En manos de Magnus Crane

Capítulo 4

ANTES

10 años atrás.

SoHo, Nueva York.

La voz de mamá es característicamente rasposa por todos los años que fumó para matar su hambre y estar lista para las pasarelas.

Incluso cuando susurra la aspereza es audible, por lo que alcanzo a oírla tan pronto entro al apartamento.

Hago un puño con las llaves para acallar el tintineo. Muy discretamente, me quito los zapatos y, una vez en calcetines, me encamino de puntitas a su alcoba.

Aguzo bien el oído, ansiosa por dar sentido a los fragmentos que capto. No me atrevo ni a respirar, para que el sonido del aire entrando y saliendo por mi nariz no me robe la concentración.

—Sí… No es suficiente… —está diciendo en tono de pocos amigos—. ¿Pues qué te digo?… Como si te hiciera falta…

Apenas llego y escucho el inconfundible bip de que colgó la llamada.

Dejo caer los hombros. Otro intento fallido.

Desde niña espío sus conversaciones con la esperanza de pillarla hablando con mi padre. Ella insiste en que no mantiene contacto con él, pero de algún lado debe salir el dinero del alquiler y mi colegiatura; lo que ella ganó en sus años como Gia Ponce, hace mucho que se agotó. Estoy convencida de que él es quien se encarga de nosotras desde el anonimato, aunque carezco de pruebas que respalden dicha creencia.

En 17 años jamás he logrado atraparla con las manos en la masa o descubrir la más mínima pista de quién es mi padre.

La puerta se abre con violencia. Mamá aparece al otro lado, teléfono en mano. Detrás de ella me observa el enorme afiche que cuelga sobre su cama de la primera portada que consiguió en una revista a los 19 años.

—Ah, Jessica Nicole, ya volviste —dice mis dos nombres porque cree que suena más artístico y que será como el mundo me conozca cuando llegue a ser una super modelo—. ¿Qué tal estuvo la audición? ¿Conseguiste la campaña?

—Dijeron que me llamarían —replico, plenamente consciente de la decepción que la respuesta provocará.

La mirada de mamá se oscurece.

—Te dije que usarás el labial rojo, ¡eres necia, Jessica Nicole! ¿Cuántos castings más quieres estropear? No pienses en mí como tu madre, sino como tu agente y haz lo que te digo.

—Usé el labial rojo para la audición de CoverGirl y tampoco me contrataron. Claramente, el problema no es cómo llevo los labios —señalo antes de darme la media vuelta por el pasillo—. ¿Qué hay para comer? Muero de hambre.

—¿Comer, Jessica Nicole? Deberías ir al gimnasio o salir a correr. Comiendo no conseguirás trabajos. Te será mejor hacer dieta. —Me pisa los talones.

—Salí directo de la escuela a la audición, no he probado bocado desde la mañana —le recuerdo y, por llevar la fiesta en paz, omito señalar que a principios de año bajé cinco kilos a insistencia de ella.

—Nada te pasará por saltarte una comida —desestima—. Yo lo hago todo el tiempo. Por cierto, ¿dónde dejé mis cigarrillos?

Pongo los ojos en blanco. Solo en el retorcido mundo de Georgina “Gia” Ponce comer es malo y fumar bueno.

—Estaré en mi habitación —digo.

—Espera, Jessica Nicole. Ven acá. —Agita su delgado brazo en el aire—. Cuéntame más de la audición o de la escuela, ¿qué tal vas con esa tal… Suzanne? Debes hacer que te invite a su apartamento y, cuando estés ahí, ver la forma de quedarte a solas con su padre.

—Creo que eso sería altamente inapropiado y no querrían volver a invitarme —opino al tiempo que junto las cejas.

—No estoy sugiriendo algo sucio, malpensada, solo que converses con él de tus aspiraciones y puede que a él le nazca ayudarte —dice con una mueca inocentona—. A los hombres les agrada ayudar a chicas bonitas. En especial si son jóvenes y sienten que tienen una oportunidad con ellas.

—Ah, entonces sí estás sugiriendo algo sucio…

Mamá pone los ojos en blanco.

—Coquetear no le hace mal a nadie.

—Si Suzanne o su madre me encuentran coqueteando con el señor Collins me arrancarían la cabeza.

Mamá se masajea las sienes, cosa que hace cada que quiere dejarme saber que le estoy colmando la paciencia.

—A ver, Jessica Nicole, ¿quieres o no ser una super modelo? Chicas que posan en catálogos hay a montones, pero solo un puñado selecto llega a la cima —dice con su dedo índice apuntando al afiche de su portada—. ¿Imaginas quiénes? Las que están dispuestas a todo por alcanzar sus objetivos.

—¿Eso incluye comprometer tus valores? —pregunto al tiempo que cruzo los brazos sobre el pecho.

Mamá suelta un bufido exasperado.

—¿Quién te está pidiendo comprometer nada? Oh, vamos, no creerás que espero que te enredes con ese hombre, ¿o sí? Por piedad, ¡soy tu madre! ¡Jamás lo sugeriría! —dice con la mano en el pecho—. Lo único que tienes que hacer es hacerle creer que tiene una oportunidad… eso es todo. Jessica Nicole, el mundo funciona de cierta manera, la belleza y la juventud son armas poderosas, aprovéchalas mientras las tengas.




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