AHORA
Miro a Magnus con una mezcla de incredulidad y horror. Los recuerdos se me enroscan como una cadena, listos para asfixiarme.
—¿Es esta tu venganza? ¿Me secuestraste por lo que sucedió en el colegio? ¡Magnus, eso fue hace 10 años! ¡Éramos unos críos! —Mis gritos hacen eco en las paredes de piedra. Eso y la mirada gélida de Magnus es lo único que obtengo por respuesta—. ¿Has guardado ese resentimiento desde los 17 años?
Magnus mira un segundo sus zapatos antes de volver a enlazar sus ojos a los míos.
Su silencio me desquicia. Es insoportable.
Me llevo las manos a la cara, trato de acomodar la avalancha de pensamientos y recuerdos; no dejar que el miedo, el hambre, ni el dolor tomen control de mí.
—Mira, Magnus, sé que lo que te pasó en West Hill fue terrible…
—¿Lo que me pasó? Lo haces sonar como algo fortuito, como si me hubiera lesionado un tobillo a media clase de condición física —la dureza de su voz transmite la rabia que aún siente.
Esto es peligroso, muy peligroso.
—Tienes razón. Lo que te hice… lo que te hicimos fue terrible. No lo merecías, nadie merece vivir algo así. Lamento mucho mi parte en ese día, jamás pensé que llegaría tan lejos. Todo se salió de control…
—¡Cierra la boca! —ruge Magnus. Hago la espalda tan atrás que prácticamente quedo recostada sobre el colchón, el enorme cuerpo de Magnus abarca todo mi campo de visión—. No quiero escuchar tus excusas y disculpas falsas.
Entonces noto la pequeña cicatriz en su frente, es tenue, desdibujada entre las sombras que reinan en la estancia, pero ahí está, una prueba latente de la crueldad del West Hill. Su cuerpo debe estar lleno de cicatrices similares. Rastros en su piel del cristal que se le hizo añicos encima.
La culpa me punza en el estómago. Casi puedo escuchar los golpes sordos que su cuerpo daba contra los escalones y el estruendo que provocó al atravesar las puertas de cristal.
—No son falsas, Magnus, yo…
—¡Cállate!
Me encojo en mí misma. La potencia de su voz me hace sentir diminuta y frágil, la ira en sus ojos me anula.
Magnus se endereza junto al colchón y me mira hacia abajo, despectivo, como si yo fuera algo que se le pegó a la suela del zapato.
Hago acopio de mi valor. ¿Quién se cree para mirarme de ese modo?
—Si no querías escucharme, ¿para qué me trajiste aquí? —lo reto—. Yo hice muy mal en el colegio, Magnus, y lo admito, pero eso fue hace 10 años y no te da derecho a secuestrarme. ¿Crees que eres la primera persona a la que le rompen el corazón en la adolescencia? Si todos secuestraran a sus bullies de juventud no quedaría nadie en la calle… ¡Esto es un disparate! Suéltame ahora, antes de que sea demasiado tarde y acabes en prisión.
Magnus se gira sobre sus talones de modo que solo puedo ver su ancha y fornida espalda. Sus músculos son notorios aún bajo la camisa que trae. Debe pasar horas ejercitándose. En él no queda rastro del chico gordito y dulce que una vez fue, es como si ese viejo Magnus nunca hubiera existido.
Camina unos pasos al frente y entrelaza sus manos en su espalda.
Me levanto de la cama y me acerco a él, aunque no demasiado.
—No puedes tenerme cautiva porque te atormenté en el colegio. Magnus, esto no es gracioso, ¡hoy me caso! ¡Debería estar en mi boda en estos momentos! —señalo mi falda arrugada y sucia del fondo. Tanto que me esmeré por encontrar el vestido perfecto para impresionar al círculo de Jeremy.
Magnus suelta una carcajada. Es un sonido altanero, frío, carente de humor.
Vuelvo a mirar mi vestido, caigo en cuenta de que no tengo idea de cuánto tiempo pasé inconsciente. Quién sabe qué era ese humo blanco que me noqueó. ¿Y si el día de mi boda ya pasó? Puede que haya estado inconsciente durante días. ¿Qué estará pensando Jeremy y todos nuestros invitados? El pensamiento es inquietante y al mismo tiempo alentador; si ha pasado algún tiempo de mi rapto, significa que Jeremy ya contactó a la policía; mi novio tendrá a todo el departamento de policía de California tras mi rastro. Puede que estén próximos a dar conmigo.
—Tu novio no te está buscando —dice Magnus como si estuviera leyendo mis pensamientos.
Alzo la barbilla y lo miro con ojos endurecidos.
—Oh, créeme, Jeremy me está buscando —aseguro desafiante—. Y no solo él, pronto mis seguidores se preguntarán dónde estoy y empezarán a investigar. Verás, Magnus, a diferencia de ti, hay mucha gente a la que le importo y, antes de que te des cuenta, tendrás a la policía y a medio mundo a las puertas de este lúgubre lugar.
Magnus niega despacio con los brazos cruzados al pecho y expresión de gozo malsano.
Qué guapo se puso. Suzanne tenía razón, el potencial estaba ahí, solo debía esmerarse un poco en sí mismo. Es una lástima que, todo lo que trabajó en su cuerpo, no lo hizo en su mente y acabó loco de remate.
—A tu noviecito no le importas lo suficiente para dejar de enredarse con su amante incluso el día previo a su boda… y ni qué decir de tus seguidores. ¿Crees que significas algo para ellos? No eres más que una imagen en sus pantallas que miran mientras van al baño, eres otra insulsa influencer de tantas, no notarán tu ausencia, simplemente empezarán a seguir a alguien más.
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Editado: 23.10.2026