En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 27

Capítulo 28

Audrey

—¿Qué?

Miré a Alexis como si acabara de pedirme que me mudara a otro país.

Él soltó una pequeña risa nerviosa.

—Que vengas conmigo a la fiesta del viernes.

—Te escuché la primera vez.

—Entonces...

—Entonces no.

Su sonrisa se borró un poco.

—¿Por qué no?

—Porque no quiero.

—Vamos, Audrey.

—No.

—Por favor.

—No.

—Te prometo que será divertido.

—Lo dudo.

Alexis se pasó una mano por el cabello, claramente buscando una nueva estrategia.

—Seré tu chofer.

—No.

—No me separaré de ti en toda la noche.

—Eso no ayuda.

—Te protegeré de cualquier persona molesta.

—La persona molesta eres tú.

—Eso fue cruel.

—Y cierto.

Él suspiró dramáticamente.

—Audrey, solo necesito una compañera para la fiesta.

—Hay cientos de chicas en esta escuela.

—Ninguna me interesa.

Mi corazón no reaccionó.

Ni un poco.

Porque ya no era como antes.

—Alexis...

—Solo esta vez.

Lo pensé unos segundos.

La fiesta sería un desastre.

Lo sabía.

Pero también sabía que si seguía negándome no dejaría de insistir.

—Está bien.

Sus ojos se iluminaron.

—¿En serio?

—Sí.

—¡SÍ!

Varias personas voltearon a mirarnos.

—Baja la voz.

—Aceptó.

—Lo sé.

—¡Aceptó!

—Alexis...

—Perdón.

Negué con la cabeza.

Era imposible.

—Pero si me abandonas en la fiesta...

—No lo haré.

—Si me abandonas, fingiré que nunca te conocí.

—Trato hecho.

Y antes de que pudiera reaccionar, me abrazó.

Me quedé rígida.

Completamente rígida.

Por suerte se apartó rápido.

—Nos vemos el viernes.

—Sí.

—Será genial.

—Ajá.

—Muy genial.

—Alexis.

—Ya me voy.

Y finalmente se alejó.

Suspiré.

Algo me decía que aquella fiesta traería problemas.

Muchos problemas.

Oswald

—¿No hacen bonita pareja?

Ignoré a Wedny.

—Oswald.

La ignoré otra vez.

—Oswald.

—¿Qué?

—Dije que hacen bonita pareja.

Volteé.

A lo lejos podía ver a Audrey hablando con Alexis.

Él parecía feliz.

Demasiado feliz.

Y yo no quería analizar por qué me molestaba tanto verlo.

—No hacen bonita pareja.

—Yo creo que sí.

—Pues yo no.

—Los dos son rubios.

—¿Y?

—Sus hijos serían lindos.

La miré.

—¿Qué clase de argumento es ese?

—Uno válido.

Rodé los ojos.

—Me voy a casa.

—¿Ya?

—Sí.

—Bueno, descansa.

Intentó acercarse para besar mi mejilla.

Me aparté antes de que lo lograra.

Otra vez.

Últimamente hacía eso mucho.

—Nos vemos mañana.

—Adiós, Oswaldi.

Hice una mueca.

Odiaba ese apodo.

Comencé a caminar antes de que pudiera seguir hablando.

Necesitaba silencio.

Necesitaba pensar.

Necesitaba dejar de pensar en Audrey.

Lamentablemente, el universo parecía tener otros planes.

Porque apenas doblé una esquina...

Choqué contra alguien.

—¡Oye!

Reconocería esa voz en cualquier parte.

Audrey.

Levanté la vista.

Ella también me estaba mirando.

Por un segundo ninguno dijo nada.

Hasta que ella suspiró.

—Ahora verte se está convirtiendo en una costumbre.

—Créeme, el sentimiento es mutuo.

—Qué amable.

—Siempre lo fui.

Su expresión se suavizó apenas.

Y eso hizo que algo se removiera dentro de mí.

No.

No iba a volver a caer.

No otra vez.

—Escucha —dije finalmente—. Estoy cansado de pelear.

Ella pareció sorprendida.

—¿Qué?

—Ya entendí que no te gusto.

Su mirada bajó.

—Oswald...

—Déjame terminar.

Tomé aire.

—Me dolió. Mucho.

Más de lo que imaginaba.

Más de lo que quería admitir.

Pero sobreviví.

Y seguiré adelante.

Ella guardó silencio.

—Así que... ¿podemos dejar las cosas en paz?

—¿Paz?

—Sí.

—¿Amigos?

La palabra sonó extraña.

Porque una parte de mí todavía quería mucho más que eso.

Pero asentí.

—Amigos.

Le extendí la mano.

Después de unos segundos, ella la tomó.

Su piel seguía siendo cálida.

Y odié que mi corazón reaccionara tan rápido.

—Amigos —repitió.

Mentiroso.

Pensé.

Porque yo seguía enamorado.

Y probablemente seguiría estándolo durante mucho tiempo.

Pero ella no necesitaba saberlo.

—Nos vemos luego, Audrey.

—Nos vemos, Oswald.

Solté su mano y seguí caminando.

Sin mirar atrás.

Porque sabía que si lo hacía...

Tal vez no tendría fuerzas para seguir alejándome.

Audrey

Me quedé observándolo mientras desaparecía al final de la calle.

Amigos.

Eso era todo.

Entonces, ¿por qué sentía ese vacío extraño en el pecho?

Sacudí la cabeza.

No tenía sentido.

Seguí caminando hacia casa.

Hasta que de repente...

Alguien me levantó del suelo.

—¡¡AAAAAHHH!!

Comencé a patalear.

Golpear.

Gritar.

Y a considerar seriamente la posibilidad de cometer un asesinato.

La persona soltó una carcajada.

—Tranquila.

Conocía esa voz.

Demasiado bien.

Me bajó al suelo.

Y cuando me giré...

Ahí estaba.

Marcos.

Sonriendo como si no acabara de provocarme un infarto.

—Hola.

—Voy a matarte.

—Eso no suena amistoso.

—¡Me cargaste como un saco de papas!

—Porque fue divertido.

—¡No fue divertido!

—Para mí sí.

Lo señalé acusadoramente.

—Estás loco.

—Probablemente.

Respiré hondo.

Una.

Dos veces.

Tres.

—Bueno, adiós.



#5217 en Novela romántica
#1467 en Chick lit
#1678 en Otros
#41 en No ficción

En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.