POV Audrey
¿Bolsh?
¡¿Bolsh?!
Ese era el apellido de Oswald...
—¿Eres familiar de Oswald Bosh? —pregunté, intrigada.
—Sí. Soy su primo. —Sonrió de medio lado.
—Vaya... ¿Él sabe que estás aquí?
—No exactamente. Quiero darle una sorpresa... si es que puede llamarse así. —Se encogió de hombros.
—¿Quieres que te ayude a buscarlo?
—¡No!
Di un pequeño paso atrás.
—Oye... tranquilo.
Él suspiró y se pasó una mano por el cabello.
—Perdón. Solo... prefiero buscarlo yo. Seguro estás ocupada. Gracias de todas formas.
Me guiñó un ojo.
—Bueno... fue un gusto conocerte.
—El gusto fue mío... linda.
Cafetería
Oswald llevaba varios minutos mirándome con impaciencia.
Quería contarle que había conocido a su primo... pero Noah dijo que prefería sorprenderlo. Tal vez ya le habría avisado.
—Oswald... tengo que decirte algo.
Él dejó escapar un suspiro.
—Hace diez minutos dijiste exactamente lo mismo. ¿Piensas mantener el suspenso todo el día?
—No... yo...
—Hola, primito.
La voz hizo que ambos volteáramos.
Noah.
Oswald se puso de pie de inmediato.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a visitarte. Aunque, por esa cara, diría que no soy precisamente bienvenido.
Luego me sonrió.
—¿Verdad, Audrey?
Ahora que podía verlo mejor...
Tenía las mismas facciones que Oswald, pero su cabello era completamente rubio, sus ojos azules y su expresión mucho más relajada.
—¿Ya lo conocías? —preguntó Oswald, mirándome.
—Sí.
—¿Y por qué no me dijiste?
—Estaba intentando hacerlo...
Noah soltó una risa.
—No seas tan duro con ella. El problema es que tu primito nunca fue mi mayor admirador.
—Y sigue sin serlo.
—No me llames "primito".
—Está bien, está bien. Solo vine a decirte que estudiaré aquí desde ahora.
—Qué... bien. —Intenté sonreír.
—Bueno, Audrey. Fue un gusto conocerte.
Se acercó un poco más.
—Y tú, primo... cuídala bien.
Le susurró algo más a Oswald que no alcancé a escuchar.
Vi cómo la mandíbula de Oswald se tensaba.
—No te preocupes.
—Eso espero.
Noah volvió a besar mi mejilla.
—Nos vemos, linda.
Y se marchó.
Apenas desapareció por el pasillo, Oswald habló.
—Mi primo es guapo, ¿no?
Lo miré confundida.
—¿Qué?
—Es rubio... tiene ojos azules...
—Sí... ¿y?
—Te parece más guapo que yo.
Solté una carcajada incrédula.
—¿Eso es lo que te preocupa?
Él se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.
Pero lo conocía demasiado bien.
—Oswald...
Me acerqué un poco.
—Solo me gustas tú. ¿Está claro?
Él bajó la mirada.
—No parece.
—Y tú tampoco ayudas. Sigues insinuando cosas que solo existen en tu cabeza.
—Es que Noah siempre llama la atención.
—¡Rayos!
Me llevé una mano a la frente.
—Deja de compararte con él.
Él levantó la vista.
—¿Entonces...?
—También eres guapo.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Lo dices porque eres mi novia.
—Lo digo porque es verdad.
Su sonrisa desapareció casi tan rápido como apareció.
—Bueno... será mejor que me vaya.
Se puso de pie.
—Espera.
Tomé aire.
—Daniel nos invitó a una casa de playa. Dice que quiere que vayas tú y tus hermanos.
—Lo llamaré después para agradecerle.
—¿Entonces irás?
Me observó unos segundos.
—¿Quieres que vaya?
Abrí la boca.
Pero ninguna palabra salió.
Él sonrió con tristeza.
—Después hablamos, Audrey.
Y se marchó.
Lo vi alejarse.
¿Por qué le molestaba tanto Noah?
¿Por qué siempre se comparaba con él?
¿De verdad no se daba cuenta de cuánto lo quería?
Más tarde
—...Y eso fue todo.
Estábamos en mi casa.
América estaba sentada en el sofá, mientras mamá nos escuchaba con atención.
Siempre le había contado casi todo.
Ella decía que mi vida parecía una telenovela.
Y, sinceramente...
No era tan divertido vivirla.
—Audrey... estás metida en un buen lío. —América soltó una risa.
Mamá negó despacio.
—Cariño... creo que hay algo más detrás de esa pelea entre los primos.
—¿Tú también lo crees?
—Sí.
América cruzó los brazos.
—Solo te diré una cosa.
—¿Cuál?
—No te acerques demasiado a Noah.
—¿Por qué? Hasta ahora me ha parecido amable.
Ella soltó una carcajada.
—Lo mismo dijiste de Alexis.
—Solo tomó malas decisiones.
—¿Y cuándo piensas aprender?
Suspiré.
—Está bien...
Rodé los ojos.
Mamá dio unas palmadas.
—Ya basta de dramas.
Las dos la miramos.
—¿Qué les parece si hacemos un pastel de chocolate y luego vemos una película en Netflix?
América y yo sonreímos al mismo tiempo.
—¡Sí!
POV OSWALD
Entré a casa y encontré a mamá cocinando.
Me acerqué por detrás y besé su mejilla.
Ella dio un pequeño salto.
—¡Oswald!
Luego sonrió.
—Hola, hijo.
Me besó la frente.
—¿Te ayudo? Debes estar cansada.
—Para nada.
Movió la cuchara con entusiasmo.
—Siempre cocinan ustedes. Hoy me toca consentirlos a mí.
Negué divertido.
—Como digas.
—Ahora sube, báñate y baja con Alexis.
—¿Y si no quiere?
Ella sonrió con demasiada tranquilidad.
—Él sabe perfectamente qué pasa cuando no me hace caso.
Reí.
—Pobre.
Subí las escaleras.
La casa estaba demasiado silenciosa.
Papá aún no llegaba.
Mis hermanos tampoco.
Abrí la puerta de mi habitación.
Alexis dormía profundamente.
Sonreí.
Sería un pésimo hermano si no lo despertaba.
Así que le lancé una almohada.