En medio de todo, tú.

Capítulo 12: Redes invisibles.

El aire en la pequeña sala donde trabajábamos estaba denso, cargado con el peso de la desesperación y la urgencia.

La imagen en la pantalla del portátil seguía repitiéndose.
El vídeo que había destrozado la vida de Zero.
Una mentira envuelta en oscuridad y manipulación.

Iván y yo revisábamos cada fotograma, cada sombra, cada destello.
Buscando la más mínima pista que revelara la verdad oculta tras aquella farsa.

—Aquí— dijo Iván señalando con el dedo. —en esta esquina, el reflejo de la luz no coincide con el resto del escenario. Parece que alguien insertó esto después de grabar.

Asentí, sintiendo cómo la desesperación se mezclaba con rabia.
Era un trabajo meticuloso, un montaje frío y calculado, destinado a incriminarla sin dejar dudas.

En ese instante, la puerta se abrió con violencia y Rachel entró con pasos apresurados.
A su lado caminaba una mujer con porte seguro, que sostenía un maletín de cuero oscuro.

—Lara, Iván— dijo Rachel, jadeando ligeramente. —Esta es Marta. Es la abogada que he contratado para el caso. Lo que tenemos entre manos es mucho más complicado de lo que pensábamos.

Marta tomó la palabra con voz firme, mientras se sentaba y sacaba documentos del maletín.

—El vídeo es sólo la punta del iceberg— explicó. —La fiscalía está montando un caso sólido, aparentemente. Pero hay demasiadas irregularidades. La manipulación de pruebas es solo una de ellas. Además, la policía está bajo presión por el asesinato de Elías Ronda, un personaje con conexiones peligrosas, y quieren resolver rápido. Esto les convierte en un peligro para Zero, porque buscan un culpable, no la verdad.

Miré a Iván y Rachel, sintiendo la gravedad de la situación.

—¿Pero qué podemos hacer?— pregunté. —Si el sistema está en contra de ella…

Marta suspiró, con un toque de frustración.

—Hay que atacar desde varios frentes. Yo puedo manejar la parte legal, conseguir permisos, recursos y usar cada herramienta para desacreditar las pruebas. Pero también necesitaremos pruebas sólidas, algo que desmonte el vídeo y muestre quién está detrás de todo esto.

Rachel se pasó una mano por la cara.

—Mientras tú haces eso, nosotros seguiremos investigando por otros medios— dijo. No podemos dejar que Zero se quede sola en esto.

Iván y yo volvimos a la pantalla, profundizando en los datos.
Analizábamos los metadatos del vídeo, buscando rastros de edición, discrepancias en la cronología y cualquier detalle que pudiera revelar al manipulador.
Cada descubrimiento aumentaba la tensión.
Sabíamos que estábamos siendo observados.
Que el enemigo no estaba lejos, y que cuanto más nos acercábamos a la verdad, más peligroso se volvía todo.

Mientras tanto, Rachel y Marta discutían estrategias en el pequeño despacho de la abogada.
Una habitación fría que parecía absorber toda esperanza.

—La policía no cederá fácil— decía Marta. —Y si hay alguien dentro que quiere que Zero caiga, debemos estar preparados para cualquier emboscada legal.

Rachel apretaba los puños, en su cara, una mezcla de rabia y desesperación.

—Ella no merece esto. No puedo perderla.

Marta le lanzó una mirada seria, casi maternal.

—Nadie lo merece, Rachel. Pero ahora lo importante es jugar bien nuestras cartas y ganar tiempo para que Lara e Iván puedan encontrar lo que necesitamos.

La noche avanzaba y la sensación de urgencia crecía.
Sabía que Zero estaba ahí, en una celda fría.
Sola y acusada de un crimen que no cometió.
Pero también sabía que no estábamos derrotados.

La lucha apenas comenzaba.
Cogí aire y miré a Iván con firmeza.

—No podemos fallar.

Y en ese compromiso silencioso, la chispa de esperanza volvió a encenderse.




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