En medio del caos

Capítulo 2

ATENEA

La mañana pasó tan rápido como una estrella fugaz, gracias al golpe que me di había logrado dormir sin ser interrumpida, no fue hasta que sonó mi primer alarma por la mañana que me levanté de la cama. Por primera vez en años había logrado dormir tranquila, y cuando saqué mis pies de la cama esa calma y tranquilidad seguía dentro de mi pecho. Es un sentimiento que pensé que nunca en la vida iba a volver a sentir.

Por supuesto que toda esa paz se fue a la mierda cuando me atreví a salir de la habitación, pues en el pasillo pálido de la casa había un hombre semidesnudo caminando en dirección al baño, ni siquiera me notó, pero yo si a él. Quería correr a la habitación de mi madre y gritarle que dejará de ser una cualquiera, que cerrara las piernas o que se divorciara primero al menos, pero sabía que si me atrevía a hacerlo, iba a sufrir, ella iba a golpearme tanto que probablemente no pudiera salir entre la gente durante varios meses, hablando de la posibilidad de que al menos salga.

Entiendo que para ella es una manera de expulsar ese dolor que le provoqué aquel día, a mí también me duele, a mí padre. Pero estoy segura que si estuviera en el lugar de ella, no engañaría jamás a un hombre como mi padre. Quien se desvivía día con día tratando de localizar a los responsables de aquella catástrofe. Mientras tanto, mi madre no buscaba culpables porque ante sus ojos y los míos, la única culpable soy yo.

Ahora mismo me encuentro caminando a la entrada de la escuela, parecía una pequeña rata asustada, observando de un lado a otro y usando mi capucha para que el guardia del día anterior no me reconozca. No quiero problemas.

—Oye tú. —alguien detrás de mí quita mi capucha, retrocedo asustada mientras me giro para observar al causante.— No quería asustarte.

Me encuentro ante la mirada cautelosa de Lucas y ante una pequeña sonrisa junto con dos hoyuelos que no sabía que se formaban hasta ahora.

—Hola —murmuro confundida, observo a mi alrededor con miedo a ser vista por los demás, por suerte a pesar de que el jardín delantero se encontraba lleno de alumnos, ninguno solo nos prestaba atención. ¿Acaso no le avergüenza que lo encuentren hablando conmigo?

—¿Cómo te encuentras? —pregunta interesado, comienzo a caminar siendo seguida por él, a pesar de que lo hago rápido él sigue mi paso.

—Ya mejor, supongo.

—Tengo dos cosas para ti. —una sonrisa emocionada crece en él, ganándose por mi parte una sonrisa incómoda.— Lo primera es esto.

Presto atención ante lo que sea que pueda mostrarme, y tras sacar su mano detrás de su espalda extiende para mí un enorme chocolate negro envuelto en un pequeño papel azul, incluso tiene un pequeño listón rojo envolviéndolo.

Elevo ambas cejas con sorpresa, y no puedo evitar que mi boca se abra ligeramente con el mismo sentimiento. Su sonrisa ansiosa esperando a que lo tome me hace soltar por primera vez una pequeña risa nerviosa. Nadie me daba cosas, y el simple hecho de que Lucas apenas conociéndolo ayer me había regalado este gran detalle. Era lindo. Demasiado.

—Perdón. —susurro después de un rato en el que me mantuve casi sin moverme, de no ser porque parpadeaba una y otra vez, Lucas podría pensar que quizás me había pasado algo de pie. Extiendo mi mano hasta él y cuidadosamente deja el chocolate sobre la palma de mi mano, puedo sentir la yema de sus dedos rozar apenas antes de apartarse.— me parece un lindo detalle, no te hubieras molestado.

—No es molestia. Es para endulzar un poco tu existencia.

Me acaba de decir amargada, pero por alguna razón seguía sintiéndome agradecida y sin ganas de renegar.

—La otra cosa, es esto. —esculca en su bolsillo un par de segundos antes de sacar un puño de billetes, los extiende hasta mí con ambas cejas alzadas en mi dirección.

—¿Por qué me regalarías dinero? —pregunto— no soy pobre.

—Me lo dió mi tía. —explica— te mandó decir que hablaba en serio al decir que la casa invitaba.

—¿Cómo sabes que es mío? —me cruzo de brazos observándolo fijamente. Su sonrisa crece aún más antes de hablar.

—Porque ella no guarda dinero en sus bolsillos, y ayer sólo te abrazó a tí y a mí.

—Puede ser tuyo. —desafío con la mirada.

—Te miró su marido, Atenea. —sonríe burlón.

—No lo necesito. —menciono negando con la cabeza.

—No es si lo necesitas o no, es tu dinero.

—Bueno, entonces tómalo tú, cómo un pago por sacarme de aquí, la comida, la gasolina, la ambulancia y el chocolate. —menciono levantando ante sus ojos lo último.

—No voy a tomarlo, son obsequios, los obsequios no se pagan. —menciona seriamente tomando mi mano a la fuerza y colocando el dinero sobre ella.

Entrecierro los ojos en su dirección, olvidándome por un momento de lo amable que había sido, era un idiota por no aceptar mi dinero, si creía que podía cobrarse de alguna otra manera, estaba equivocado. Me doy la vuelta sobre mis talones y comienzo a caminar incluso más rápido que antes en dirección opuesta a él.

—No te puedes enojar por darte algo que ya es tuyo. —grita a mis espaldas, siento sus pasos detrás de mí hasta que me alcanza y se coloca a mi lado.

—Mira como si puedo. —murmuro dando vuelta a la izquierda y metiéndome al baño de mujeres, por suerte estaba vacío. Meto el chocolate en mi mochila junto al dinero y comienzo a lavar mis manos observándome en el espejo, me había quitado el parche esta mañana, y había cepillado mi cabello, aún así, parecía algo demacrada, como si realmente estuviera enferma. Escucho la puerta abrirse y me giro ante ella, pero solo es una chica que cuando la veo, sale inmediatamente. No pasan ni cinco segundos cuando la puerta vuelve a abrirse pero esta vez entrando Lucas a través de ella.

—Decía, no puedes molestarte porque te estoy dando algo que técnicamente ya es tuyo. —murmura caminando hasta mí.

—Es un baño de chicas, ¿si lo sabes no?

—pregunto señalando la salida.




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