Nueve meses después
—¿Piensas seguir mirando esa carta toda la noche?
Levanto la vista.
Janne me observa desde su cama.
—Tal vez.
Ella suspira.
—Sigues enamorada de él.
Bajo la mirada hacia la carta rosada.
La misma que he leído cientos de veces.
La misma que sé prácticamente de memoria.
La abro una vez más.
"Estamos tan lejos,
pero siento tu presencia.
No recuerdo nuestros momentos,
pero no logro olvidar mis sentimientos."
"Ángel de cabellos dorados,
eres mi deseo más amado."
"Te amo."
Cierro los ojos.
—Sí.
Sigo enamorada de él.
A la mañana siguiente camino hacia mi casillero.
La universidad está extrañamente alborotada.
Todos murmuran algo.
—¿Qué ocurre?
—Llegó un estudiante nuevo.
—Dicen que es guapísimo.
Pongo los ojos en blanco.
No me interesa.
Saco mis libros y cierro el casillero.
Entonces choco con alguien.
Todos mis apuntes caen al suelo.
—¡Mira por dónde caminas!
—Lo siento.
Reconozco esa voz inmediatamente.
Levanto la mirada.
Y el mundo desaparece.
—Hola, Audrey.
No puede ser.
—¿Oswald?
Sonríe.
La misma sonrisa de siempre.
La misma que extrañé durante nueve meses.
—Un gusto volver a verte.
—¿Qué haces aquí?
—Estudiaré Medicina.
Parpadeo.
—¿Qué?
—Y también vine por otra razón.
Se acerca un poco más.
—Tú.
Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas.
—Durante meses soñé contigo.
Mi respiración se detiene.
—Con conciertos, playas, parques de diversiones y cumpleaños.
Sonríe.
—Pensé que eran simples sueños hasta que Alexis y América me dijeron que todos esos recuerdos eran reales.
Da un paso hacia mí.
—Poco a poco comencé a recordarte.
—Oswald...
—Recordé tu risa.
Otro paso.
—Tus enfados.
Otro más.
—Tu forma de mirarme cuando creías que no te estaba viendo.
Las lágrimas ya caían libremente.
—Y entonces recordé lo más importante.
—¿Qué cosa?
Me mira directamente a los ojos.
—Que te amo.
Lo abrazo inmediatamente.
Tan fuerte como puedo.
—No sabes cuánto esperé escuchar eso.
—Y tú no sabes cuánto tardé en encontrarte otra vez.
Nos separamos ligeramente.
Él sonríe.
—Audrey Kells...
De repente se arrodilla exageradamente frente a mí.
—¿Me harías el inmenso honor de volver a ser mi novia?
Me río entre lágrimas.
—Sí.
—¿Sí?
—¡Claro que sí, idiota!
Me lanzo sobre él y ambos terminamos riendo.
Él acaricia mi mejilla.
—Eres mi sueño hecho realidad.
Apoya su frente contra la mía.
—Y si es posible...
Sonríe.
—Quiero enamorarme de ti todas las veces que haga falta.
Sonrío.
—¿Recuerdas lo primero que te dije cuando nos conocimos?
Su sonrisa se hace más grande.
—Claro que sí.
Lo miro divertida.
—En mi lista no entras.
Él se ríe.
—Pues qué mala memoria tenías.
Me besa suavemente.
—Porque pienso quedarme ahí para siempre.