En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 1 Mi lista perfecta

Cuando abrí los ojos, vi un techo blanco.

Y sentí un dolor horrible en la cabeza.

—Ay...

—¡Al fin despiertas!

Giré la cabeza y encontré a América sentada junto a la camilla de la enfermería.

Estaba sonriendo.

Demasiado.

Nunca es buena señal cuando América sonríe así.

—¿Qué pasó? —pregunté, incorporándome lentamente.

Ella intentó contener la risa.

Intentó.

Fracasó.

—Te desmayaste.

Cerré los ojos.

No.

No, no, no.

Por favor, no.

—¿Me desmayé?

—En plena clase de Educación Física.

Quise desaparecer.

—Dime que nadie me vio.

América volvió a reírse.

—Toda la escuela te vio.

Me tapé la cara con las manos.

Perfecto.

Exactamente la clase de atención que siempre intento evitar.

—Y eso no es lo peor.

—No quiero saberlo.

—Sí quieres.

—No quiero.

—Sí quieres.

Suspiré.

—Está bien. Habla.

América sonrió como si hubiera estado esperando ese momento toda su vida.

—Alexis te llevó hasta la enfermería.

Abrí los ojos de golpe.

—¿Qué?

—Te cargó.

—¿Qué?

—En brazos.

—¿QUÉ?

Ella soltó una carcajada.

Y yo sentí que quería volver a desmayarme.

Esta vez por vergüenza.

Porque Alexis no era cualquier chico.

Alexis era Alexis.

El capitán del equipo de básquet.

El chico más guapo de la escuela.

El chico que me gustaba desde los doce años.

Mi amor platónico.

Mi problema personal.

Mi razón para creer que respirar era opcional.

—No puede ser.

—Sí puede.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Voy a cambiarme de escuela.

—Dramática.

Quizá.

Pero entiéndanme.

Imaginen que llevan años observando al mismo chico desde lejos.

Años.

Y un día se desmayan frente a él.

No existe recuperación social después de eso.

Simplemente no existe.

—Además estaba preocupado —continuó América.

—No ayudes.

—Solo digo la verdad.

—Peor.

Ella volvió a reír.

Y yo decidí cambiar de tema antes de morir.

—¿Ya terminó la clase?

—Hace rato.

—Genial.

—¿Por qué?

—Porque ahora tengo menos testigos.

—Audrey...

—Déjame vivir mi duelo.

América negó con la cabeza.

—Vamos. Es hora del almuerzo.

Salimos de la enfermería y caminamos hacia la cafetería.

Mientras avanzábamos por los pasillos, varias personas me miraron.

O tal vez era paranoia.

Después de hacer el ridículo públicamente, ambas cosas eran posibles.

Nos sentamos con nuestras bandejas.

Y estaba a punto de dar el primer mordisco cuando alguien ocupó el asiento frente a mí.

Levanté la vista.

Y casi dejo caer el tenedor.

Alexis.

En persona.

Sonriéndome.

—Hola, Audrey.

Mi corazón decidió dejar de funcionar correctamente.

—H-hola.

Excelente.

Había olvidado hablar.

—¿Cómo te sientes?

—Bien.

Mentira.

—¿Segura?

—Sí.

Más mentira.

Alexis soltó una pequeña risa.

—Me alegra escucharlo.

Y entonces ocurrió.

La tragedia definitiva.

Me sonrió.

Directamente.

A mí.

No a otra persona.

No a una multitud.

A mí.

—Me preocupaste un poco.

Perfecto.

Ahora sí iba a morir.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte.

Se levantó de la mesa.

—Solo cuídate, ¿sí?

Asentí como una completa idiota.

Él sonrió una última vez y se alejó.

Yo me quedé inmóvil.

Mirando el lugar donde había estado.

—Respira —dijo América.

—No puedo.

—Sí puedes.

—No.

—Audrey.

—Creo que Alexis sabe que existo.

—Claro que sabe que existes.

—¿Cómo?

América me miró como si acabara de preguntarle si el cielo era azul.

—Porque eres bastante conocida en la escuela.

Parpadeé.

—¿Yo?

—Sí, tú.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué sería conocida?

América dudó unos segundos.

Y después sonrió.

Esa sonrisa.

La sonrisa peligrosa.

—Porque le gustas a Oswald.

—¿Quién?

—¿No sabes quién es Oswald?

—No.

—Audrey...

—¿Qué?

—A veces me preocupa que vivas en otra dimensión.

Sonó el timbre.

Y antes de que pudiera interrogarla más, tuvimos que ir a clase.

Genial.

Ahora tenía dos problemas.

Mi desmayo.

Y un tal Oswald.

No sabía que el segundo terminaría cambiando mi vida mucho más que el primero.

Entré al salón de Biología unos minutos después.

Casi todos los asientos estaban ocupados.

Excepto uno.

Al lado de un chico de cabello negro.

Y justo delante de Alexis.

Perfecto.

O terrible.

Todavía no estaba segura.

Me acerqué despacio.

—¿Está libre?

El chico levantó la vista.

Tenía una sonrisa fácil.

De esas que aparecen sin esfuerzo.

—Claro.

Me senté.

Intentando ignorar el hecho de que Alexis estaba justo detrás de mí.

—Gracias.

—No hay problema.

Hubo un pequeño silencio.

Luego él extendió una mano.

—Soy Oswald.

Me quedé inmóvil.

Oswald.

El famoso Oswald.

El mismo del que acababan de hablar.

—Audrey.

Él sonrió.

Y por alguna razón tuve la extraña sensación de que acababa de comenzar algo importante.



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En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

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