Audrey
Estaba sentada bajo las gradas de la cancha junto a América.
Le estaba contando todo lo que había pasado durante los últimos días.
Lo de Alexis.
Lo del baño.
Lo del parque.
Lo de Oswald.
Y mientras más hablaba, más molesta parecía ella.
—¡¡¿Cómo es posible?!! —exclamó indignada.
Varias personas voltearon a mirarnos.
—No lo sé...
Sentí que mi voz se quebraba.
Todavía dolía.
Más de lo que quería admitir.
América me rodeó con los brazos.
—Ya, linda.
Apoyé la cabeza en su hombro.
—Él se lo pierde.
—América...
—No, hablo en serio.
Se apartó un poco para mirarme.
—No se dio cuenta de la increíble chica que tenía frente a él.
Mis ojos comenzaron a humedecerse.
—Ya encontrarás a alguien que te ame con locura.
—Que te respete.
—Que te sea fiel.
—Y que te haga feliz.
Le sonreí débilmente.
—Gracias.
Definitivamente América era la mejor amiga del mundo.
—Ahora cambiando de tema...
Eso nunca era buena señal.
—¿Qué?
—Los gemelos me contaron que vas a ir a una fiesta.
—Ah.
—¿Hace cuánto tiempo no vas a una?
—No tanto.
América me observó.
Luego comenzó a reír.
—¿No tanto?
—No.
—Audrey, desde la época de los dinosaurios que no sales.
—Exagerada.
—Desde la época de mi abuela.
—No le faltes el respe...
No pude terminar.
Su expresión era tan dramática que terminé riéndome.
—Lo sabía.
—¿Qué?
—Todavía sabes sonreír.
Le saqué la lengua.
—Esta tarde iremos de compras.
—América...
—Sin peros.
—Pero...
—Sin.
—Peros.
Suspiré.
—Está bien.
—Perfecto.
—Esta noche vas a olvidarte de todo.
Asentí.
Pero entonces América dejó de hablar.
Su mirada estaba fija detrás de mí.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—América.
—Voltea.
Y lo hice.
Entonces los vi.
Oswald estaba hablando con una chica.
Una chica morena de cabello crespo.
Tenía una sonrisa bonita.
Y era bastante atractiva.
Los dos se estaban riendo.
Ella parecía divertida.
Y Oswald también.
No sé por qué.
Pero algo extraño se instaló en mi pecho.
Una molestia.
Una sensación incómoda.
Y fruncí el ceño.
—¿Audrey?
Volteé.
América me observaba.
—¿Qué?
—¿Estás bien?
—Sí.
—No pareces bien.
—¿Por qué?
—Porque estás apretando los puños.
Bajé la mirada.
Era cierto.
Rápidamente relajé las manos.
—Ah.
—¿Ah?
—No me había dado cuenta.
América sonrió.
Una sonrisa sospechosa.
—Claro.
La ignoré.
—¿Los saludamos?
Me levanté inmediatamente.
Por alguna razón necesitaba hacerlo.
América también se puso de pie.
—Claro.
Nos acercamos.
La chica fue la primera en notarnos.
Le dijo algo a Oswald.
Él volteó.
Y apenas me vio sonrió.
De inmediato.
Sin dudar.
Mi corazón hizo algo raro.
Muy raro.
—Hola, Oswald —saludó América.
—Hola, Audrey.
Su sonrisa se hizo más grande.
—Hola, América.
Me acerqué.
Y antes de pensarlo demasiado le di un beso en la mejilla.
Sentí cómo se quedaba congelado.
Completamente congelado.
Hasta sus orejas se pusieron rojas.
La chica carraspeó.
—Ejem.
Nos separamos.
—Ah, cierto.
Oswald parecía nervioso.
—Ella es Dalia.
La muchacha nos sonrió.
—Mucho gusto.
—Igualmente —respondió América.
—Hola —dije.
Intenté sonreír.
Pero ni yo misma sabía qué expresión estaba haciendo.
—Dalia es una amiga nueva.
—Ah.
No sabía por qué me molestaba escuchar eso.
Y eso era todavía peor.
—Bueno...
Dalia tomó el brazo de Oswald.
—¿Vamos?
—Claro.
Oswald levantó una mano.
—Nos vemos luego.
Y los vi alejarse juntos.
Hablando.
Riendo.
Como si se conocieran desde hace años.
No entendía por qué.
Pero Dalia me caía mal.
Mucho.
Dalia
Oswald volvió a reírse.
—No tiene gracia.
—Claro que la tiene.
—Me caí de una bicicleta.
—Precisamente por eso.
Le di un golpe suave en el hombro.
—Qué cruel.
—Lo siento.
—No es cierto.
—No.
Y volvimos a reír.
Entonces recordé algo.
—Así que ella es Audrey.
Su sonrisa apareció inmediatamente.
Y eso me llamó la atención.
—Sí.
—Parece agradable.
Mentí.
Porque no era lo que pensaba.
Había algo en ella que me ponía incómoda.
No sabía qué.
—Creo que todavía no me convence.
Oswald levantó una ceja.
—¿Te cae mal?
—No.
—Entonces...
—Supongo que necesito conocerla mejor.
Él pareció relajarse.
—Ya verás que te agradará.
Observé su expresión.
La forma en que hablaba de ella.
La forma en que sonreía.
La forma en que sus ojos brillaban.
Y entonces entendí algo.
Algo muy evidente.
Oswald estaba completamente enamorado.
—¿Qué? —preguntó al notar que lo observaba.
—Nada.
Sonreí.
—Solo estaba pensando.
—Eso suena peligroso.
—Lo es.
Y mientras seguíamos caminando una pregunta apareció en mi cabeza.
¿Por qué alguien como él se habría enamorado de Audrey?
Alexis
Flashback
—Porque eres inseguro.
—Porque no te amas.
—Porque ninguna chica se fijaría en alguien como tú.
Vi cómo Oswald bajaba la cabeza.
Vi el dolor en sus ojos.
Y aun así seguí hablando.
—Audrey solo estaría contigo por lástima.