En mi lista ¡¡no Entras!!

Capitulo 52

res días después

Desperté nuevamente.

Esta vez ya no había tanto dolor.

Solo un enorme vacío.

Miré automáticamente hacia la puerta.

Esperando verlo entrar.

No ocurrió.

Durante los siguientes días pregunté lo mismo.

Todos los días.

—¿Cómo sigue?

Siempre obtenía la misma respuesta.

—Sigue igual.

Una semana.

Dos semanas.

Tres semanas.

Y nada.

Hasta que un día...

Escuché gritos en el pasillo.

Aplausos.

Personas llorando.

Las enfermeras corrían de un lado a otro.

Una de ellas pasó frente a mi habitación.

—¿Qué pasó?

Sonrió.

—Despertó un paciente que llevaba dias en coma.

Mi corazón dio un vuelco.

Sentí un nudo en la garganta.

No podía ser otro.

Era él.

Tenía que ser él.

No esperé un segundo más.

Aparté las sábanas con cuidado y bajé los pies de la cama.

La herida del abdomen protestó de inmediato.

—Ah...

Me mordí el labio para no quejarme.

No importaba cuánto doliera.

Necesitaba verlo.

Me apoyé en la pared y di un paso.

Luego otro.

Y otro.

Cada movimiento era un pequeño infierno, pero el miedo era mucho más fuerte que el dolor.

Salí de la habitación.

El pasillo estaba lleno de enfermeros caminando deprisa, familiares llorando de alivio y médicos dando indicaciones.

Mi corazón latía tan fuerte que apenas podía escuchar otra cosa.

"Tiene que ser Oswald."

"Tiene que haber despertado él."

Seguí caminando lentamente.

Sentía que en cualquier momento iba a desmayarme.

Entonces vi a Alexis.

Estaba al final del pasillo.

Tenía los ojos completamente rojos.

Pero...

Estaba sonriendo.

Sonriendo mientras lloraba.

Sentí que el aire regresaba a mis pulmones.

Corrí como pude hacia él.

—¡Alexis!

Él volteó sorprendido.

—¡Audrey! ¿Qué haces fuera de tu habitación?

Lo ignoré.

—¿Despertó?

Su sonrisa desapareció poco a poco.

Durante unos segundos no respondió.

Solo bajó la mirada.

Mi estómago se hizo un nudo.

—Alexis...

Respóndeme.

Él respiró profundamente.

—Sí...

Las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos.

Una enorme sonrisa apareció en mi rostro.

—¡Lo sabía!

Intenté seguir caminando.

Pero Alexis me sujetó del brazo.

—Espera.

Fruncí el ceño.

—¿Qué pasa?

Él volvió a quedarse en silencio.

Demasiado silencio.

—Alexis...

—Hay algo que debes saber antes de entrar.

Mi corazón volvió a acelerarse.

—¿Está... paralizado?

Negó.

—¿Perdió la vista?

Negó otra vez.

—¿Entonces qué pasó?

Alexis cerró los ojos unos segundos.

Como si reunir fuerzas le costara un mundo.

Cuando volvió a abrirlos...

Vi tristeza.

Muchísima tristeza.

—No te recuerda.

...

Sentí que el tiempo se detenía.

—¿Qué?

—Tiene amnesia.

Mi respiración comenzó a agitarse.

—Pero...

—Los doctores creen que el golpe y la pérdida de sangre afectaron parte de su memoria.

Negué una y otra vez.

—No...

No podía ser.

No después de todo.

No ahora.

—Quiero verlo.

—Audrey...

—¡Quiero verlo!

Alexis terminó soltándome.

—Está en la habitación 214.

Corrí.

Bueno...

Lo intenté.

Porque cada paso hacía que mi herida ardiera.

Pero no me importó.

Recorrí el pasillo.

Subí las escaleras.

Doblé la esquina.

Hasta detenerme frente a una puerta blanca.

Mi mano temblaba.

Respiré profundamente.

Y entré.

Lo primero que vi fue su cabello.

Seguía siendo igual de desordenado.

Después su rostro.

Más pálido.

Más delgado.

Pero seguía siendo él.

Oswald.

Estaba sentado sobre la cama del hospital mientras una doctora revisaba unos papeles.

Cuando escuchó la puerta...

Levantó la vista.

Nuestros ojos se encontraron.

Mi corazón comenzó a latir tan fuerte que pensé que iba a salirse de mi pecho.

Él estaba vivo.

Eso era lo único que importaba.

Una sonrisa enorme apareció en mi rostro.

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Oswald...

Sus ojos recorrieron mi rostro lentamente.

Esperé.

Esperé que sonriera.

Que dijera mi nombre.

Que hiciera alguna de sus bromas tontas.

Cualquier cosa.

Pero...

Solo frunció ligeramente el ceño.

—¿Sí?

Mi sonrisa comenzó a desaparecer.

Di un paso más.

—Soy yo.

Él siguió observándome.

Como si intentara recordar.

Como si buscara algo en su cabeza.

Después negó lentamente.

—Lo siento...

Su voz era tranquila.

Educada.

—¿Nos conocemos?

Sentí que algo dentro de mí acababa de romperse.

No.

No podía ser.

Me acerqué un poco más.

—Oswald...

Soy Audrey.

Silencio.

Él volvió a mirarme.

Y sonrió con amabilidad.

La misma sonrisa que tendría con una desconocida.

—Mucho gusto, Audrey.

Mi nombre es Oswald.

Las piernas dejaron de responderme.

Sentí que el piso desaparecía bajo mis pies.

El doctor alcanzó a sujetarme antes de que cayera.

Yo seguía mirando a Oswald.

Esperando que dijera:

"Es broma."

"Claro que te recuerdo."

Pero nunca ocurrió.

Él seguía observándome con la misma expresión confundida.

Como si realmente me estuviera viendo por primera vez en su vida.

Y fue en ese instante...

Cuando comprendí que había recuperado al chico que amaba...

Pero había perdido todos los recuerdos que construimos juntos.

El silencio se volvió insoportable.

No podía apartar la mirada de sus ojos.




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