En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 23

Audrey

Y como decía...

El lugar donde comenzó todo.

Abrí los ojos lentamente y lo primero que sentí fue un dolor horrible en la cabeza.

—Au...

—Por fin despiertas.

Giré la cabeza.

América estaba sentada a mi lado, comiendo unas papas fritas que no sé de dónde había sacado.

—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

—Unos minutos. Aunque parecieron horas porque eres muy dramática.

—Gracias por la preocupación.

—De nada.

Intenté incorporarme.

Error.

Mi cabeza protestó inmediatamente.

—Agg... me duele.

—Normal. Te dieron un pelotazo digno de campeonato.

Me llevé una mano a la frente.

—¿Quién me trajo aquí?

América sonrió.

Y esa sonrisa no me gustó.

—Oswald.

Me quedé congelada.

—¿Qué?

—Te cargó hasta la enfermería.

—...

—Mientras decía que eras una irresponsable.

—Eso suena más a él.

—La verdad sí.

Rodé los ojos.

—Ni pienses que voy a agradecerle.

—Claro.

—Ni loca.

—Por supuesto.

—Jamás.

—Audrey.

—¿Qué?

—Todos sabemos que quieres agradecerle.

La apunté con un dedo acusador.

—Traidora.

Ella soltó una carcajada.

—Bueno, dejando de lado tu crisis emocional... ¿cómo te sientes?

—Como si un camión hubiera usado mi cabeza de estacionamiento.

—Excelente. Entonces sobrevivirás.

Miré alrededor.

La enfermería estaba vacía.

—¿Y la enfermera?

—En la cafetería.

—¿Todos están en la cafetería?

—Sí.

—¿Y tú?

América bajó la mirada.

—No tenía dinero.

La observé unos segundos.

—Lo sabía.

—Pero me quedé contigo por amistad.

—Claro.

—Y porque no tenía dinero.

—Mucho más creíble.

Ella sonrió orgullosa.

—Lo sé.

Me levanté de la camilla.

—¿Y Daniel?

—Está en las audiciones del equipo de fútbol americano.

Mis ojos brillaron.

Los de América también.

Nos miramos.

Sonreímos.

Y al mismo tiempo dijimos:

—Vamos.

La cancha principal estaba llena.

Estudiantes.

Entrenadores.

Jugadores.

Gritos.

Silbatos.

Todo el colegio parecía haberse reunido ahí.

América y yo encontramos un lugar en las gradas.

Abajo, Daniel corría junto al resto de aspirantes.

Llevaba el uniforme de entrenamiento.

Y, aunque me doliera admitirlo...

Parecía bastante bueno.

—Mira cómo corre.

—Estoy mirando.

—Es increíble.

—Lo estás babeando.

—Y tú estás soltera.

—Golpe bajo.

—Lo sé.

El entrenador lanzó el balón.

Daniel lo atrapó.

Y salió disparado.

Tres jugadores intentaron detenerlo.

Los tres terminaron en el suelo.

—¡VAMOS, DANIEL! —gritó América.

Yo también terminé levantándome.

—¡CORRE, RUBIO!

Daniel cruzó la línea.

Punto.

Las gradas explotaron.

América casi me deja sorda.

Entonces noté algo.

Había alguien más observando desde un lado del campo.

Un chico alto.

Casco negro.

Uniforme completo.

No podía verle el rostro.

Pero Daniel se acercó a él.

Se chocaron las manos.

Hablaron unos segundos.

Y entonces el chico se quitó el casco.

Mi mandíbula casi toca el suelo.

—¿Oswald?

América me miró confundida.

—¿No sabías?

—¡NO!

—Pensé que sí.

—Gracias por avisarme.

—De nada.

—Era sarcasmo.

—También.

Volví a mirar el campo.

Oswald estaba riendo con Daniel.

Parecía completamente diferente al chico que conocí.

Seguro.

Popular.

Con confianza.

Como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.

Y de pronto me di cuenta de algo.

Tal vez yo nunca lo había conocido realmente.

Cuando terminaron las pruebas, América se puso de pie.

—Voy a felicitar a mi novio.

—Qué sorpresa.

—¿Vienes?

—No.

—¿Segura?

—Sí.

—Bien. No te muevas.

—No soy un perro.

—A veces sí.

Y se fue corriendo.

La observé lanzarse sobre Daniel.

Él la atrapó antes de que ambos terminaran en el suelo.

Empalagosos.

Saqué mi celular.

Ningún mensaje.

Ninguna llamada.

Nada.

Mi vida social era realmente deprimente.

Entonces sentí una presencia detrás de mí.

Y me sobresalté.

—Tranquila.

Reconocería esa voz en cualquier lugar.

Levanté la vista.

Oswald.

—Oye, ni que fuera tan feo.

—Pues sí lo eres.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

Por costumbre.

Por nervios.

Por estupidez.

Su sonrisa desapareció.

—Sí.

Su voz sonó extrañamente tranquila.

—Creo que eso ya me quedó bastante claro.

Sentí una punzada de culpa.

—Yo...

—No empieces.

—Solo quería...

—¿Agradecerme?

Asentí.

—No es necesario.

—Pero...

—América me pidió que te llevara.

Su tono fue frío.

Demasiado frío.

—Lo hice por ella.

No por ti.

Sentí algo romperse dentro de mí.

Porque antes él jamás me habría hablado así.

Jamás.

Intenté cambiar de tema.

—¿Te gusta ser popular?

Él arqueó una ceja.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Solo responde.

—Sí.

—No pareces el tipo de persona que disfruta eso.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Pero no era una sonrisa feliz.

—Porque nunca me conociste de verdad.

Eso dolió más de lo que esperaba.

—Oswald...

—Antes de ti yo ya era popular.

Capitán del equipo.

Buenas notas.

Muchos amigos.

Simplemente dejé de prestar atención a todo eso.

Lo observé en silencio.

—Eras diferente.

—No.

Sacudió la cabeza.

—Solo te mostré una parte de mí.



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En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

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