En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 47

POV Audrey

—¿Estás bien? —pregunta América.

—Es lo último que deberías preguntarme... —suspiro.

Las clases continuaban con normalidad, aunque el periódico escolar había publicado una fotografía de Oswald y de mí besándonos. Ahora éramos el tema de conversación de toda la escuela.

Tenía un humor de perros.

Guardé mis cosas para dirigirme al examen de Literatura. Al menos ese no sería difícil.

Y, como siempre, me pasaba lo mismo.

¿Acaso no había aprendido que, cuando quedas con alguien, debes llegar temprano?

Corría por los pasillos como si mi vida dependiera de ello. Estaba sudando y, muy probablemente, Marco ya estaría molesto por mi tardanza.

La vida era incierta.

Nunca sabías qué sorpresa te esperaba. Algunas eran malas... pero había una que jamás me cansaría de ver.

Oswald.

Entré a la heladería. Por suerte, esta vez nadie me prestó atención.

Gracias, vida.

Me senté frente a Marco y él me regaló una sonrisa.

—Hola. ¿Descansaste bien? —preguntó con un leve toque de burla.

—Je... sí. ¿Y tú? —respondí nerviosa.

—Muy bien. Dormí temprano.

¿Iba a sacar el tema de mi tardanza?

—Qué bien...

—Perdón. No quería que te lo tomaras a mal, linda.

Respira, Audrey.

Él va a pagar el helado. No lo mates.

—Está bien... —sonreí, o al menos lo intenté.

—¿Cómo estás? —apoyó los codos sobre la mesa y me observó con atención.

¿Debía contárselo?

Hasta ahora nunca me había dado motivos para desconfiar.

—Bien.

—No lo estás. Deja de mentir. A veces es bueno decir la verdad.

—Pero con la persona correcta.

—Tienes razón... ¿Acaso te caigo mal? —preguntó con una expresión triste.

—Si me cayeras mal, no habría aceptado salir contigo.

Su sonrisa fue creciendo con cada palabra.

Él no tenía la culpa de nada como para pagar por los errores de otros.

—Bueno... ya sabes que terminé con Oswald. Y... digamos que me di cuenta de que estoy enamorada de él —suspiro—. Pero ya es demasiado tarde.

—No es tarde. Estoy seguro de que aún te ama.

Ojalá fuera cierto.

Pero yo sabía que no.

Él me odiaba... y tenía derecho a hacerlo.

Si estuviera en su lugar, tampoco me perdonaría.

—Sería bonito... —apoyé la cabeza sobre la mesa.

En ese momento se acercó un joven con un sombrero bastante ridículo.

¿Noah?

¿El primo de Oswald?

—Hola. Bienvenidos a Heladería Arcoíris —saludó con el mismo entusiasmo de una piedra.

—Vaya... ¡qué emoción la tuya! —respondió Marco con sarcasmo.

Noah le lanzó una mirada asesina.

—Como sea. ¿Qué van a pedir?

Sacó una libreta.

Sabía perfectamente lo que ese parásito había hecho.

Me había mentido.

Pero, por esta vez, iba a dejarlo pasar. Solo porque estábamos en un lugar público.

—Quiero una copa gigante.

—Son cuatro sabores. ¿Cuáles?

—Fresa, coco, lúcuma y chocolate.

—Yo quiero lo mismo —dijo Marco.

Noah anotó el pedido sin responder y se marchó.

Tan misterioso y callado como siempre.

—Ese chico es raro —rió Marco.

—Es el primo de Oswald —me encogí de hombros.

—Después de comer quisiera llevarte a un lugar especial. ¿Vamos?

—Claro.

Necesitaba despejar la mente.

Ya había perdido las ganas de quedarme encerrada en mi cuarto.

—Te ves bonita, como siempre.

—Gracias. Tú tampoco te ves mal.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Qué fue lo que te gustó de Oswald? Él nunca entró en tu prototipo de chico perfecto.

Lo miré sorprendida.

—¿Cómo sabes eso?

—La verdadera pregunta es... ¿quién no lo sabe?

Genial.

¿Toda la escuela lo sabía?

¿Quién había sido el chismoso?

—Bueno... me gusta porque es un chico único. Dulce, amable, caballeroso...

Y muchas cosas más.

—¿Eso es lo que piensas de Oswald? —arqueó una ceja.

Por un instante juraría que vi malicia en su mirada.

—Sí.

—Me alegra que pienses cosas tan bonitas de él.

Después de eso cambiamos de tema.

No recuerdo en qué momento me quedé dormida dentro del auto.

Cuando abrí los ojos, estaba frente a una casa enorme.

Más que una casa...

Parecía una mansión.

—Hola, dormilona —sonrió Marco—. Al fin despertaste.

—Lo siento... me quedé dormida.

De pronto sentí unas manos sujetando mis muñecas por detrás.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Qué haces? —pregunté asustada.

—Lo siento, linda. No eres tú... soy yo. Pero hay cosas que debo arreglar... y tú me vas a ayudar.

Seguía sonriendo.

Una sonrisa que me puso la piel de gallina.

¿Me estaba secuestrando?

—¡¡Suéltame!! ¿No eras mi amigo?

—Y lo soy.

—¡Pues no lo parece!

Se acercó despacio.

—Hay algo que debo decirte.

—¿Qué cosa? —mi voz temblaba.

Me tomó de los hombros.

—Me gustas, Audrey.

Abrí los ojos de golpe.

—¡¡¿Qué?!!

Intenté levantarme, pero la cuerda apretó aún más mis muñecas.

—Me gustas... y no entiendo por qué prefieres a Oswald.

—¡Ya te lo dije!

Comenzó a murmurar para sí mismo.

Luego volvió a sonreír.

Pero esta vez...

Parecía completamente loco.

—Si no eres mía...

Acercó su rostro peligrosamente al mío.

—...no serás de nadie.

POV Oswald

Estaba acostado en mi cama leyendo True Colors.

Era un libro bastante entretenido.

La puerta se abrió de golpe.

—¿Qué te pasa? —pregunté extrañado al ver entrar a Alexis.

Tenía la respiración agitada.

Los ojos llenos de desesperación.

—Secuestraron a Audrey.

¿Qué...?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.