En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 41

Audrey

Nos despedimos de los chicos en México y tomamos el primer vuelo de regreso.

No recuerdo absolutamente nada del viaje.

Solo pensaba en Josías.

¿Qué había pasado?

¿Quién le había hecho daño?

Él era solo un niño...

Las puertas del ascensor se abrieron.

Salí casi corriendo por el pasillo del hospital hasta encontrar a mis padres.

Mamá estaba llorando desconsoladamente.

Papá tenía los ojos completamente rojos.

Corrí hacia ellos y los abracé con todas mis fuerzas.

—¿Qué pasó? —pregunté entre sollozos.

Mamá rompió a llorar aún más.

—Él estaba... jugando fútbol... y un carro...

Su voz se quebró.

—Lo atropelló.

Sentí que las piernas me fallaban.

Caí de rodillas al suelo.

—¡No...!

Papá cerró los ojos intentando mantenerse fuerte.

—Los doctores ya terminaron la cirugía. El impacto fue muy fuerte... recibió un golpe en la cabeza.

No podía respirar.

América se arrodilló junto a mí y me abrazó con fuerza.

—Lo siento mucho, amiga...

Escondí el rostro entre mis manos.

—¿Por qué él? ¿Qué clase de desgraciado atropella a un niño?

Papá apretó la mandíbula.

—La policía ya encontró al responsable.

Va a pagar por lo que hizo.

Levanté la vista y vi acercarse a Daniel y Matías.

Los dos corrieron hacia mí.

Daniel besó mi cabeza.

Matías me abrazó por los hombros.

—Cuando llegué del entrenamiento... lo vi tirado en el suelo.

Su voz temblaba.

—Fui corriendo a avisarles a los tíos.

Cerró los ojos con fuerza.

—Si tan solo hubiera llegado unos minutos antes...

—No pienses eso —dijo Matías, intentando mantenerse firme—. Nadie pudo evitarlo.

Solo nos queda esperar.

...

Las horas comenzaron a pasar.

Una.

Dos.

Cinco.

Siete.

La sala de espera parecía cada vez más fría.

Solo quería abrazar a mi hermanito.

Decirle cuánto lo quería.

Decirle que era el pequeño terremoto de la casa.

Que sus travesuras hacían reír a todos.

Que todavía tenía que molestarme muchos años más.

¿Por qué tenía que pasarle algo así a un niño?

¿Por qué a él?

¿Por qué no a mí?

La puerta del quirófano finalmente se abrió.

Un doctor salió con expresión seria.

—¿Familiares de Josías Kells?

Todos nos levantamos de inmediato.

—Nosotros.

El médico bajó la mirada.

—La cirugía fue muy complicada...

Lo siento mucho.

Sentí que el tiempo se detenía.

No escuché nada más.

Mamá lanzó un grito desgarrador.

Papá rompió a llorar por primera vez.

Daniel se cubrió el rostro.

Matías abrazó a América mientras ambos lloraban.

Y yo...

Yo no podía moverme.

No podía llorar.

No podía respirar.

Solo miraba un punto fijo.

Como si mi cuerpo hubiera dejado de funcionar.

Unos minutos después el mismo doctor regresó corriendo.

Miró unos papeles.

Luego nos miró a nosotros.

—¡Disculpen!

Todos levantamos la cabeza.

—¿Su hijo es rubio?

Papá frunció el ceño.

—Sí...

El médico abrió mucho los ojos.

—Dios mío...

Les pido mil disculpas.

Me equivoqué de paciente.

Su hijo está fuera de peligro.

Pueden pasar a verlo.

Hubo unos segundos de absoluto silencio.

Hasta que...

—¡¡NO PUEDE SER!! —gritó Daniel.

Mamá rompió a llorar otra vez.

Pero esta vez de alivio.

Papá la abrazó inmediatamente.

Yo me lancé sobre ambos.

Sentía que volvía a respirar.

Sentía que el corazón volvía a latirme.

Corrimos por el pasillo.

Mamá abrió la puerta de la habitación.

Y ahí estaba.

Con un enorme vendaje en la cabeza...

viendo caricaturas.

Cuando nos vio sonrió.

—Hola...

Mamá fue la primera en abrazarlo.

Lo llenó de besos.

Papá hizo exactamente lo mismo.

Yo solo podía llorar mientras sonreía.

—Enano...

Me acerqué y lo abracé con fuerza.

—¡Ay!

Se quejó.

—Me lastimas.

Lo solté inmediatamente.

—Perdón...

Él soltó una pequeña risa.

—Mentira.

Lo abracé otra vez, esta vez con mucho cuidado.

—Tenía miedo...

Me confesó en voz baja.

Le besé ambas mejillas.

—Ya pasó todo.

Estoy aquí.

Y no pienso irme.

Mamá y papá comenzaron a preguntarle cómo se sentía.

Los observé unos segundos.

Entonces decidí salir para darles un momento a solas.

Caminé lentamente por el pasillo.

Todavía estaba intentando procesar todo.

Fue entonces cuando lo vi.

Cabello negro.

Ojeras marcadas.

Los labios resecos.

Y una mirada completamente apagada.

—¿Audrey?

Levantó la vista sorprendido.

—¿Oswald?

No pensé.

Simplemente corrí a abrazarlo.

Su cuerpo se tensó por un instante.

Pero después rodeó mi cintura con sus brazos y besó suavemente mi sien.

—Te extrañé demasiado...

Susurró.

Cerré los ojos.

—Yo también.

No quería soltarlo.

Después de todo lo que acababa de pasar...

Solo necesitaba sentir que él estaba ahí.

Pero fue Oswald quien terminó separándose.

Lo observé mejor.

Parecía agotado.

Como si llevara días sin dormir.

—¿Qué te pasó?

Él tragó saliva.

—¿Podemos hablar... a solas?

Algo en su tono hizo que un escalofrío recorriera mi espalda.

—Claro.

Caminamos en silencio hasta un pequeño parque frente al hospital.

Nos sentamos en una banca.

Había muy poca gente alrededor.

El viento movía lentamente las hojas de los árboles.

Oswald no decía nada.

Solo miraba el suelo.

—Oswald...

¿Pasa algo?

Él respiró profundamente.

Sin levantar la mirada.

—Audrey... Quiero terminar nuestra relación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.