En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 7 La agradable familia

Capítulo 7

Oswald

Ninguno de los dos soltó la mano inmediatamente.

Y eso era un problema.

Porque cuanto más tiempo pasaba, más difícil me resultaba recordar que ahora éramos solo amigos.

Audrey fue la primera en reaccionar.

Retiró la mano lentamente y sonrió.

—Bueno... supongo que ya es oficial.

—¿Qué cosa?

—Somos amigos.

Mi corazón decidió ignorar la parte donde quería algo más.

—Sí.

Amigos.

Ella se acomodó en la silla junto a mi cama.

Y por primera vez desde que desperté en el hospital, me sentí tranquilo.

Ni siquiera el dolor parecía tan fuerte.

—¿Cómo te sientes? —preguntó.

—Como si hubiera intentado detener un camión con la cara.

Audrey soltó una carcajada.

—Al menos sigues siendo dramático.

—¿Dramático? Me atropellaron.

—Buen punto.

Ambos reímos.

Era extraño.

Normalmente yo me escondía detrás de bromas y comentarios estúpidos.

Pero con ella quería ser diferente.

Quería que conociera quién era realmente.

—Gracias por venir.

Ella me observó sorprendida.

—Ya me lo agradeciste.

—Lo sé.

—Entonces deja de hacerlo.

—No puedo.

—¿Por qué?

Porque llevo años enamorado de ti.

—Porque significa mucho para mí.

Sus mejillas se tiñeron ligeramente de rosa.

Y mi corazón volvió a hacer cosas raras.

—Bueno... me alegra que estés mejor.

Sonreí.

—¿Sabes?

—¿Qué?

—Hueles bien.

Silencio.

Audrey abrió los ojos.

—¿Qué?

Perfecto.

Otra vez había hablado sin pensar.

—Nada.

—No, no. Ya lo dijiste.

—Olvídalo.

—¿Acabas de decirme que huelo bien?

—Tal vez.

—Oswald...

—¿Sí?

—Eres raro.

Solté una risa.

—Lo tomaré como un cumplido.

Intenté mover el brazo y una punzada de dolor me atravesó el hombro.

—Auch.

—¿Estás bien?

Se acercó inmediatamente.

Demasiado cerca.

Y eso definitivamente no ayudaba.

—Sí. Solo hice un movimiento brusco.

—Mentira.

—¿Cómo sabes?

—Porque haces esa cara.

—¿Qué cara?

—La de "estoy mintiendo y espero que funcione".

No pude evitar reír.

—Me conoces demasiado para llevar solo dos días hablando.

—Tal vez eres fácil de leer.

Nos quedamos unos segundos en silencio.

Un silencio cómodo.

De esos que no necesitan llenarse con palabras.

Hasta que ella miró la hora.

—Rayos.

—¿Qué pasó?

—Mi familia.

—¿Problemas?

—Mi mamá probablemente está organizando mi funeral en este momento.

Reí.

—Entonces deberías ir.

—Probablemente.

Se puso de pie.

Y por alguna razón la habitación pareció mucho más vacía.

—Nos vemos mañana.

—Si sobrevivo a mi familia.

—Sobrevivirás.

Ella sonrió.

Y antes de que pudiera prepararme, besó mi mejilla.

Un gesto rápido.

Inocente.

Pero suficiente para dejarme completamente paralizado.

—Descansa, Oswald.

—Lo intentaré.

Audrey me dedicó una última sonrisa antes de salir de la habitación.

Y durante varios segundos me quedé mirando la puerta cerrada.

Como un completo idiota.

Porque Audrey Kells acababa de llamarme amigo.

Y yo estaba demasiado feliz por algo tan pequeño.

Audrey

Cuando salí de la habitación encontré a América conversando animadamente con la familia de Oswald.

Todos levantaron la vista al verme.

Y sonrieron.

Mucho.

Demasiado.

—Ahí está —dijo una chica de cabello castaño.

Antes de que pudiera reaccionar, me abrazó.

—Soy Ariel.

—Mucho gusto.

—Y esos son mis hermanos.

Un chico alto me saludó con la mano.

—George.

El otro simplemente asintió.

—Drake.

—Encantada.

George me observó unos segundos.

Luego sonrió.

—Así que tú eres Audrey.

—Sí.

Los tres intercambiaron una mirada extraña.

Como si acabaran de confirmar una teoría.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada —respondieron al mismo tiempo.

Mentira.

Claramente era algo.

América comenzó a reírse.

Traidora.

Mi celular sonó.

Daniel.

Contesté.

—¿Hola?

—¿DÓNDE ESTÁS?

Alejé el teléfono de mi oído.

—Qué bonito saludo.

—Tu madre está furiosa.

—¿Tanto así?

—Audrey, vuelve ahora mismo.

—Ya voy.

—Y no cuelgues...

Le colgué.

George soltó una carcajada.

—Definitivamente me caes bien.

—Gracias... creo.

La señora Diana tomó mis manos.

—Gracias por venir a verlo.

—No tenía por qué no hacerlo.

Su sonrisa se volvió más amplia.

Extrañamente amplia.

Como si aquello significara mucho más de lo que yo entendía.

—Vuelve cuando quieras.

—Lo haré.

Y para mi sorpresa...

Lo decía en serio.



#5217 en Novela romántica
#1467 en Chick lit
#1678 en Otros
#41 en No ficción

En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.