En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 36

Audrey

Apenas entramos a la fiesta, la música hizo vibrar todo el piso.

Las luces cambiaban de color constantemente mientras decenas de jóvenes reían, bailaban y cantaban como si el verano nunca fuera a terminar.

Algunos estaban con sus grupos de amigos.

Otros con sus parejas.

Y otros simplemente disfrutaban el momento.

—Sí que vino bastante gente... —comentó Oswald mientras observaba alrededor.

—¡Muchísima! —gritó América emocionada—. ¡A bailar!

Antes de que pudiera responder, me tomó del brazo y prácticamente me arrastró hasta la pista.

Las luces apenas dejaban distinguir los rostros.

Daniel ya estaba en el centro haciendo pasos ridículos que provocaban las carcajadas de todos.

—¡Eso ni siquiera es bailar! —gritó América entre risas.

—¡Es arte! —respondió Daniel completamente convencido.

Matías fingió desmayarse.

Hasta yo terminé riéndome.

Quizá necesitaba una noche así.

Una noche donde pudiera dejar de pensar.

Durante unos minutos realmente lo conseguí.

Bailé.

Canté.

Salté con América.

Reí con Daniel.

Incluso olvidé por un instante todo lo que Noah me había contado.

Hasta que vi a Dalia.

Bailaba con Alexis.

Aunque...

"Bailar" era una palabra bastante generosa.

Parecía que estaban compitiendo por quién hacía el paso más extraño.

Sonreí.

Pero entonces otro chico apareció.

Tomó a Dalia de la mano.

Y la llevó hacia otro grupo.

Alexis simplemente los observó alejarse.

Frunció el ceño.

Después giró hacia mí.

Y comenzó a caminar en mi dirección.

—Bailas bonito —dijo acercándose para que pudiera escucharlo entre la música.

Me reí.

—¿Te dejaron plantado?

—Mejor para mí.

Levantó una ceja.

—Así puedo bailar contigo.

Antes de que reaccionara, apoyó las manos sobre mi cintura.

Instintivamente se las aparté.

—Alto ahí, vaquero.

Alexis abrió mucho los ojos.

—Oye...

Somos amigos.

No tiene nada de malo.

Lo pensé un momento.

Tenía razón.

Solo era un baile.

Asentí despacio.

Él volvió a tomar mi cintura.

Esta vez no me aparté.

Comenzamos a movernos al ritmo de la música.

Era extraño.

Muy extraño.

Hacía meses me habría encantado estar así con Alexis.

Antes de descubrir que me había engañado.

Antes de conocer realmente a Oswald.

Las personas seguían bailando a nuestro alrededor.

El calor aumentaba.

Las luces giraban.

La música retumbaba en el pecho.

Entonces levanté la vista.

Alexis ya no estaba mirando el resto de la pista.

Solo me miraba a mí.

Muy serio.

Sus ojos parecían mucho más oscuros.

—¿Qué pasa? —pregunté.

No respondió.

Simplemente comenzó a acercarse.

Muy despacio.

Demasiado.

—Alexis...

No terminó escuchando mi advertencia.

Sus labios encontraron los míos.

Me quedé completamente inmóvil.

No esperaba aquello.

Mi cabeza dejó de pensar.

Sentí cómo profundizaba el beso.

Y, por unos segundos...

Lo correspondí.

No porque estuviera enamorada.

Sino porque una parte de mí recordó todo lo que alguna vez sintió por él.

Cuando finalmente nos separamos, ambos respirábamos agitados.

Alexis sonrió.

Era una sonrisa nerviosa.

Aliviada.

Como si hubiera esperado ese momento durante meses.

Entonces me abrazó.

Con fuerza.

—No sabes cuántas veces soñé con esto...

Mi corazón dio un vuelco.

No sabía qué responder.

Él tomó mi mano.

—Ven.

Me llevó fuera del salón.

Solo había silencio.

Y la luz plateada de la luna.

Cuando estuvimos completamente solos volvió a abrazarme.

Esta vez mucho más despacio.

—¿Todavía te gusto?

Sentí que la garganta se cerraba.

—Alexis...

—Lo siento.

Lo intenté.

De verdad lo intenté.

Intenté serle leal a Oswald.

Intenté convencerme de olvidarte.

Pero cada día era peor.

Solté lentamente sus manos.

—No hagas esto...

Él negó.

—No puedo seguir fingiendo.

Respiró hondo.

—Me hacía daño a mí mismo.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—Yo...

No sé qué siento.

Me estás confundiendo.

Sus ojos brillaron.

—Entonces todavía no te perdí del todo.

—No...

No digas eso.

—¿Por qué no?

—Porque ahora está Oswald.

Y él...

Él me quiere.

—¿Y tú?

No supe responder.

Entonces...

Una voz rompió el silencio.

—Vaya...

Qué rápido cambian las historias.

Los dos giramos al mismo tiempo.

Noah estaba apoyado contra un árbol.

Con los brazos cruzados.

Como si hubiera visto todo.

—No es lo que parece —dije inmediatamente.

Él soltó una risa amarga.

—Claro.

Eso dijeron la última vez también.

Alexis palideció.

—Noah...

—Estás haciendo exactamente aquello que juraste que nunca harías.

Alexis bajó la cabeza.

No respondió.

Noah me miró.

Luego volvió a mirar a Alexis.

—¿Ves?

La historia vuelve a repetirse.

Alexis respiró profundamente.

Después volvió a tomar mi mano.

—Necesito una respuesta.

Lo miré confundida.

—¿Puedes darme una oportunidad?

Cerré los ojos.

Todo era demasiado.

Alexis.

Oswald.

Noah.

Melody.

Las palabras seguían dando vueltas en mi cabeza.

—No puedo responderte ahora.

Él asintió lentamente.

—Entonces...

¿Podemos darnos un tiempo?

—¿Y Oswald?

—Será peor seguir con él si en realidad tus sentimientos son otros.

Noah intervino por primera vez con un tono completamente serio.

—Por una vez...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.