En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 6 Un nuevo amigo sorpresa

Audrey

—¡Sorpresa!

Dos voces idénticas resonaron al mismo tiempo.

Parpadeé varias veces.

La sala estaba llena.

Tíos, primos, niños corriendo de un lado a otro y adultos hablando tan fuerte que parecía imposible escuchar los propios pensamientos.

Pero entonces los vi.

—No puede ser...

Dos chicos rubios sonrieron exactamente igual.

—¿Nos extrañaste? —preguntó Daniel.

Ni siquiera respondí.

Corrí hacia él y lo abracé con fuerza.

—¡Hey! ¡No puedo respirar!

—Te lo mereces por desaparecer un año entero.

—Yo también existo, por si acaso —protestó Matías cruzándose de brazos.

Lo solté inmediatamente para abrazarlo también.

—Mucho mejor.

—Mentira —gruñó él—. Ahora tengo el cabello arruinado.

Le despeiné más.

—Ahora sí está arruinado.

—Te odio.

—Tú me amas.

—Lamentablemente.

América apareció detrás de mí y repitió exactamente la misma secuencia de abrazos.

Daniel terminó sonrojado.

Matías terminó fastidiado.

Como siempre.

—¡A comer! —gritó mi mamá desde el comedor.

La familia entera avanzó como una estampida.

No exagero.

A veces estoy convencida de que compartimos ADN con una manada de búfalos.

Me acomodé en la mesa entre América y los gemelos mientras los adultos conversaban animadamente.

Por primera vez en toda la semana me sentía tranquila.

Hasta que mi celular vibró.

Número desconocido.

Fruncí el ceño.

Contesté.

—¿Hola?

Al otro lado escuché una respiración agitada.

—¿Audrey?

Mi espalda se tensó.

Reconocí esa voz.

Alexis.

—Sí.

—Necesito que vengas.

Algo en su tono hizo que se me encogiera el estómago.

—¿Qué pasó?

Hubo unos segundos de silencio.

—Oswald tuvo un accidente.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

—¿Qué?

—Lo atropellaron.

El ruido de la casa desapareció.

Ya no escuchaba las conversaciones.

Ni las risas.

Ni la música.

Nada.

—¿Está bien?

—Sí... creo que sí.

Su voz sonaba insegura.

Demasiado insegura.

—¿Dónde estás?

—Clínica International. Piso cuatro.

Me puse de pie tan rápido que casi tiro la silla.

—Voy para allá.

Colgué.

—¿Qué pasó? —preguntó América.

Tragué saliva.

—Oswald está en el hospital.

Los gemelos dejaron de bromear inmediatamente.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Daniel.

—Lo atropellaron.

—¿Quién te avisó? —preguntó América.

—Alexis.

Su expresión cambió.

Pero no dijo nada.

—Voy a verlo.

—Nosotros también.

Cinco minutos después ya estábamos camino a la clínica.

Y durante todo el trayecto no pude dejar de pensar en una sola cosa.

¿Por qué Alexis me llamó a mí?

La habitación olía a desinfectante.

Odiaba los hospitales.

Nunca sabía qué decir dentro de ellos.

La puerta tenía el número 10-A.

Respiré profundo antes de entrar.

Había varias personas dentro.

Una mujer de cabello oscuro se acercó apenas me vio.

—¿Audrey?

Asentí confundida.

Y de repente me abrazó.

—Gracias por venir.

Parpadeé sorprendida.

—¿Perdón?

La mujer sonrió.

Tenía los mismos ojos que Oswald.

—Soy Diana. Su mamá.

Ah.

Ahora todo tenía sentido.

—Me alegra conocerte.

Su sonrisa se hizo más amplia.

Demasiado amplia.

Como si acabara de descubrir algo maravilloso.

Y eso me puso un poco nerviosa.

—Puedes pasar a verlo.

Miré hacia la cama.

Y allí estaba.

Por primera vez.

Sin sonrisas burlonas.

Sin apodos ridículos.

Sin esa seguridad insoportable que parecía acompañarlo siempre.

Solo estaba él.

Con algunas vendas.

Raspones en el rostro.

Y una expresión extrañamente vulnerable.

Me dolió verlo así.

Y no entendí por qué.

Alexis se levantó de la silla.

Nuestros ojos se encontraron.

—Gracias por venir —murmuró.

Después salió de la habitación.

Dejándonos solos.

Me acerqué despacio.

—Vaya.

Oswald sonrió débilmente.

—¿Vaya qué?

—Te ves horrible.

Soltó una risa.

—Gracias. Qué amable.

—Siempre.

Por primera vez no respondió con una broma.

Solo me observó.

Como si estuviera comprobando que realmente estaba allí.

—No pensé que vendrías.

—Yo tampoco.

—Entonces, ¿qué haces aquí?

Me encogí de hombros.

—Supongo que me preocupé.

Algo brilló en sus ojos.

Algo que desapareció demasiado rápido.

—Eso es lindo.

Sentí una extraña incomodidad.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Rodé los ojos.

—Sigues siendo insoportable.

—Y tú sigues siendo Topollillo.

—Nunca voy a acostumbrarme a ese apodo.

—Ese es el objetivo.

Negué con la cabeza.

Y por primera vez desde que llegué, ambos sonreímos.

Sin tensión.

Sin nervios.

Sin Alexis en medio.

Solo nosotros.

—¿Sabes? —dije finalmente—. Me gustaría conocer al verdadero Oswald.

Su sonrisa desapareció un poco.

—¿Y si no te gusta?

—Entonces te lo diré.

Él soltó una pequeña risa.

—Trato hecho.

Le extendí la mano.

—¿Amigos?

Miró mi mano unos segundos.

Y luego la tomó.

—Amigos.

Pero ninguno de los dos la soltó inmediatamente.

Y por alguna razón, eso hizo que mi corazón latiera un poco más rápido.



#5217 en Novela romántica
#1467 en Chick lit
#1678 en Otros
#41 en No ficción

En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.