En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 10

Oswald

Era lunes.

Y mi cuerpo lo sabía.

Por eso estaba apoyado contra una pared del pasillo, con cara de morsa deprimida y una taza imaginaria de café en la mano.

Bueno, no tenía café.

Pero sí tenía algo igual de vergonzoso.

Mi libro favorito.

After.

No me juzguen.

Estaba tan concentrado leyendo que casi no noté cuando Audrey apareció al final del pasillo junto a América.

Las dos venían riéndose de algo.

Entonces Audrey me vio.

Y sonrió.

Mi corazón decidió olvidarse de cómo funcionar durante unos segundos.

—Hola —saludaron ambas.

—Hola —respondí, intentando parecer normal.

Spoiler: no lo logré.

—¿Cómo estás? ¿Ya te sientes mejor? —preguntó Audrey.

Su voz estaba llena de preocupación genuina.

Y, sinceramente, se veía adorable.

—Sí. Todavía me duele un poco el cuerpo, pero mucho mejor.

—Me alegra escucharlo.

Luego señaló el libro que sostenía.

—¿Qué estás leyendo?

Entré en pánico.

—Eh...

Demasiado tarde.

Audrey me arrebató el libro de las manos.

—¡¿Estás leyendo After?!

Sentí cómo mis orejas se incendiaban.

—Sí...

Agaché la cabeza.

Quería desaparecer.

Morir.

Mudirme a otro continente.

Las dos soltaron un grito tan fuerte que varias personas voltearon a mirarnos.

—¡¡Te gusta leer!!

—¡¡A mí también!!

—¡¡Y a mí!! —agregó América.

Las observé confundido.

¿Por qué estaban tan emocionadas?

—Chicas... cálmense.

—Es que casi ningún chico de nuestra edad lee novelas románticas —explicó Audrey.

—Y menos que lo admita —añadió América.

No pude evitar sonreír.

—Entonces no soy el único raro.

—Definitivamente no —rió Audrey.

Durante unos segundos nos quedamos sonriendo como idiotas.

Y fue agradable.

Hasta que una voz interrumpió el momento.

—Ejem.

Nos giramos.

Alexis.

—¿Dónde estabas? —me preguntó.

—¿Y para qué te importa?

—Porque te estuve buscando.

—No es mi culpa que seas lento.

—Hola, Alex —saludó Audrey.

La expresión de Alexis cambió inmediatamente.

—Hola.

Y ahí pasó algo extraño.

Los dos se quedaron mirándose.

Como si hubieran olvidado que el resto del mundo existía.

Audrey sonreía.

Alexis también.

Y yo estaba ahí, observando.

Incómodo.

Muy incómodo.

—Ejem, ejem.

Los dos reaccionaron al mismo tiempo.

—Bueno... ya debemos ir a clase —dijo Alexis rápidamente.

Definitivamente aquí pasaba algo.

Después de despedirnos de las chicas, caminamos hacia nuestro salón.

—¿Desde cuándo te llevas tan bien con Audrey? —pregunté casualmente.

—Desde que tuviste el accidente.

Lo dijo tan natural que parecía sincero.

Aun así...

No estaba convencido.

—Estoy nervioso por el examen de matemáticas.

Alexis soltó una carcajada.

—Siempre estás nervioso por los exámenes.

—Porque me importan.

—Oswald, eres joven. Deberías salir más. Ir a fiestas. Divertirte.

—Yo me divierto.

—¿Leyendo libros?

—Hay personas que disfrutan cosas diferentes.

—Y hay personas que desperdician su adolescencia.

—Las fiestas me aburren.

—Pues hoy irás a una.

Me detuve.

—¿Qué?

—Esta noche. Nueve en punto.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—¿Y si no voy?

Alexis sonrió.

Una sonrisa peligrosa.

—Porque Audrey irá.

Maldito.

—Nos vemos luego.

Entró al salón mientras yo me quedaba ahí, maldiciéndolo mentalmente.

Durante el examen confirmé dos cosas.

La primera:

Las matemáticas estaban ridículamente fáciles.

La segunda:

La chica sentada a mi lado era una descarada.

No dejaba de copiar mis respuestas.

Cuando cubrí mi examen con el brazo, me pateó la pierna por debajo de la mesa.

Dolió.

Mucho.

Por suerte ya había terminado.

Entregué mi hoja.

Le expliqué al profesor que todavía me sentía algo mal por el accidente.

Milagrosamente me dejó salir.

Los pasillos estaban casi vacíos.

Silenciosos.

Tranquilos.

Justo como me gustaban.

Hasta que escuché risas.

Dos chicos rubios caminaban por el corredor.

Parecían estar divirtiéndose demasiado.

No les presté atención.

Seguí caminando.

—¡Hey, tú!

Los ignoré.

—¿Acaso eres sordo?

Seguí caminando.

Error.

Escuché pasos acelerados.

Y al segundo siguiente algo cayó encima de mí.

—¡¡¿Pero qué rayos?!!

—¿Por qué no te detuviste? —preguntó el rubio que me había saltado encima.

—Porque no quise.

Lo empujé.

—Y ahora bájate.

Los dos intercambiaron una mirada divertida.

Como si aquello fuera el mejor espectáculo del mundo.

—¿Qué quieren?

—Estamos aburridos —dijo uno.

—Y pareces entretenido —agregó el otro.

Los observé.

Definitivamente estaban locos.

—Me llamo Daniel.

—Y yo Matías.

—Oswald.

—Mucho gusto.

—¿No deberían estar en clase?

—Nos acabamos de matricular hoy —explicó Daniel.

—Empezamos mañana.

Eso tenía sentido.

Más o menos.

—¿Conocen a alguien aquí?

—Nuestra prima.

—¿Cómo se llama?

—Audrey Kells.

Me quedé inmóvil.

Claro.

El mismo cabello rubio.

Los mismos ojos.

¿Cómo no me había dado cuenta antes?

—Ah... Audrey.

—¿La conoces? —preguntó Matías.

—Sí.

Los dos intercambiaron una mirada.

Una de esas miradas que dan miedo.

—¿Cómo dijiste que te llamabas?

—Oswald.

Silencio.

Daniel abrió los ojos.

Matías también.

Y ambos gritaron al mismo tiempo:

—¡¡¿TÚ ERES OSWALD?!!

De repente tuve la sensación de que mi día estaba a punto de empeorar.



#5217 en Novela romántica
#1467 en Chick lit
#1678 en Otros
#41 en No ficción

En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.