo planeta.
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1.3 EL RETO DE ENTENDER NUESTROS TIEMPOS
Uno de los mayores retos de vivir en estos tiempos es entender la magnitud de lo que está pasando. Estamos viviendo cambios más rápidos y profundos que cualquier generación anterior. En menos de cien años, hemos pasado de viajar en caballos a viajar en aviones supersónicos, de comunicarnos con cartas a comunicarnos con videollamadas, de usar la madera y el carbón como fuentes de energía a usar la energía solar y la eólica.
Estos cambios han transformado la forma en que vivimos, trabajamos, nos relacionamos y entendemos el mundo. Han creado nuevas oportunidades y nuevos problemas, nuevas formas de felicidad y nuevas formas de sufrimiento. Han hecho que el futuro sea más incierto, pero también más lleno de posibilidades.
A veces, el ritmo de los cambios puede ser abrumador. Nos despertamos una mañana y descubrimos que una nueva tecnología ha cambiado la forma en que hacemos las cosas, que una nueva enfermedad ha aparecido en el mundo, que una nueva guerra ha estallado en algún lugar, que una nueva ley ha cambiado nuestras vidas. Es fácil sentirse perdido, como si no pudiéramos seguir el ritmo del mundo.
Pero también es importante recordar que nosotros somos los que estamos construyendo estos tiempos. Cada decisión que tomamos, cada acción que realizamos, cada palabra que decimos, forma parte del tejido de la historia que estamos escribiendo. No somos meros espectadores de lo que pasa en el mundo: somos actores, protagonistas de nuestra propia vida y de la vida del planeta.
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1.4 CÓMO ESTÁ ESTRUCTURADA ESTA ESCRITURA
Esta escritura busca mostrar el mundo en que vivimos hoy en día de manera completa y integral. No se enfoca en un solo país, una sola cultura o un solo tema, sino en el planeta en su totalidad, en todas sus dimensiones y complejidades.
En la primera parte, hablaremos del planeta que habitamos: de sus océanos, bosques, campos y montañas; de los cambios que está sufriendo; de la biodiversidad que lo habita; de la relación que tenemos con la naturaleza. Veremos cómo nuestras acciones están afectando al medio ambiente, y cómo el medio ambiente está afectando nuestras vidas.
En la segunda parte, abordaremos las sociedades que construimos: de las ciudades y los pueblos donde vivimos juntos; de las generaciones que coexisten; de las culturas que se encuentran y mezclan; de los lenguajes y formas de comunicación que nos permiten entendernos; de los derechos y la dignidad que todos buscamos; de las comunidades que se forman más allá de las fronteras.
En la tercera parte, analizaremos las máquinas que menean el mundo: de la economía global y las desigualdades que la caracterizan; del trabajo y la producción en la era moderna; de la tecnología que transforma nuestra vida cada día; de la ciencia y el conocimiento que nos ayudan a entender el mundo; de la salud y el bienestar que son fundamentales para nuestra existencia; de la energía y los recursos que nos mueven y sostienen.
En la cuarta y última parte, pensaremos en el futuro que escribimos hoy: en las preocupaciones que nos unen como humanidad; en las esperanzas que nos impulsan a seguir adelante; en el papel que cada uno de nosotros juega en el gran tejido del mundo; en lo atemporal que permanece en medio de los cambios constantes; y en la responsabilidad que tenemos de dejar un planeta mejor para las próximas generaciones.
Comencemos entonces con el primer aspecto fundamental de nuestros tiempos: el planeta que habitamos.
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PARTE I – EL PLANETA QUE HABITAMOS
2.1 EL CUERPO TERRESTRE: CAMBIOS EN SU PIEL Y SU ALIENTO
El planeta Tierra tiene más de cuatro mil millones de años de existencia. Durante todo ese tiempo, ha cambiado constantemente: sus continentes se han movido, sus océanos se han expandido y contraído, su clima se ha calentado y enfriado, sus seres vivos se han evolucionado y adaptado. Pero en nuestros tiempos, los cambios están ocurriendo más rápido que nunca, y muchos de ellos son causados por la acción humana.
Si pensamos en la Tierra como un cuerpo vivo, sus continentes son sus músculos, sus océanos son su sangre, sus bosques son sus pulmones, sus glaciares son su sistema de refrigeración, sus volcanes son su forma de respirar. Y hoy, este cuerpo está pasando por una época de grandes transformaciones.
Los continentes, que se mueven a una velocidad similar a la que crecen nuestras uñas, están siendo moldeados por nuestras acciones. Construimos ciudades sobre sus superficies, abrimos minas para extraer sus recursos, cortamos sus árboles para obtener madera y espacio para cultivar, pavimentamos sus tierras para construir carreteras y edificios. Todas estas acciones modifican la piel del planeta, cambiando el paisaje y afectando los ciclos naturales.
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En África, por ejemplo, la expansión de las tierras de cultivo y la ganadería está transformando las sabanas, reduciendo el hábitat de animales como los leones, los elefantes y las jirafas. En Asia, la construcción de presas y represas está cambiando el curso de los ríos, afectando a millones de personas y a ecosistemas enteros. En América del Sur, la deforestación de la selva amazónica está cambiando no solo el paisaje local, sino el clima de todo el planeta, ya que la selva es uno de los mayores pulmones del mundo.
Pero el planeta también sigue cambiando por sus propios procesos naturales. Los volcanes siguen entrando en erupción, liberando ceniza y gases a la atmósfera. Los terremotos siguen sacudiendo las tierras, cambiando la forma del terreno y destruyendo ciudades enteras. Los huracanes, los tifones y las tormentas siguen azotando las costas, recordándonos la fuerza del planeta.
En nuestros tiempos, hemos aprendido a predecir algunos de estos eventos naturales. Los científicos pueden advertir cuando un volcán va a entrar en erupción, cuando un terremoto puede ocurrir, cuando una tormenta se acerca. Esto nos permite prepararnos, evacuar a las personas en peligro y minimizar los daños. Pero también hemos aprendido que no podemos controlar la naturaleza, que debemos respetar su fuerza y trabajar con ella en lugar de en contra.
Otro cambio fundamental que está experimentando el planeta en nuestros tiempos es el aumento de la temperatura global. El calentamiento climático, causado principalmente por la emisión de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, está afectando a todo el mundo. Los glaciares se están derritiendo, el nivel del mar está subiendo, los patrones de lluvia están cambiando, las sequías son más frecuentes y las olas de calor son más intensas.
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Estos cambios no son solo un problema para el futuro: están afectando nuestras vidas hoy mismo. En las islas del Pacífico, por ejemplo, el aumento del nivel del mar está obligando a las comunidades a abandonar sus hogares, ya que las aguas invaden sus tierras cada vez con más frecuencia. En África, las sequías prolongadas están afectando
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...las cosechas y obligando a miles de personas a dejar sus tierras en busca de comida y agua. En Europa y América del Norte, las olas de calor están afectando la salud de las personas mayores y causando incendios forestales que consumen hectáreas de vegetación.
Pero en nuestros tiempos también hemos visto cómo la humanidad se une para enfrentar este reto global. Países de todo el mundo han firmado acuerdos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, empresas están invirtiendo en energías limpias, científicos están desarrollando nuevas tecnologías para combatir el cambio climático, y millones de personas están cambiando sus hábitos para cuidar el planeta.
En Dinamarca, por ejemplo, más del 50% de la energía que consume el país proviene de fuentes renovables como la eólica y la solar. En Costa Rica, se ha logrado reforestar grandes extensiones de tierra y ahora más del 99% de su energía eléctrica proviene de fuentes limpias. En India, se están instalando millones de paneles solares en pueblos rurales para llevar electricidad a personas que nunca la han tenido, al mismo tiempo que se reduce la dependencia del carbón.
Estas acciones muestran que es posible cambiar el curso de los eventos, que tenemos el poder de cuidar el planeta que nos acoge. Pero también requieren un esfuerzo colectivo, un compromiso de todos los países, empresas y personas del mundo.
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2.2 AGUAS QUE CONECTAN Y SEPARAN: OCÉANOS, RÍOS Y GLACIARES
Los océanos cubren más del 70% de la superficie del planeta. Son el pulmón del mundo –producen más del 50% del oxígeno que respiramos– y el hogar de una cantidad increíble de vida: desde las pequeñas algas que flotan en la superficie hasta los grandes ballenas que navegan por sus profundidades. En nuestros tiempos, los océanos están cambiando más rápido que nunca, y estos cambios afectan a toda la vida en la Tierra.
El aumento de la temperatura global está calentando las aguas oceánicas, lo que causa que el volumen del agua aumente y el nivel del mar suba. Al mismo tiempo, los océanos están absorbiendo gran parte del dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera, lo que hace que el agua se vuelva más ácida. Esta acidificación está afectando a los arrecifes de coral, que son los hábitats de miles de especies marinas, y a los moluscos como los mejillones y las ostras, que tienen dificultades para formar sus conchas.
En el Gran Barrera de Coral en Australia, por ejemplo, se han registrado eventos masivos de blanqueamiento de corales debido al calentamiento del agua –un fenómeno que antes ocurría cada décadas y ahora se repite cada pocos años. En el Mar Mediterráneo, la acidificación del agua está afectando a los bancos de mejillones y a las poblaciones de peces, lo que tiene consecuencias para los pescadores y para toda la cadena alimentaria.
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Pero los océanos también están siendo afectados por la contaminación. Millones de toneladas de plástico terminan en el mar cada año, formando grandes manchas de basura en el océano Pacífico, el Atlántico y el Índico. Este plástico se descompone en pequeñas partículas llamadas microplásticos, que son ingeridas por los peces y otros animales marinos, y que finalmente terminan en nuestra propia comida.
En Filipinas, por ejemplo, las playas están siendo invadidas por toneladas de plástico que llega desde ríos y corrientes oceánicas. En Kenia, los pescadores encuentran más plástico que peces en sus redes. En Noruega, los científicos han encontrado microplásticos en el hielo polar y en el agua de los glaciares.
Pero en nuestros tiempos también hay iniciativas globales para proteger los océanos. Países están creando reservas marinas donde la pesca y la exploración petrolera están prohibidas, organizaciones están limpiando las playas y los océanos de plástico, y empresas están desarrollando envases biodegradables para reemplazar el plástico.
En Portugal, por ejemplo, se ha creado la Reserva Marina de la Macaronesia, una de las más grandes del mundo, que protege miles de especies marinas. En Indonesia, voluntarios se reúnen cada mes para limpiar las playas y los ríos, y han logrado reducir la cantidad de plástico que llega al mar en un 30%. En Estados Unidos, científicos están desarrollando materiales hechos de algas que pueden reemplazar al plástico en envases y empaques.
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Los ríos, que son como las venas del planeta, también están cambiando en nuestros tiempos. Muchos ríos del mundo están siendo contaminados por aguas residuales, pesticidas y fertilizantes agrícolas, lo que afecta a la vida acuática y a las personas que dependen de ellos para obtener agua potable. Al mismo tiempo, la construcción de presas y represas está cambiando el curso de los ríos, afectando a ecosistemas enteros y a comunidades que viven en sus orillas.
En el río Ganges en India, por ejemplo, la contaminación es tan grave que afecta la salud de más de 500 millones de personas que viven en sus orillas. En el río Nilo en África, la construcción de presas como la de Asuán ha cambiado los ciclos de inundación que durante miles de años han fertilizado las tierras del valle del Nilo. En el río Amazonas en Sudamérica, la deforestación en sus cuencas está aumentando la sedimentación del agua, afectando a la vida acuática y a las comunidades indígenas que dependen del río para sobrevivir.
Pero también hay esfuerzos globales para limpiar y proteger los ríos. En Alemania, por ejemplo, se ha invertido miles de millones de euros en depuradoras de agua, y ahora los ríos del país están lo suficientemente limpios como para que las personas puedan nadar en ellos. En Costa Rica, se han restaurado miles de hectáreas de bosque en las cuencas de los ríos, lo que ha mejorado la calidad del agua y reducido la erosión. En Bangladesh, comunidades locales se han organizado para proteger los ríos de la contaminación y la sobrepesca, creando áreas de protección donde la vida acuática puede recuperarse.
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Los glaciares, que son como los almacenes de agua dulce del planeta, están derritiéndose a un ritmo alarmante en nuestros tiempos. En el Himalaya, los glaciares que alimentan ríos como el Ganges, el Indo y el Yangtsé están derritiéndose más rápido que en cualquier otro momento en los últimos mil años. Esto amenaza el suministro de agua de más de mil millones de personas en Asia. En los Alpes europeos, los glaciares se han reducido en un 20% en los últimos veinte años, afectando al turismo y a la producción de energía hidroeléctrica. En el Ártico, el hielo marino está disminuyendo cada año, lo que afecta a animales como los osos polares, las focas y las ballenas, y que también contribuye al aumento del nivel del mar.
Pero los glaciares también son testigos de los cambios que está experimentando el planeta. Los científicos que trabajan en los glaciares del Ártico, la Antártida y los Himalayas están tomando muestras de hielo para estudiar el clima del pasado y entender cómo está cambiando el clima actual. Estas muestras de hielo, que pueden tener miles de años, nos muestran cómo las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado drásticamente en los últimos dos siglos, coincidiendo con el inicio de la revolución industrial.
En nuestros tiempos, también hemos aprendido a usar el agua de los glaciares de manera más sostenible. En países como Perú y Bolivia, donde los glaciares de los Andes son una fuente importante de agua, las comunidades están construyendo sistemas de almacenamiento de agua para aprovechar el agua que se desprende de los glaciares en verano, y así garantizar el suministro de agua durante el invierno. En Suiza, las empresas están usando la energía del hielo y la nieve para refrigerar edificios y reducir el consumo de energía.
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2.3 BOSQUES, CAMPOS Y DESIERTOS: PULMONES DEL MUNDO
Los bosques cubren aproximadamente el 30% de la superficie terrestre. Son los pulmones del planeta –absorben dióxido de carbono de la atmósfera y producen oxígeno– y el hogar de más del 80% de las especies terrestres de plantas y animales. En nuestros tiempos, los bosques están siendo destruidos a un ritmo de más de 18 millones de hectáreas por año –una superficie equivalente a veinte campos de fútbol por minuto.
La deforestación se debe principalmente a la expansión de las tierras de cultivo, la ganadería, la tala de árboles para obtener madera y la urbanización. En la selva amazónica, por ejemplo, millones de hectáreas de bosque han sido taladas para hacer espacio para campos de soja y ganaderías. En África, la deforestación se debe principalmente a la tala de árboles para obtener leña para cocinar y calentarse, y a la expansión de las tierras de cultivo. En Asia, la deforestación está causada por la tala de árboles para obtener madera y papel, y por la expansión de las ciudades.
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La pérdida de bosques tiene consecuencias graves para el planeta. Aumenta las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global. Destruye el hábitat de millones de especies, llevándolas a la extinción. Aumenta la erosión del suelo, reduciendo la fertilidad de las tierras de cultivo. Y afecta a las comunidades indígenas que viven en los bosques y dependen de ellos para obtener comida, medicinas y refugio.
En el Congo, por ejemplo, la deforestación de la selva del Congo está afectando a comunidades indígenas como los pygmeos, que han vivido en el bosque durante miles de años. En Indonesia, la deforestación está llevando a especies como el orangután de Sumatra al borde de la extinción. En Brasil, la deforestación de la amazónica está cambiando los patrones de lluvia en toda Sudamérica, afectando a cosechas en países como Argentina, Paraguay y Uruguay.
Pero en nuestros tiempos también hay iniciativas globales para proteger y reforestar los bosques. Países están creando parques nacionales y reservas forestales donde la tala de árboles está prohibida. Organizaciones están trabajando con comunidades locales para promover prácticas forestales sostenibles, como la tala selectiva de árboles y la reforestación de áreas degradadas. Y millones de personas están participando en campañas de reforestación, plantando árboles en sus comunidades y en áreas degradadas.
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En Etiopía, por ejemplo, se ha realizado una de las mayores campañas de reforestación de la historia: en un solo día en 2019, más de 350 millones de árboles fueron plantados en todo el país. En Costa Rica, se ha logrado aumentar la cobertura forestal de un 26% en la década de 1980 a más del 52% hoy en día, gracias a políticas de protección y reforestación. En India, el gobierno ha lanzado un plan para plantar mil millones de árboles en los próximos diez años, con el objetivo de aumentar la cobertura forestal del país y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los campos agrícolas, que son donde producimos la mayor parte de nuestra comida, también están cambiando en nuestros tiempos. La agricultura moderna ha permitido aumentar la producción de alimentos para alimentar a una población mundial que sigue creciendo –de 2.500 millones de personas en 1950 a más de 7.800 millones hoy en día. Pero también ha tenido consecuencias negativas para el planeta: el uso de pesticidas y fertilizantes químicos ha contaminado suelos y aguas, la monocultura ha reducido la biodiversidad, y la expansión de las tierras de cultivo ha contribuido a la deforestación.
En nuestros tiempos, están surgiendo nuevas formas de agricultura que buscan ser más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. La agricultura orgánica, que no usa pesticidas ni fertilizantes químicos, está creciendo en todo el mundo. La agricultura de conservación, que busca proteger el suelo y reducir la erosión, está siendo adoptada por miles de agricultores en América Latina, África y Asia. La agricultura urbana, que consiste en cultivar alimentos en las ciudades, está permitiendo que las personas tengan acceso a comida fresca y reducir la huella de carbono de la alimentación.
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En Cuba, por ejemplo, la agricultura urbana se ha convertido en una forma importante de producir alimentos para la población, especialmente en la ciudad de La Habana, donde miles de huertos urbanos producen frutas, verduras y hierbas aromáticas. En Kenya, agricultores pequeños están usando técnicas de agricultura de conservación para aumentar sus cosechas y mejorar la fertilidad del suelo. En España, la agricultura orgánica ha crecido en un 15% anual en los últimos cinco años, y ahora representa más del 10% de las tierras de cultivo del país.
Los desiertos, que cubren aproximadamente el 33% de la superficie terrestre, también están cambiando en nuestros tiempos. El proceso de desertificación –la degradación de las tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas– está afectando a más de 2.000 millones de personas en más de 100 países. La desertificación se debe principalmente a la sobreexplotación de los recursos naturales –agua, suelo y vegetación– causada por la agricultura, la ganadería, la tala de árboles y el cambio climático.
En el Sahel en África, por ejemplo, la desertificación está obligando a miles de personas a dejar sus tierras en busca de comida y agua. En el desierto del Sahara, la expansión del desierto está afectando a comunidades que viven en sus bordes. En Australia, la desertificación está afectando a millones de hectáreas de tierras de cultivo y pastizales, reduciendo la producción de alimentos y llevando a la extinción de especies locales.
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Pero en nuestros tiempos también hay esfuerzos para combatir la desertificación y rehabilitar las tierras degradadas. En China, por ejemplo, se ha realizado una de las mayores campañas de reforestación del mundo en la región del desierto de Gobi, donde se han plantado millones de árboles para detener la expansión del desierto y proteger las tierras de cultivo. En Senegal, comunidades locales están usando técnicas tradicionales de gestión del agua y la tierra para rehabilitar áreas desertificadas y volver a cultivarlas. En Israel, científicos están desarrollando plantas que pueden sobrevivir en condiciones de sequía y salinidad, lo que permite cultivar alimentos en zonas áridas.
2.4 LA BIODIVERSIDAD EN EL UMBRAL DE UN NUEVO SIGLO
La biodiversidad –la variedad de vida en la Tierra, desde las pequeñas bacterias hasta los grandes mamíferos– es fundamental para la supervivencia del planeta y de la humanidad. Nos proporciona alimentos, medicinas, materiales de construcción, aire limpio y agua potable. Y es el resultado de miles de millones de años de evolución. Pero en nuestros tiempos, la biodiversidad está disminuyendo más rápido que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad.
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 40.000 especies están en peligro de extinción –un tercio de todas las especies de reptiles, un cuarto de todas las especies de mamíferos, un quinto de todas las especies de aves y un octavo de todas las especies de peces. Las principales causas de la pérdida de biodiversidad son la destrucción del hábitat, la contaminación, el cambio climático, la sobreexplotación de los recursos naturales y la introducción de especies invasoras.
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En África, por ejemplo, el león africano está en peligro de extinción debido a la destrucción de su hábitat y a la caza furtiva. En Asia, el tigre de Bengala está en peligro debido a la caza furtiva y a la destrucción de su hábitat en las selvas del subcontinente indio. En América del Sur, el oso hormiguero gigante está en peligro debido a la deforestación de la selva amazónica. En Australia, el canguro gris del sur está en peligro debido a la pérdida de su hábitat y a los incendios forestales....
Fecha de publicación, lanzamiento mundial 2026-03-06
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CONCEPTO Y REDACCIÓN: EN LOS TIEMPOS EN QUE VIVIMOS HOY EN DÍA
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