En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 29

Audrey

No podía dejar de sonreír.

Estaba acostada en mi cama mirando el techo mientras recordaba lo ocurrido la noche anterior.

Seguía sin creerlo.

Oswald era mi novio.

Mi novio.

Cada vez que lo pensaba sentía mariposas en el estómago.

Aunque también sentía ganas de matar a cierta persona.

—¡CUÉNTAMELO TODO!

América me había llamado a las seis de la mañana.

A LAS SEIS.

Un día libre.

Solo para interrogarme sobre mi relación.

Todavía estaba considerando seriamente estrangularla.

Luego recordé que ella era perfectamente capaz de devolverme el favor.

Así que mejor no.

Miré la hora.

4:30 p.m.

Oswald había dicho que pasaría por mí a las cinco.

Y yo seguía en pijama.

Perfecto.

En ese momento sonó mi celular.

Oswald.

Respiré hondo antes de contestar.

—¿Hola?

—Buenas tardes, linda.

Su voz me hizo sonreír automáticamente.

—Hola.

—¿Ya estás lista?

Miré mi ropa tirada sobre la cama.

Miré mi pijama.

Miré mi reflejo.

—Más o menos.

—Eso significa que no.

—Tal vez.

Escuché su risa.

—Pasaré por ti en media hora.

—¡Claro! Como si estuviera haciendo todo a última hora.

—Audrey.

—¿Sí?

—Te conozco.

Maldito.

—Nos vemos en treinta minutos.

—Nos vemos.

Colgué.

Y corrí al baño.

Alexis

Todo estaba saliendo mal.

Muy mal.

Peor de lo que imaginaba.

Porque esa mañana Oswald apareció en mi habitación con una sonrisa que no le había visto en semanas.

—¿Sabes qué día es hoy?

—¿Domingo?

—Mi primera cita con Audrey.

Sentí que el estómago se me hundía.

—¿Qué?

—Somos novios.

Lo dijo tan feliz que dolió escucharlo.

Y lo peor era que parte de mí sabía que se lo merecía.

—Me alegro por ti.

Mentira.

—Gracias por ayudarme.

—¿Ayudarte?

—Sí. Tu plan funcionó.

Audrey se dio cuenta de que le gustaba.

Sonrió.

Yo no.

Porque cada vez estaba más claro que la había perdido.

Definitivamente.

Salí de casa para despejarme.

Y entonces ocurrió.

Escuché un claxon.

Una luz.

Un golpe.

Y alguien me empujó.

Caí sobre el pavimento.

Cuando levanté la vista vi a Dalia tirada en el suelo.

Y el auto frenando varios metros más adelante.

El mundo se detuvo.

—¡DALIA!

Audrey

Cuando terminé de arreglarme estaba orgullosa de mí.

No parecía una modelo.

No parecía una influencer.

Parecía yo.

Y me gustaba.

Llevaba un suéter blanco, jeans color vino y una bufanda ligera.

Sencillo.

Cómodo.

Perfecto.

El timbre sonó exactamente a las cinco.

—¡Ya voy!

Bajé corriendo.

Abrí la puerta.

Y ahí estaba.

Oswald.

Se había arreglado el cabello.

Llevaba una camisa negra remangada.

Y estaba sonriendo.

Dios.

Era injustamente guapo.

—Hola.

—Hola.

Se acercó y besó mi mejilla.

—Te ves hermosa.

Sentí que me sonrojaba.

—Tú tampoco te ves mal.

—¿Solo "no tan mal"?

—No abuses de la confianza.

Se echó a reír.

Y me ofreció el brazo.

—¿Lista?

—Lista.

El restaurante era precioso.

Demasiado precioso.

Tan precioso que me daba miedo tocar algo.

Cuando vi los precios casi sufro un infarto.

—Oswald...

—No.

—Pero...

—No.

—Ni siquiera he dicho nada.

—Ya sé lo que vas a decir.

Me señaló con el tenedor.

—Hoy invito yo.

—Estás loco.

—Probablemente.

Sonreí.

Todo iba perfecto.

Hasta que decidí probar algo francés.

Grave error.

Gravísimo error.

Cinco minutos después estaba arrodillada frente al inodoro cuestionando todas mis decisiones de vida.

Cuando salí del baño encontré a Oswald esperando afuera.

Parecía realmente preocupado.

—¿Estás bien?

—Sobreviviré.

—Me asustaste.

—La comida intentó asesinarme.

—No vuelvas a hacer eso.

—¿Comer?

—Asustarme.

Mi corazón se aceleró.

Porque sabía que lo decía en serio.

—La cita todavía no termina.

—¿Hay más?

—Mucho más.

—¿Dónde vamos?

—Sorpresa.

—Te odio.

—No es cierto.

—Tienes razón.

Veinte minutos después estábamos frente al parque de diversiones.

Mis ojos brillaron.

—¿En serio?

—En serio.

—¡ERES EL MEJOR NOVIO DEL MUNDO!

Corrí hacia la entrada.

—¡AUDREY!

—¿QUÉ?

—¡LOS BOLETOS!

Volví corriendo.

—Detalles técnicos.

Alexis

El hospital olía a desinfectante.

Y a culpa.

Mucha culpa.

Cuando el médico me permitió entrar a verla, encontré a Dalia viendo televisión.

Parecía aburrida.

Pero estaba viva.

Gracias a Dios.

—Hola.

Volteó.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a ver a la persona que me salvó la vida.

—Exagerado.

—No.

Me senté junto a ella.

—Gracias.

Ella bajó la mirada.

—No fue nada.

—Sí fue algo.

Nos quedamos en silencio.

Y por primera vez desde que la conocí, no discutimos.

—¿Por qué lo hiciste?

Dalia tardó varios segundos en responder.

—Porque no quería que te pasara nada.

Mi corazón dio un extraño vuelco.

Y por primera vez no tuve nada que decir.

Audrey

—No estoy segura de esta idea.

—Yo sí.

—Vamos a morir.

—No seas dramático.

—Tú me obligaste a subir.

—Mentira.

—Casi.

La montaña rusa comenzó a avanzar.

Oswald tragó saliva.

Yo sonreí.

Mucho.

—Tengo miedo.

—Yo te protejo.



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En el texto hay: colegio, crush escolar, romance +16

Editado: 13.06.2026

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