En medio de todo, tú.

Capítulo 33: Lo que fuimos.

Durante un instante, el silencio lo llenó todo.
No era incómodo, no aún.
Era un silencio denso.
De esos que preceden a las tormentas.

Me miraba como si no supiera si abrazarme o acusarme.
Como si intentara reconocer a la niña que un día corrió con él descalza por los campos secos de nuestra infancia.

—Sigues teniendo esa forma de fruncir el ceño cuando algo no te cuadra— dijo al fin, con una sonrisa pequeña, casi tímida.

Mi pecho se apretó.

—Y tú sigues oliendo a tierra mojada— le respondí, sin pensarlo, como si una parte de mí se aferrara desesperada a cualquier rastro de aquello que un día fuimos.

Xavier bajó el arma.
Dio dos pasos más.
La luz azul de las pantallas le cortaba la cara en sombras.
Supe entonces que el niño que recordaba no estaba del todo muerto.

—¿Qué haces aquí, Xavier?

Suspiró.
Se pasó la mano por el pelo.
Como solía hacer cuando no encontraba las palabras.

—Trabajo aquí.
—¿Para ellos?

Asintió.
Ni siquiera intentó negarlo.

Me quedé paralizada.
Había imaginado muchas cosas… pero no esto.

—¿Por qué?
—Porque mi familia lo necesitaba— Su voz sonaba grave, firme, pero no agresiva. —¿Recuerdas cuando mi padre enfermó? Tuvimos que vender casi todo… Las deudas se acumularon, los bancos nos dieron la espalda. Y entonces aparecieron tus padres.
—¿Mis padres…?
—Nos prestaron el dinero que nos salvó. Sin intereses, sin condiciones. O eso creíamos. Años después, vinieron a cobrar la deuda. No en billetes, Lara. En lealtad.

Me senté en uno de los bancos metálicos, incapaz de sostenerme.
Él se quedó de pie frente a mí.
Como si temiera que, si se acercaba demasiado, todo se derrumbaría.

—¿Y qué haces aquí abajo?
—Recojo datos. Limpio rastros. Rastreo amenazas.

Su mirada se volvió más dura.

—Te he seguido, Lara. Desde antes de que llegaras. Fui yo quien entró en tu ordenador, quien te mandó los mensajes cifrados. Quien desvió los rastreos cuando estabas a punto de ser descubierta.

Me aferré a la mesa metálica.
La piel me ardía.

—¿Por qué?

Xavier bajó la mirada.
Su voz se rompió un poco al decirlo.

—Porque eras tú. Porque supe que estabas metida en algo que podía devorarte viva. Y no podía dejarte caer. No a ti.
—¿Después de todos estos años…?
—Sobrevivir no es lo mismo que olvidar— dijo, con una ternura que dolía.

Las palabras eran cuchillos suaves.
Cortaban sin sangrar.

—Me querías lejos de Zero, ¿verdad?
—Sabía que era peligrosa. Que lo era todo ese mundo. Sabía lo que ella quería, lo que buscaban todos. Y sabía que, tarde o temprano, si no te ibas… te destruiría.

Me apoyé contra la pared, sintiéndome más cansada que nunca.

—Demasiado tarde, Xavier. Estoy más dentro de lo que imaginas. Ya he cruzado la línea.
—No. No del todo. Si aún puedes sentir lo que estás sintiendo ahora… no es tarde.

Silencio.
Un pensamiento me taladró: Si alguien supiera de esta conversación, me mataría.
Y no hablo metafóricamente.

—Mi madre sospecha de mí -susurré.

Xavier asintió despacio.

—No durará mucho tiempo sin hacer algo para ponerte a prueba.

Entonces fue él quien dio un paso hacia mí.

—Lara, tienes que salir de aquí. Tienes que salvarte.
—¿Y dejar que esto siga? ¿Que esta familia siga pudriendo todo lo que toca?

Sus ojos se entrecerraron.

—¿Qué estás diciendo?

Le miré, y por un instante, ya no éramos dos viejos amigos reencontrados.
Éramos algo más oscuro.
Más definido.

—Quiero acabar con ellos.

Xavier tardó un segundo en responder.
Y cuando lo hizo, fue como si su alma se rompiera un poco.

—Yo también.

Nos quedamos callados.
El aire temblaba entre los dos.
Una verdad tan grande que dolía.

—Tenemos que hacerlo en secreto— dije. —Nadie puede saber que nos vimos. Ni siquiera tus supervisores.
—Lo sé. Y si alguien sospecha, diré que no te vi.

Le miré.
Y algo en mí supo que lo decía en serio.

—Esto es una locura— murmuré.
—Tal vez— dijo él. —Pero es la única forma.

Me acerqué un paso más.
Quedamos frente a frente.
Cerca.
Demasiado.

—¿Y si nos descubren?
—Entonces estaremos perdidos.

Pero ni uno de los dos dio un paso atrás.

Y en ese instante, en aquel sótano oscuro, supe que no estaba sola.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.