En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 20

Audrey

Si alguien me hubiera preguntado dónde estaba en ese momento, probablemente no habría sabido responder.

Porque mi mente estaba demasiado ocupada disfrutando el concierto.

Las luces iluminaban el escenario.

La música retumbaba en todo el lugar.

Y frente a nosotros estaba Bruno Mars interpretando una de mis canciones favoritas.

La multitud cantaba emocionada.

Yo también.

Y por primera vez en mucho tiempo me olvidé de todo.

De los problemas.

De la escuela.

De Alexis.

De todo.

Solo existía la música.

Y Oswald.

Volteé a verlo.

Estaba cantando también.

No tan fuerte como yo.

Pero sonreía.

Y se veía feliz.

Entonces nuestras manos se encontraron.

No recuerdo quién tomó la mano de quién primero.

Solo recuerdo que no quise soltarla.

Seguimos cantando junto a miles de personas.

Riéndonos.

Empujándonos suavemente.

Disfrutando del momento.

Y mientras lo hacía, una idea cruzó mi cabeza.

Una peligrosa.

Porque me gustaba estar con él.

Me gustaba demasiado.

Y eso me asustaba.

Mucho.

La canción llegó a una de sus partes más románticas.

Las luces se volvieron más suaves.

La multitud comenzó a balancearse.

Y entonces sentí a Oswald acercarse.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Mi respiración se detuvo.

Él me observó durante unos segundos.

Como si estuviera reuniendo valor.

Como si quisiera asegurarse de algo.

Y entonces...

Me besó.

Fue un beso suave.

Lento.

Torpe.

Perfectamente imperfecto.

Mi corazón comenzó a latir tan rápido que pensé que explotaría.

Y para mi sorpresa...

Le correspondí.

Lo hice.

Porque me gustó.

Porque estar con él me hacía sentir bien.

Porque cuando estaba cerca todo parecía más fácil.

Pero entonces apareció.

La lista.

Mi estúpida lista.

Rubio.

Ojos claros.

Seguro de sí mismo.

Nada cursi.

Nada romántico.

Nada parecido a Oswald.

Abrí los ojos de golpe.

Y el pánico me invadió.

Me separé.

Él también parecía confundido.

—Audrey...

Retrocedí un paso.

—Lo siento.

—¿Qué ocurre?

Mi pecho subía y bajaba rápidamente.

Ni siquiera entendía lo que estaba sintiendo.

—Esto está mal.

—¿Qué está mal?

—Nosotros.

La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.

—¿Nosotros?

—Tú no eres el tipo de chico que me gusta.

Apenas pronuncié esas palabras, quise tragármelas.

Pero ya era tarde.

Vi cómo algo cambiaba en sus ojos.

—¿Qué significa eso?

—Yo...

No sabía cómo explicarlo.

No sabía cómo decir que me estaba asustando.

Que sentir algo por él rompía todas las ideas que había tenido sobre el amor.

—Los chicos que me gustan son diferentes.

—¿Diferentes cómo?

Bajé la mirada.

—Rubios... ojos claros... menos románticos...

Su mandíbula se tensó.

—Ya veo.

—Oswald...

—Entonces te gustan los chicos como Alexis.

—¡No!

—¿No?

—No es eso.

—¿Entonces qué es?

No supe responder.

Porque ni yo misma lo entendía.

—Pensé que eras distinta.

Su voz sonó más baja.

Más herida.

—Oswald...

—Pensé que veías a las personas por lo que son.

Cada palabra golpeó mi pecho.

—Yo sí hago eso.

—¿De verdad?

Me sostuvo la mirada.

—Porque todo lo que acabas de decir tiene que ver con la apariencia.

No encontré argumentos.

No encontré nada.

Porque tenía razón.

Y eso era lo peor.

—No quería decirlo así.

—Pero lo dijiste.

El dolor en sus ojos comenzaba a transformarse en decepción.

Y eso me hizo sentir peor.

Mucho peor.

—No quiero seguir hablando de esto.

Se giró para marcharse.

Y el miedo habló antes que yo.

El miedo a perder la discusión.

El miedo a admitir que estaba equivocada.

El miedo a aceptar que me gustaba.

—¡No es mi culpa que seas feo!

El silencio fue inmediato.

Incluso la música pareció desaparecer.

Oswald se quedó inmóvil.

Completamente inmóvil.

Lentamente se volvió hacia mí.

Su rostro había perdido todo color.

—¿Qué... dijiste?

Mi corazón cayó al suelo.

Porque esta vez sí entendí lo que acababa de hacer.

Y no había forma de arreglarlo.

Vi cómo sus ojos se llenaban de lágrimas.

No de rabia.

De dolor.

Un dolor tan profundo que me dejó sin aire.

—Ahora lo entiendo.

Su voz estaba quebrada.

—Todo este tiempo intenté convencerme de que eras diferente.

Una lágrima resbaló por su mejilla.

—Pero me equivoqué.

—Oswald, yo...

—No.

Negó con la cabeza.

—No quiero escucharte.

Tragué saliva.

—Por favor...

—No.

Sus ojos brillaban por las lágrimas.

—Eres la persona más superficial que he conocido.

Sentí que el mundo se derrumbaba bajo mis pies.

—Te juro que no quise...

—Te odio, Audrey Kells.

Su voz se rompió por completo.

—Y no quiero volver a hablar contigo.

Entonces se dio la vuelta.

Y se fue.

Yo me quedé inmóvil entre la multitud.

Escuchando la música.

Viendo las luces.

Sintiendo cómo algo dentro de mí acababa de romperse.

Porque por primera vez...

Comprendí que acababa de lastimar a alguien que de verdad me quería.

Y no sabía cómo arreglarlo.



#5217 en Novela romántica
#1467 en Chick lit
#1678 en Otros
#41 en No ficción

En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.