En manos de Magnus Crane

Capítulo 10

ANTES

10 años atrás.

Colegio West Hill, Nueva York.

Todo está listo. Dispuesto. Anoche Magnus no paró de enviarme mensajes preguntando cuál era mi flor predilecta, mi canción favorita, los chocolates que más me gustaban, etc.

Lo que sea que Ricky lo convenció de hacer, será en grande. Tengo la impresión de ser una viajera en el tiempo con las manos atadas; sé que va a ocurrir una catástrofe, pero no puedo prevenirla.

Entre los mensajes de Magnus y la insistencia de mamá de que concertara una entrevista con el señor Collins, acabé con migraña y aún tengo rastros de ella mientras cruzo el acceso del colegio.

Al menos sé que, bien o mal, lo de Magnus acabará hoy. Acerca de visitar al señor Collins, esa ya será una decisión que tomaré más adelante. Por ahora, lo único que deseo es terminar con el chantaje y cerciorarme de que esa fotografía sea borrada de la faz de la tierra.

—Jill me contó que le romperás el corazón a Magnus frente a todo el colegio… Es un poco cruel, ¿no? —comenta Suzanne, que sale de la nada y me toma del brazo.

—Lo es —confirmo con dientes apretados.

—Tal vez deberías decirles que cambiaste de opinión. Jill solo lo está haciendo porque cree que hará que Ricky se interese en ella, pero ambas sabemos que eso no pasará.

—Sí, es verdad, pero… —dejo que mi voz se apague, dado que no tengo una razón válida que darle. No puedo decirle que Jill me está chantajeando porque tiene una fotografía mía y de su papá mientras él hablaba de lo mucho que le gustaban mis labios—. Jill no va a dejar de insistir para que haga esto por ella. Ya la conoces. Prefiero hacerlo y quitármela de encima.

Suzanne hace una mueca de poco convencimiento y no puedo culparla, es la razón más tonta que se me pudo haber ocurrido.

—Sé que Jill es impositiva, pero tampoco es bueno complacerla en todo… Solo considéralo, ¿de acuerdo?

Le prometo a Suzanne que lo pensaré, a pesar de que no tengo intenciones de cumplirlo. ¿Para qué considerar lo que ya está decidido?

Las clases antes del receso se suceden en un borrón. Parte de mí se disocia para soportar la culpa, pero no lo suficiente como para no recordar sonreírle a Magnus durante la lluvia de miradas acarameladas que me lanza en la clase de química; en especial porque Jill está en la misma clase con nosotros y sé que está atenta a todas mis reacciones.

Magnus pide permiso para salir del aula 10 minutos antes de que acabe la clase. Saber porque lo hace me estruja el corazón. Lo miro salir con ganas de gritarle que se detenga, pero, como la cobarde que soy, me quedo en silencio mirando la catástrofe acercarse.

La campana suena y todos los alumnos se levantan a una.

—No olviden el parcial de la próxima semana, estudien los electrones y los…

Los estudiantes pasan de largo del señor Smith y sus instrucciones. Dudo que alguien le esté prestando atención.

Yo soy la única que sigue en su pupitre, pero tampoco lo estoy escuchando.

—¿Lista? Tu enamorado espera.

No alzo la vista ante la voz de Jill, me quedo con la mirada hacia la pizarra.

—Después de esto borrarás la foto, ¿cierto?

—Ajá.

—Nada de ajá. —Me pongo de pie—. Necesito que me des tu palabra.

Esta vez sí que la miro y lo hago con ojos de pistola.

Jill tuerce los labios antes de contestar.

—Bien, te doy mi palabra, pero debes hacer lo que Ricky te dijo. Nada de compadecerte del Gordosaurio. Ricky lo odia y lo quiere ver aplastado. Si llora, mejor.

—Al menos sabes qué tiene Ricky en su contra, porque yo no comprendo. Magnus es un pobre bobo que a nadie afecta, ¿por qué la saña?

Jill se encoge de hombros con cara de que no tiene la menor relevancia.

—¡Yo qué sé! Dijo que le cae mal…

—Hay mucha gente que me cae mal y no por eso quiero verlos aplastados —señalo.

—Pues sí, supongo que le ha de fastidiar que su papá sea noble. Ricky y su familia siempre se las han dado de tener mucha alcurnia, creo que no soporta que Magnus venga de una familia verdaderamente elegante y no solo de dinero… Debe sentirse amenazado o quién sabe… Es Ricky, solo él se entiende. Mira, Jessa, tú solo haz esto por mí y te prometo que nadie verá la foto, ¿de acuerdo? Olvídate de Magnus y todo lo demás. Piensa en ti y en lo terrible que sería que alguien se enterara de tu sucio secreto.

Asiento de mala gana, con la vista hacia los zapatos de ballerina negros de Jill.

Con eso es confirmación suficiente, Jill me toma del brazo y me saca del salón en dirección a la cafetería. Para llegar hay que cruzar dos enormes puertas de cristal que preceden una escalinata en ascenso hacia el mezzanine donde se encuentra la cafetería escolar.

Las puertas de cristal están cerradas, todos los estudiantes aguardan amontonados delante a ellas. Jill nos abre paso a codazos hasta llegar al frente, entonces vemos que Ricky, Mike y Peter están bloqueando el acceso.




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