En mi lista ¡¡no Entras!!

EPÍLOGO

POV Audrey

Han pasado un año desde que Oswald y yo terminamos la universidad.

Y si soy sincera...

Han sido los mejores años de mi vida.

A veces todavía me cuesta creer que aquella chica que hacía listas absurdas sobre el chico perfecto terminó convirtiéndose en doctora.

Ahora trabajo como médico residente en uno de los hospitales más prestigiosos del país: Emergency International.

Es agotador.

Duermo poco.

Tomo demasiado café.

Y he descubierto que la medicina es incluso más difícil de lo que imaginaba.

Pero me encanta.

Porque es mi sueño.

Porque cada paciente al que ayudo me recuerda por qué luché tanto para llegar aquí.

Mis amigos también siguieron adelante.

América y Daniel continúan juntos y felizmente casados. Hace cinco años nació su pequeña Amelia, quien heredó el carácter explosivo de su madre y el enorme corazón de su padre.

Josh ya tiene dieciocho años y novia.

Todavía me cuesta aceptar que el niño que me seguía a todas partes ahora tenga edad para enamorarse.

La vida pasa demasiado rápido.

Marco, Melody y Noah continúan cumpliendo sus condenas en prisión.

Todavía me parece extraño recordar todo lo que ocurrió.

A veces siento que fue otra vida.

Alexis y Dalia...

No sé nada de ellos.

Simplemente siguieron su camino.

Y aunque me gustaría saber cómo están, aprendí que algunas personas llegan para acompañarte durante una etapa y después continúan escribiendo su propia historia lejos de la tuya.

Y está bien.

Porque así funciona la vida.

Y hablando de mi vida...

Actualmente tengo veinticuatro años.

Y dentro de exactamente dos horas tengo una cita con mi novio.

Mi novio Oswald.

Mi maravilloso, increíble y perfecto novio Oswald.

Parpadeo.

Me siento en la cama.

Abro mucho los ojos.

No puede ser.

No.

No, no, no, no.

—¡NO PUEDE SER!

Me levanto de golpe.

—¿Qué pasó? —pregunta Janne entrando a mi habitación alarmada.

La miro horrorizada.

—Olvidé comprarle el regalo de aniversario a Oswald.

Silencio.

Muchísimo silencio.

—¿Qué aniversario?

—Nuestro noveno aniversario.

Ella abre los ojos lentamente.

—Audrey Elina Kells Flowers...

—No me juzgues.

—¡¿CÓMO OLVIDAS EL REGALO DE TU NOVIO EN EL NOVENO ANIVERSARIO?!

—¡Fue sin querer!

—¡Eso espero!

Me dejo caer dramáticamente sobre la cama.

—Soy la peor novia del mundo.

—No eres la peor novia del mundo.

Hace una pausa.

—Solo estás en el top cinco.

Le lanzo una almohada.

—¡Janne!

Ella se ríe.

—Tranquila, sobrevivirás.

—América me va a matar.

—Sí.

—Gracias por tu apoyo moral.

—Para eso están las amigas.

Suspiro derrotada y saco mi celular.

Marco el número de América.

—¿Aló?

Escucho mucho ruido al otro lado.

—Amiga, tengo un problema.

—¿Qué hiciste ahora?

—Olvidé el regalo de aniversario de Oswald.

Silencio.

—¿América?

—Estoy procesándolo.

—No me grites.

—¡¿CÓMO OLVIDAS EL REGALO DE TU NOVIO DESPUÉS DE NUEVE AÑOS?!

—¡YA SABÍA QUE IBAS A DECIR ESO!

—¡Porque es verdad!

No puedo evitar reírme.

Algunas cosas nunca cambian.

—¿Y ahora qué hago?

—Pedirle perdón.

—¿Eso es todo?

—Audrey, ese hombre sobrevivió a un rechazo, a un accidente, a perder la memoria y aún así siguió enamorado de ti.

Suspira.

—Créeme, sobrevivirá a esto también.

Sonrío.

—Gracias.

—Ahora ve y ponte hermosa porque si algo sé de Oswald es que hoy seguramente preparó algo enorme.

—¿Tú sabes algo?

—No.

Hace una pausa demasiado sospechosa.

—Tal vez.

—¡AMÉRICA!

—Tengo que irme, Amelia está intentando pintar la pared con yogurt.

—¿Con yogurt?

—No preguntes.

La llamada termina.

Miro a Janne.

—Creo que estoy rodeada de locos.

—Siempre lo estuviste.

Una hora después estoy lista.

Janne prácticamente me secuestró para arreglarme.

Llevo un vestido rojo elegante de escote corazón y el cabello ligeramente ondulado.

Me observo en el espejo.

—Wow.

—Lo sé —dice Janne orgullosa—. Soy una artista.

Entonces escuchamos el timbre.

—¡Ya llegó!

Mi corazón se acelera inmediatamente.

Bajo las escaleras y abro la puerta.

Ahí está él.

Traje negro.

Camisa blanca.

Cabello ligeramente despeinado.

Y esa sonrisa que sigue teniendo el mismo efecto sobre mí incluso después de nueve años.

—Hola, Topollillo.

Se acerca y deposita un beso en mis labios.

—Hola, Crespín.

Me observa durante varios segundos.

—¿Qué?

—Nada.

Sonríe.

—Solo estaba pensando que definitivamente me saqué la lotería contigo.

—Lo sé.

—Qué humilde.

—Es una de mis mejores cualidades.

Se ríe.

Y Dios...

Cómo amo escucharlo reír.

—De verdad se nota que están enamorados —suspira Janne detrás de nosotros.

—Ignórala.

—Jamás.

Le ofrece el brazo.

—¿Nos vamos, doctora?

Lo acepto inmediatamente.

—Claro, doctor.

El restaurante es precioso.

Velas.

Música suave.

Luces cálidas.

Definitivamente Oswald planeó esto durante semanas.

—¿Te está gustando?

—Mucho.

Él sonríe satisfecho.

—Busqué el mejor restaurante porque sé cuánto amas la comida.

—Por fin alguien aprecia mis verdaderas prioridades.

—Créeme, las conozco perfectamente.

Comemos, hablamos y reímos durante casi una hora.

Hasta que recuerdo algo.

El regalo.

—Oswald...

—¿Sí?

—Tengo que decirte algo.

—Eso suena peligroso.

—Olvidé tu regalo de aniversario.




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