En mi lista ¡¡no Entras!!

Capítulo 5

Oswald

Estaba seguro de que me había humillado.

Completamente.

No por leer el poema.

Sino porque Audrey había entendido demasiado.

Durante toda la clase sentí su mirada sobre mí.

Y cada vez que giraba la cabeza, ella seguía observándome.

No sabía si eso era bueno o malo.

Solo sabía que me estaba poniendo nervioso.

—Estuvo hermoso —susurró de pronto.

Tragué saliva.

—Gracias.

—Hablo en serio.

Sonrió.

Y por un segundo olvidé respirar.

—Tienes mucho talento.

Miré mi cuaderno.

Era más fácil que mirarla a ella.

—No es para tanto.

—Claro que sí.

Hizo una pausa.

—La chica para la que escribiste debe ser muy especial.

Sentí que el corazón me daba un golpe en el pecho.

—¿Por qué lo dices?

—Porque nadie escribe así por alguien que no le importa.

Me quedé inmóvil.

Audrey seguía sonriendo.

Ajena al desastre que acababa de provocar.

—Supongo que sí —murmuré.

—¿Y ella lo sabe?

—No.

—¿Piensas decírselo?

Solté una pequeña risa.

Una de esas que salen cuando algo duele.

—No creo.

—¿Por qué?

Porque eres tú.

Porque tengo miedo.

Porque si me rechazas voy a seguir viéndote todos los días.

Pero nada de eso salió de mi boca.

—Porque algunas cosas es mejor guardarlas.

Ella bajó la vista.

Como si entendiera.

Y por alguna razón eso fue peor.

El timbre sonó segundos después.

Una salvación.

—Nos vemos luego —dije.

Y salí antes de que pudiera seguir preguntando.

Porque si me quedaba un minuto más iba a terminar confesándolo todo.

Audrey

Mamá llamó justo cuando salí del salón.

—Tu papá va a recogerlas. Busca a América.

—¿Pasó algo?

—Solo hazme caso, cariño.

La llamada terminó.

Y yo empecé a correr por el pasillo.

Literalmente correr.

Mala idea.

Choqué contra alguien.

Fuerte.

—¡Ay!

—¿Audrey?

Levanté la vista.

Alexis.

Perfecto.

Justo la persona contra la que no quería estrellarme.

—Lo siento.

—No, fue mi culpa.

Me ofreció la mano.

La acepté.

Pero al intentar levantarme tropecé otra vez.

Y terminé demasiado cerca.

Ridículamente cerca.

Sentí que mi cara ardía.

Alexis parecía igual de sorprendido.

Ninguno se movió.

Ni habló.

Ni respiró correctamente.

Hasta que una voz rompió el momento.

—¿Alexis?

Los dos giramos.

Y vi a Oswald.

Estaba inmóvil.

Con una expresión extraña.

Como si acabara de recibir una noticia horrible.

—Oswald... —dijo Alexis.

Pero él ya estaba retrocediendo.

—Entiendo.

—¿Qué entiendes? —pregunté confundida.

Sonrió.

Pero fue una sonrisa triste.

—Nada.

Y por primera vez desde que lo conocía...

Parecía realmente herido.

Después se dio la vuelta y se marchó.



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En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

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