En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 26

Capítulo 27

Audrey

Lo único que alcancé a ver fue a Oswald sujetando a Alexis del brazo y arrastrándolo hacia el jardín delantero antes de que la situación empeorara.

—¿Qué...?

—Déjalos —murmuró Daniel, pasándose una mano por el cabello—. Necesitan hablar.

O pelearse.

Cualquiera de las dos opciones era posible.

En ese momento la puerta principal se abrió por completo y apareció mi padre con su maletín.

Miró a todos los presentes.

Luego miró la puerta por donde acababan de salir Alexis y Oswald.

Después volvió a mirarnos.

—Hija... —dijo con calma—. Consíguete amigos normales.

Solté una carcajada.

—No son mis amigos.

—¿No?

—Son de Daniel.

—Ah.

Mi padre asintió.

—Eso lo explica todo.

Mi madre intentó ocultar una sonrisa.

Daniel le lanzó una almohada del sofá.

—¡Oigan!

Todos comenzaron a reír.

La tensión desapareció casi por completo.

Un rato después, cuando Alexis y Oswald ya se habían marchado, América me arrastró escaleras arriba.

Literalmente.

—¡América!

—Cállate y camina.

—¿Me estás secuestrando?

—Sí.

—Bien.

Llegamos a mi habitación.

Me dejé caer sobre la cama mientras ella se sentaba frente a mí con expresión solemne.

Demasiado solemne.

—¿Qué pasa?

No respondió.

—¿Se murió alguien?

—No.

—¿Estás embarazada?

—¡AUDREY!

—Entonces habla.

América respiró hondo.

—Quiero que mañana hagamos las audiciones para entrar al equipo de porristas.

Hubo tres segundos de silencio.

Y después me eché a reír.

Fuerte.

Muy fuerte.

Tan fuerte que me dolió el estómago.

Pero América seguía seria.

Completamente seria.

Poco a poco mi risa desapareció.

—Espera...

Ella asintió.

—Hablas en serio.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Mi respuesta final es no.

Al día siguiente

Resultó que mi respuesta final no significaba absolutamente nada.

Porque ahí estaba.

De pie.

Con pompones en las manos.

En las audiciones para porristas.

Definitivamente necesitaba replantearme algunas amistades.

América, en cambio, parecía estar viviendo el mejor día de su vida.

Saltaba de un lado a otro como si hubiera tomado diez cafés seguidos.

Frente a nosotras estaba la capitana del equipo.

Wedny.

Por supuesto.

Porque el universo me odiaba.

Las chicas fueron formando una fila mientras Wedny revisaba una libreta.

Cuando llegó frente a mí levantó una ceja.

—¿Tú qué haces aquí?

—Audicionando.

—No parece.

—Pues abre más los ojos.

Algunas chicas soltaron risitas.

Wedny me fulminó con la mirada.

—Dudo que pases.

—Qué pena. Yo sí confío en mí.

Su sonrisa se volvió forzada.

Claramente no esperaba una respuesta.

Las audiciones comenzaron.

Algunas chicas lo hicieron bastante bien.

Otras parecían estar luchando por mantenerse de pie.

Cuando llegó el turno de América, todos se quedaron mirando.

Mi amiga hizo una voltereta.

Luego otra.

Y después una triple voltereta.

Como si la gravedad no existiera para ella.

—Perfecto —admitió Wedny.

América regresó saltando de felicidad.

—¡Lo hice!

—Nunca tuve dudas.

—Mentirosa.

—Sí.

Entonces llegó mi turno.

Mis manos comenzaron a sudar.

—Triple voltereta —ordenó Wedny.

Respiré profundo.

Vamos, Audrey.

No hagas el ridículo.

Tomé impulso.

Giré.

Aterricé.

Perfecto.

Escuché algunos murmullos sorprendidos.

Wedny frunció el ceño.

—Haz una rueda.

Lo hice.

—Otra vez.

La repetí.

—Más rápido.

La repetí.

Ya era evidente que me estaba poniendo pruebas extras.

Pero no iba a darle el gusto de verme fallar.

Cuando terminé, varias chicas estaban observándome.

Incluso Wedny parecía molesta.

—No sé...

Se tocó el mentón.

—No me convences.

Justo en ese momento apareció el equipo de fútbol americano.

Las conversaciones se detuvieron.

Y los suspiros comenzaron.

Sí.

Los chicos habían llegado.

Entre ellos venían Daniel y Oswald.

Mi corazón traidor decidió acelerarse.

Oswald caminó directamente hacia Wedny.

Ella sonrió.

Él le dio un beso en la mejilla.

Escuché los murmullos.

—Hacen linda pareja.

—Se ven perfectos juntos.

—Qué suerte tiene ella.

Intenté ignorarlos.

Intenté.

No pude.

Entonces Oswald miró hacia nuestra dirección.

Nuestros ojos se encontraron durante apenas un segundo.

Uno solo.

Pero fue suficiente para que me sintiera incómoda.

—¿Qué ocurre? —preguntó él.

—No estoy segura de aceptarla —respondió Wedny señalándome.

Oswald la observó.

—¿Hizo todo lo que le pediste?

—Sí.

—Entonces deberías aceptarla.

Así de simple.

Sin emoción.

Sin sonrisas.

Sin nada.

Como si yo fuera una desconocida.

—Bien —bufó Wedny—. Estás dentro.

Me encogí de hombros.

—Gracias.

Y me marché.

Apenas salí, América me abrazó.

—¡Pasamos!

—Sí.

—¡Vamos a ser porristas!

—Todavía me cuesta creerlo.

—Ya te acostumbrarás.

En ese momento apareció Dalia.

—¡Felicidades!

—Gracias —respondimos al mismo tiempo.

Dalia sonrió.

Luego miró hacia la cancha.

—¿Han visto a Oswald?

América señaló detrás de ella.

—Por ahí.

Dalia siguió la dirección de su dedo.

Su sonrisa desapareció.

Frunció el ceño.

Y se marchó.

Curioso.

Muy curioso.

Unos minutos después aparecieron Daniel y Matías.



#5217 en Novela romántica
#1467 en Chick lit
#1678 en Otros
#41 en No ficción

En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.