En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 38 MEXICO (Parte1)

POV Audrey

Respiré profundamente apenas crucé las puertas del aeropuerto.

El aire era diferente.

Más cálido.

Más vivo.

Sonreí sin darme cuenta.

—¿Lista? —preguntó América, acomodándose la mochila sobre un hombro.

La miré.

—Lista.

Mentira.

Lo único para lo que estaba lista era para dormir un día entero.

El vuelo había sido largo y apenas había podido descansar, pero aun así sentía una extraña tranquilidad. Quizá porque, por primera vez en semanas, estaba lejos de todos mis problemas.

Lejos de la escuela.

Lejos de Alexis.

Lejos de Oswald.

O al menos eso intentaba convencerme.

Tomamos un taxi a la salida del aeropuerto.

América le dio la dirección al conductor con tanta naturalidad que parecía no haber pasado años desde la última vez que estuvo allí.

Yo simplemente apoyé la cabeza contra la ventana.

Las calles estaban llenas de colores.

Puestos de comida.

Murales.

Personas caminando de un lado a otro.

Todo era distinto a Estados Unidos.

Y me gustaba.

—Mi mamá quería venir por nosotras —comentó América de pronto—, pero le salió un trabajo de último momento.

—No te preocupes.

—Se siente culpable.

Sonreí.

—Estoy segura de que ya encontrará la forma de compensarlo.

Ella soltó una pequeña risa.

—Eso sí.

Después de casi cuarenta minutos, el taxi se detuvo frente a una casa de dos pisos pintada de blanco, con ventanas adornadas por macetas llenas de flores.

—Llegamos.

El conductor bajó nuestras maletas mientras América pagaba.

Nos deseó una buena estancia y se marchó.

Miré la casa.

Era acogedora.

Muy diferente a las enormes casas de mi ciudad.

América levantó una esquina del tapete que decía "Bienvenidos".

—Sabía que mamá seguiría escondiendo la llave aquí.

Abrió la puerta.

Y apenas cruzamos...

—¡¡SORPRESAAAA!!

Di un pequeño salto del susto.

Globos.

Confeti.

Música.

Y un grupo de personas sonriendo.

Al frente de todos...

La señora Mónica.

—¡¡Mamá!!

América dejó caer la mochila y corrió a abrazarla.

La señora Mónica la envolvió entre sus brazos con tanta fuerza que parecía no querer soltarla nunca.

Sentí un nudo en la garganta.

No podía imaginar lo difícil que debía ser vivir lejos de una madre.

Observé cómo la señora Mónica le limpiaba discretamente las lágrimas con los pulgares.

Después le susurró algo al oído.

América sonrió.

Se abrazaron una vez más.

Y entonces ambas me miraron.

—¡Audrey!

La señora Mónica caminó hasta mí y me abrazó con el mismo cariño de siempre.

—Mira nada más...

Se separó un poco para observarme.

—Ya no eres una mocosa.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Eso... es bueno?

Ella abrió mucho los ojos.

—¡Ay!

América comenzó a reír.

—Mamá... Audrey todavía no entiende muchas palabras en español.

—Perdón.

De inmediato cambió al inglés.

—Quise decir que ya creciste muchísimo.

Respiré aliviada.

—Ah...

Eso sonaba mucho mejor.

Las tres comenzamos a reír.

—Deberías practicar más español —me aconsejó la señora Mónica.

—Lo intento.

—Créeme, aquí aprenderás rapidísimo.

—Espero que sí.

La señora Mónica despeinó cariñosamente a su hija.

—Después de todo, aquí están tus raíces.

—Mamá...

—¿Qué?

—Mi cabello.

—Sigue igual de bonito.

No pude contener la risa.

Entonces escuché varios gritos detrás de nosotras.

—¡¡América!!

Mi amiga giró inmediatamente.

Sus ojos se abrieron de la emoción.

—¡No puede ser!

Cinco jóvenes venían corriendo hacia ella.

Se abrazaron todos al mismo tiempo, riéndose como si jamás hubiera pasado el tiempo.

Era bonito verlos así.

Yo permanecí un poco más atrás.

Hasta que uno de ellos se acercó.

Era alto.

De cabello negro.

Ojos cafés.

Y una sonrisa tranquila.

—Hola.

Me dedicó una sonrisa amable.

—Creo que todavía no nos conocemos.

Asentí.

—Soy Audrey.

Pronuncié el español con cuidado.

Él pareció notarlo.

—Mucho gusto.

Soy Rodrigo.

Le devolví la sonrisa.

—¿Eres amiga de América?

—Sí.

—Nos conocemos desde niños.

La extrañábamos mucho.

Miró a América con una sonrisa llena de nostalgia.

Era evidente que le tenía mucho cariño.

—¿Y tú? —preguntó.

—Vine de vacaciones con ella.

Noté que hablaba muy rápido.

Demasiado.

Él pareció darse cuenta.

—Perdón.

¿Prefieres que hablemos en inglés?

Lo miré sorprendida.

—¿Hablas inglés?

Rodrigo soltó una carcajada.

—Un poquito más que "hello".

Sentí cómo mis mejillas se calentaban.

—Lo siento...

—No te preocupes.

Aquí muchos lo hablamos.

Su pronunciación era realmente buena.

Eso hizo que me relajara.

—Mucho mejor.

—Entonces bienvenida oficialmente a México.

—Gracias.

Rodrigo señaló al grupo.

—¿Vamos?

Asentí.

Cuando nos acercamos, América sonrió de inmediato.

—¡Por fin!

Pensé que ya te habías perdido.

—Tu amigo me estaba salvando del español.

Rodrigo rió.

—Solo un poco.

América comenzó a presentarme a todos.

—Él es Esteban.

El conductor oficial del grupo.

—Mucho gusto.

—Ella es Tara.

Mi mejor amiga desde la primaria.

Tara me abrazó apenas me acerqué.

—¡Qué emoción conocerte!

—Igualmente.

—Y él es Jorge.

El más escandaloso de todos.

—¡Oye!

—¿Mentí?

Todos comenzaron a reír.

Poco a poco fui sintiéndome menos nerviosa.

Quizá esos tres días serían más divertidos de lo que imaginaba.




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