POV Alexis
Entré a la vieja mansión junto a los policías.
El olor a humedad me golpeó apenas crucé la puerta.
—¡Revisen todo! —gritó uno de los agentes.
Entonces los vi.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
—...No...
Mis piernas dejaron de responderme.
Corrí hasta ellos y caí de rodillas.
Audrey estaba inmóvil, con el vestido completamente manchado de sangre.
Y a unos metros...
Oswald.
Su brazo seguía sangrando y respiraba con muchísima dificultad.
—¡OSWALD! —lo sacudí con desesperación—. ¡Hermano, mírame!
No respondió.
Solo escuchaba su respiración débil.
Una respiración que parecía apagarse poco a poco.
—¡AYÚDENLOS! —grité con todas mis fuerzas.
Los paramédicos entraron corriendo.
—¡Tenemos dos heridos!
—¡La chica tiene pulso!
—¡El muchacho también... pero se está desvaneciendo!
Todo ocurrió demasiado rápido.
Los subieron a la ambulancia mientras yo permanecía paralizado, incapaz de procesar lo que estaba viendo.
No...
Esto no podía estar pasando.
Subí a mi auto para seguir la ambulancia.
Las manos me temblaban tanto que apenas podía sostener el volante.
En ese momento sonó mi celular.
Daniel.
Contesté sin apartar la vista de la carretera.
—¿Qué fue? ¿Todo está bien? —preguntó con miedo.
Tragué saliva.
—Audrey y Oswald... están en urgencias.
Del otro lado solo hubo silencio.
Después escuché dos voces gritando al mismo tiempo.
—¿¡QUÉ!?
—Vengan rápido...
No pude decir nada más.
Colgué.
Apreté el volante con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos.
—¿Por qué eres así, Oswald...? —susurré con lágrimas en los ojos.
Cualquier persona habría esperado a la policía.
Pero tú...
Siempre tienes que cargar con todo tú solo.
Audrey
Agg... me duele la cabeza...
¿Dónde estoy?
Abro los ojos con dificultad.
El techo es completamente blanco.
El olor a desinfectante invade mis pulmones.
Intento incorporarme, pero un dolor punzante en el abdomen me obliga a volver a recostarme.
—Auch...
Entonces noto el suero conectado a mi brazo.
Hospital.
Frente a mí, un hombre con bata blanca revisa una carpeta. Al escuchar mi quejido, levanta la mirada y se acerca.
—Veo que por fin despertó.
—¿Dónde... estoy? —pregunto con la garganta seca.
—En el hospital. La cirugía salió bien. Está fuera de peligro.
Suelto el aire sin darme cuenta.
¿Cirugía?
Bajo la mirada hacia mi abdomen vendado.
Todo comienza a regresar poco a poco.
Marco.
La cabaña.
La navaja.
Oswald.
Mi corazón se acelera.
—¿Y...?
Las palabras no salen.
—Necesitará reposo durante unas semanas. Le recetaré calmantes para el dolor.
Asiento en silencio.
No era eso lo que quería preguntar.
Él guarda la carpeta y sonríe levemente.
—Ahora dejaré pasar a su familia.
Sale de la habitación.
Apenas la puerta se abre, escucho un alboroto.
—¡Audrey!
Mis padres entran primero.
Mi mamá rompe en llanto mientras me abraza.
—Hija... hija...
—Mamá... despacio... me duele...
Mi papá también me abraza con los ojos completamente rojos.
Después entran América y Daniel.
Los cuatro intentan sonreír, pero algo no está bien.
Hay demasiado silencio.
Demasiadas miradas evitándome.
Frunzo el ceño.
—¿Qué pasó?
Nadie responde.
Siento un nudo formándose en mi garganta.
Miro a América.
—¿Dónde está Oswald?
Ella baja la mirada.
Daniel aprieta los labios.
—Él...
No termina la frase.
Mi respiración comienza a acelerarse.
—¿Qué pasó?
Silencio.
—¡¿Qué pasó?!
América se acerca lentamente.
Me toma la mano.
Sus ojos ya están llenos de lágrimas.
—Audrey...
Hace una pausa.
Una pausa que siento eterna.
—Oswald... está en coma.
...
No.
No escuché bien.
Debe ser una broma.
—¿Qué...?
La palabra apenas sale de mis labios.
Siento que todo alrededor desaparece.
Como si el hospital entero hubiera dejado de existir.
Solo escucho un pitido agudo en mis oídos.
—No...
Sacudo la cabeza.
—No...
No puede ser.
Él estaba hablando conmigo.
Él...
—No...
Las lágrimas empiezan a caer antes de que pueda detenerlas.
—¡No!
Intento levantarme de la cama.
El dolor atraviesa mi abdomen.
Pero no me importa.
—¡Quiero verlo!
Mi mamá intenta detenerme.
Daniel también.
—Audrey, por favor...
—¡¡NO!!
Empujo las sábanas.
—¡Llévenme con él!
—Señorita, no puede levantarse...
—¡¡QUIERO VERLO!!
Mi respiración se vuelve desesperada.
—¡Él tiene que despertar!
—¡Tiene que despertar!
Comienzo a llorar sin poder controlar mi cuerpo.
—¡Esto es un error!
—¡Oswald no puede estar en coma!
El monitor empieza a sonar con insistencia.
—Doctor.
—Está abriendo la herida.
—Traigan un sedante.
—¡No!
Siento varias manos sujetándome.
—¡Déjenme!
—¡Necesito verlo!
—¡Por favor!
Una enfermera acerca una jeringa.
—Lo siento...
Es lo último que escucho.
Todo vuelve a oscurecerse.
...
POV Alexis
No podía dejar de mirar la puerta de cuidados intensivos.
Ahí estaba mi hermano.
Luchando por seguir respirando.
Y yo...
No podía hacer absolutamente nada.
Me dejé caer en un rincón del hospital.
Apoyé la cabeza contra la pared.
Las lágrimas seguían cayendo una tras otra.
Nunca me había sentido tan inútil.