Audrey
—¿Qué hacen todos aquí?
Esa voz me recorrió el cuerpo como un escalofrío.
América.
—Hola, amor —saludó Daniel con una sonrisa angelical.
—Hola.
Solo le respondió a él.
Tragué saliva.
Me daba miedo hablarle. Más aún cuando estaba herida... y también molesta.
Nunca habíamos tenido una pelea de verdad. Solo discusiones tontas.
—América... hola.
Mi voz tembló.
Adiós tranquilidad.
—Hola.
Contestó seca.
Alexis suspiró con fuerza y, de pronto, nos tomó del brazo a las dos.
—¡Ya no puedo seguir así! —exclamó—. Audrey no tiene toda la culpa. La culpa fue mía. Yo fui quien la besó. Yo soy el único responsable. Por favor... perdónala.
América no respondió.
Solo me observó fijamente.
Su mirada estaba vacía.
Sin enojo.
Sin tristeza.
Sin absolutamente nada.
Hasta que habló.
—¿Es cierto?
Respiré hondo.
Era el momento de dejar de esconderme.
—En parte sí.
Miré a Alexis.
—Pero tampoco voy a echarle toda la culpa a él.
Volví a mirar a América.
—Tú sabes que Alexis me gustó durante muchos años. Era mi amor platónico.
Ella permaneció en silencio.
—Cuando conocí a Oswald... él nunca fue mi tipo ideal. Siempre fue "el hermano de Alexis". El amigo que me ayudaba a acercarme al chico que me gustaba.
Sonreí con nostalgia.
—Jamás imaginé que terminaría enamorándome precisamente de él.
Mis ojos comenzaron a humedecerse.
—Me enamoré de sus ocurrencias... de sus poemas... de sus chistes malos... de su manera de hacerme sonreír cuando estaba triste... de la forma en que siempre encontraba algo nuevo para sorprenderme.
Bajé la mirada.
—No me enamoré porque sea guapo...
Negué lentamente.
—Me enamoré por cómo es.
Hice una pausa.
—Tenías razón, América.
Ella levantó una ceja.
—No todo es el físico.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Tuve que perderlo para entenderlo.
El silencio se apoderó del lugar.
Hasta que...
¡Pla, pla, pla!
Escuché unos aplausos.
Levanté la vista.
América estaba sonriendo.
—Eso...
Se acercó despacio.
—Era exactamente lo que quería escuchar.
Y me abrazó.
Sentí que todo el peso que llevaba encima desaparecía.
—Perdóname...
Lloré sobre su hombro.
—Debí contarte la verdad desde el principio. No debí mentirte. Eres mi mejor amiga... eres como mi hermana.
Ella acarició mi espalda.
—Ya pasó.
Sonrió.
—Te perdono.
No pude evitar sonreír entre lágrimas.
—Gracias...
—Ahora...
Alexis levantó una mano.
—Ya que todos estamos confesándonos...
Lo miré con desconfianza.
—Yo siempre supe que estabas enamorada de mí, Audrey.
...
¿Qué?
Sin pensarlo dos veces me lancé encima de él.
—¡¡IDIOTA!!
Comencé a ahorcarlo.
—¡¡SUÉLTAME!!
Daniel ya se estaba riendo.
Matías también.
Hasta América terminó soltando una carcajada.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! —gritó Alexis entre risas—. Pero tú ya le gustabas a Oswald desde hace mucho. A mí solo me daba curiosidad conocerte mejor.
Lo solté de inmediato.
Me limpié las manos como si hubiera tocado basura.
—Tenemos MUCHAS cosas que hablar tú y yo.
Lo señalé.
—Demasiadas.
Alexis tragó saliva.
—Sí...
—Ahora solo falta revivir el Osdrey.
Todos volteamos a mirar a América.
—¿El qué?
—Osdrey.
Nos observó como si fuéramos los raros.
—Oswald más Audrey.
Silencio.
—...
—¿Saben qué?
Rodó los ojos.
—Olvídenlo. Yo sola me entiendo.
No pude evitar reír.
Sabía perfectamente que recuperar a Oswald sería muy difícil.
Pero todavía no estaba lista para rendirme.
Tres semanas después...
Resultó que recuperar su confianza era mucho más complicado de lo que imaginé.
Todas y cada una de mis disculpas terminaron exactamente igual.
En un fracaso absoluto.
Dicen que enamorarse es sencillo.
Lo difícil es mantener ese amor vivo.
Y mucho más...
Recuperarlo cuando lo has roto.
Flashback
—Oswald...
Le sonreí con inocencia.
Él apenas levantó la vista.
—¿Qué pasó?
Su voz era fría.
—¿Puedes perdonarme?
Silencio.
—Por favor...
—No.
Una sola palabra.
Tan simple.
Tan dolorosa.
—¿Por qué?
Mi voz se quebró.
—Te lo he pedido de todas las formas posibles.
Oswald suspiró.
—No se trata de cuántas veces me lo pidas.
Guardó un cuaderno dentro de su mochila.
—Se trata de lo que hiciste.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Y yo no te perdoné cuando besaste a Melody?
Él cerró los ojos.
Parecía cansado.
Muy cansado.
—Hablamos después.
Se acomodó la mochila.
Y se fue rumbo a su clase.
Yo me quedé sola en el pasillo.
Fin del flashback
Comprendí algo.
Él ya no quería volver conmigo.
Y yo tampoco quería seguir perdiendo mi dignidad.
Entré a Literatura.
La profesora sonreía como siempre.
—Chicos, falta solo un mes para graduarnos.
Todos comenzaron a emocionarse.
—Y recuerden que también se acerca el concurso anual de literatura.
Miró la lista.
—¿Quiénes participarán?
—Yo.
La voz de Oswald sonó segura.
—Excelente, hijo. Tienes muchísimo talento.
Le sonrió orgullosa.
Respiré hondo.
Levanté la mano.
—Yo también.
Toda la clase giró para verme.
—¿Audrey?
Hasta la profesora parecía sorprendida.
—Sí.
Sonreí.
—También me gusta escribir.
La profesora soltó una pequeña risa.
—Entonces este concurso será muy interesante.