En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 46

POV Oswald

—¿Estás feliz, Oswald? —preguntó Marco con una sonrisa llena de malicia.

—¿Qué te importa?

Lo ignoré y seguí caminando.

—Ya sabes... Alexis ahora pasa más tiempo con Audrey.

Apreté la mandíbula.

—¿Debería importarme?

—Claro que sí. Esa chica todavía te tiene enamorado. Qué patético eres.

Me detuve un instante.

—No lo estoy.

Marco soltó una risa.

—Qué bonito que Audrey se quede con un recuerdo perfecto de ti... y nunca descubra quién es realmente Oswald. ¿Te imaginas si ella, o incluso tu familia, supieran toda la verdad?

Lo miré con rabia.

—Ya hice lo que me pediste. ¿Qué más quieres?

Marco sonrió satisfecho.

—Por ahora nada. Has sido muy obediente... así me gusta, Oswald.

POV Audrey

Odio todo esto.

Ya le declaré la guerra a Oswald... y la estoy perdiendo miserablemente.

Estoy frita.

Muerta.

Derrotada.

Él era demasiado bueno en todo lo que hacía.

¿Cómo se suponía que debía vencerlo?

Habían pasado tres semanas desde la última vez que intenté hablar con él.

Tres semanas sin una sola muestra de interés.

Y, para rematar...

Hoy era el baile de graduación.

Mi libro estaba casi terminado.

Solo faltaba escribir el final.

Qué ironía.

Ni siquiera sabía cómo terminar mi propia historia.

Me encontraba en la peluquería mientras acomodaban mi cabello en un elegante moño alto, dejando caer algunos mechones ondulados alrededor de mi rostro.

También me hacían la manicura y la pedicura.

América me observaba orgullosa.

—Estás quedando preciosa. Hoy Oswald va a babear por ti.

Negué con una pequeña sonrisa.

—No.

Ella frunció el ceño.

—Solo quiero divertirme esta noche, América. Quiero olvidarme de él... aunque sea por unas horas.

Suspiró resignada.

—Supongo que estás cansada de sufrir.

—Exacto.

Por suerte, no volvió a sacar el tema.

Y se lo agradecí.

Cuando terminé de arreglarme, me observé frente al espejo.

Llevaba un vestido azul marino.

Por un instante pensé que realmente parecía una princesa.

O al menos una versión triste de ella.

Al bajar las escaleras, mis padres comenzaron a tomarme fotografías sin parar.

Marco tampoco apartaba la vista de mí.

Sonreía como si hubiera ganado la lotería.

Yo, en cambio, solo sonreía por compromiso.

Más falsa que los dientes postizos de mi abuela.

Después de las fotografías, todos subimos a la limusina.

Dentro ya estaban América, Daniel, Matías, Alexis y los demás.

El ambiente era incómodo.

Nadie parecía muy feliz con la presencia de Marco.

A decir verdad...

A mí tampoco me importaba demasiado.

Al llegar al baile, la música inundaba todo el salón.

Las luces giraban por todas partes mientras cientos de estudiantes bailaban y reían.

Entonces lo vi.

Oswald.

Estaba riéndose con Dalia.

Y, aunque intenté apartar la mirada...

No pude.

Como si sintiera que lo observaba, levantó la cabeza.

Nuestras miradas se encontraron.

Solo unos segundos.

Después él apartó la vista.

Como si yo ya no significara nada.

—¿Quieres bailar?

Marco señaló la pista.

Negué suavemente.

—Más tarde... ¿podrías traerme algo para comer?

—Claro.

Se alejó sin discutir.

Suspiré aliviada.

Dos horas después apagaron la música.

Una enorme pantalla comenzó a proyectar un video con todos los recuerdos del último año.

Las risas llenaron el salón.

Ahí estaba Daniel haciendo tonterías.

Los gemelos cantando desafinados.

América disfrazada durante Halloween.

Yo sacándole la lengua a la cámara...

Mientras Oswald aparecía riéndose detrás de mí.

Una sonrisa escapó de mis labios.

Hasta que...

La pantalla cambió.

Y escuché mi propia voz.

—Oswald nunca entró en mi prototipo de chico ideal. Siempre fue el buen amigo... el medio para acercarme a Alexis.

Sentí que el corazón dejaba de latir.

No.

No.

No.

Todos voltearon a verme.

Absolutamente todos.

También Oswald.

Me levanté de golpe.

—¡Eso es un malentendido!

Mi voz apenas salió.

Era la conversación que había tenido con América.

Pero...

No mostraron el resto.

Solo esa parte.

Alguien había editado el video.

Miré desesperada alrededor.

¿Quién había hecho algo así?

Oswald se levantó lentamente.

Le dijo algo a Dalia.

Y salió del salón.

—¡Eso fue una trampa! —gritó América.

Pero yo ya estaba corriendo detrás de él.

—¡¡Oswald!!

Él se detuvo.

Sin voltearse.

—¿No te bastó?

Su voz estaba cargada de rabia.

—Me dejaste en ridículo delante de toda la escuela.

Se giró.

—Ve con Alexis.

Sean felices.

No me opongo.

Respiré profundamente.

Cerré los ojos.

Y dije lo único que llevaba semanas queriendo decir.

—No quiero ser feliz... si no es contigo.

Oswald abrió los ojos sorprendido.

—¿Qué acabas de decir?

Las lágrimas comenzaron a caer.

—No puedo.

Mi voz se quebró.

—Simplemente no puedo.

Él dio un paso hacia mí.

—Audrey...

No llores.

Intentó abrazarme.

Pero yo seguía llorando.

—No entiendes...

Levanté la vista.

—Te amo.

Muchísimo.

Más de lo que imaginas.

Se quedó completamente inmóvil.

—¿Me amas?

Asentí entre lágrimas.

—Te amo por quien eres.

Por tus poemas.

Por tus ocurrencias.

Por todas las veces que me hiciste sonreír cuando quería rendirme.

Por nunca dejar de intentarlo.

Y ahora...

Aquí estoy.

Llorando por ti.

Oswald respiró profundamente.




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