ATENEA
Camino por los pasillos del bachillerato al día siguiente, con mi libro entre los brazos, y sintiendo muchas miradas encima se mí, incluso más de las normales, puedo notar como comienzan a murmurar cosas, tantas cosas que decido no prestar atención, por primera vez en mi vida cierro el sentido del oído y decido ignorar, sé que hablan de mí, lo hacen todo el tiempo desde que llegué a esta escuela, me consideran un fenómeno. A veces me hacen sentir importante, que le tomen más atención a mi vida, que a la de ellos. Pero la otra mayoría de veces me hace sentir desesperada que hagan algo como esto.
Me hace preguntarme todo el tiempo si estoy haciendo algo mal, si de verdad soy tan mala como dicen.
Quisiera ser invisible.
Llego a mi casillero, y comienzo a sacar el libro de la primera clase del día, llegué temprano el día de hoy para llegar antes por mi justificación a dirección, y así quitar las dos faltas de los días anteriores, aunque para ser sincera, no me importaba mucho, pero a mi padre si, quería mantener mi historial académico impecable y creo que era lo único que yo podía darle, así que lo hacía, la mayoría de veces.
—Buenas tardes. —menciono cuando llego con la secretaria escolar, que no hizo más que mirarme como bicho, como todos lo hacen.— vengo por un justificante.
—¿Viene algún adulto contigo? —pregunta con su falsa sonrisa.
—Mi padre llamó el día de ayer, sólo vengo a recogerlo.
—Si no viene un adulto contigo no puedo dartelo.
—Le estoy diciendo que mi padre hablo con la directora ayer. —menciono con molestia en mi voz, mi ceño se frunce aún más cuando se hace la que piensa un par de segundos, se mira las uñas como si fuese lo más importante del mundo y finalmente regresa su mirada hasta mí.
—Y yo te estoy diciendo que si no viene tu padre, tu madre o alguien mayor de edad contigo, no te lo daré.
Bufo molesta y antes que pueda decirle todas las cosas que se merece sale la directora con su celular, sonrío maliciosamente a la secretaria y me acerco a la directora.
—Disculpe que la moleste. —sonrío apenas mientras camino hacia ella.
—Atenea, hola.
Miro como a la secretaria se le saltan los ojos al ver que me llama por mi nombre, si algo sabemos todos, es que la directora es muy reservada y sólo le llama por su nombre a personas cercanas, y para mi buena suerte, la directora es amiga de la infancia de mi padre, cómo una tía para mí.
—Le comentaba a la secretaria, que papá hablo con usted el día de ayer, por el justificante, pero no quiere darmelo.
—¿Recuerda que le di un justificante esta mañana señora Rodriguez? —la mira seriamente— Y que vendría una alumna por él.
—Oh, ya recuerdo, lo siento mucho. —musita avergonzada, estirando el papel hacia la directora.
—Gracias. —responde mientras se da la vuelta para entregármelo a mí.
—Muchas gracias directora.
—Te he dicho que me llames por mi nombre, Atenea. —menciona esto mientras camina a mi lado.
—Lo sé, tía Angie, sólo que no quiero que en la escuela se enteren que te llamo por tu nombre.
—¿Te avergüenzas que seamos familia? —ríe divertida.
—Para nada, sólo que no quiero que piensen que mis notas se deben a que tengo familiares dentro de aquí. —admito finalmente.
—¿Cómo sigue tu madre? —pregunta cambiando de tema, me observa preocupada, es de saberse que no se lleva muy bien con ella, siempre reprochó a papá la poca atención que nos daban, incluso ahora, pero siempre salía herida ella por querer defendernos.
—Mejor supongo, no la he visto hoy, pero un cuanto la dieron de alta, ella se fue, incluso mi padre me dijo por la noche que irían a una fiesta, no los he visto hoy.
—Ellos no cambian. —murmura decepcionada.
—Ni un poco.
—¡Atenea! —escucho que gritan mi nombre atrás de mí, conozco esa voz, claro que si. La había escuchado ayer, y antes de ayer, y realmente era agradable, siempre y cuando no me hablara frente a tanta gente.
Miro a mi Tía Angie una última vez, y me despido de ella con la mano, se devuelve a la dirección, mientras yo me doy la vuelta para enfrentar al dueño de aquella fuerte voz.
—Cielos, llegas temprano. —suena agitado— te busqué por aquí y no te encontré. ¿Cómo estás hoy?
—Tenía que recoger esto —hago una mueca mientras agito el papel en mi mano— para que quiten mis faltas, pero estoy bien.
—Me alegra que lo estés.
Recuerdo las prendas que debo entregarle, así que agarro mi mochila deslizandola sobre mi brazo.
—Traje lo que me prestaste el otro día. —menciono casi en un susurro— quizás quieres que te lo de en un lugar más privado.
—¿Por qué querría eso? —cuestiona confundido.
—Porque hay gente alrededor. —murmuro de manera obvia.
—No me importa la gente, sólo vas a entregarme ropa, no drogas. —susurra a mi lado mientras sonríe— aunque no te la estaba pidiendo de todos modos.
Le entrego las prendas de ropa, y me dirijo a la salida de la escuela, bien, ahora no tenía algo de él, me caía realmente bien y sentía que ahora eramos amigos, sin embargo, como su amiga, no quería que lo miraran conmigo, podia causarle problemas con la gente o incluso con sus amigos de la escuela, no quería eso.
—Espera. —corre hasta mí— ¿Por qué te vas?
—Ya te entregué lo que es tuyo.
—¿Y eso qué?
—Que ya no necesitas avergonzarte. —suelto un pequeño murmullo.
—¿Avergonzarme?, de que hablas, somos amigos, y sólo decides irte y abandonarme por los pasillos.
Me siento en la entrada de la escuela, esperando a que falte menos tiempo para ir a clases, y menos tiempo para irme a casa de nuevo.
—¿Estás lista para la terapia?
—Algo así, estoy asustada. De que no funcione, quiero decir. —admito jugando con la manga de mi sudadera.
—Lo hará. Creo en ti, si tienes ganas de mejorar, lo harás.
Asiento con la cabeza soltando un suspiro, esperaba que así fuera. De verdad.