Las novelas, telenovelas, fábricas de sueños, no importa como las llamen pero todos las hemos visto. Esas historias donde el amor vence al odio, las clases sociales y todas las barreras de la vida, todos las hemos visto en algún momento, son parte de nuestra cultura latinoamericana.
Para Alondra las novelas eran el pan de cada día, su madre quedó embarazada a muy corta edad por lo que la abuela fue quién terminó criando a la niña, no importaba qué hora del día fuera en la casa de la abuela de Alondra, mamá Marieta, siempre se veían novelas. Desde muy pequeña recuerda estar jugando con sus muñecas en el mismo cuarto donde mamá Marieta veía sus novelas y la niña las terminaba viendo con ella.
Pero la novela que realmente la marcó, la vio a sus catorce años y definió su gusto en los hombres fue una telenovela de los años noventa, “Juventud” , mucho más allá de la historia; que impactó toda una generación, lo que más persiste en la mente de Alondra era Daniel Laguna, su primer flechazo, el primer hombre que la hizo dudar de su bisexualidad, desde que se empezaron a formar las parejas en la escuela, estuvo segura de que le gustaban las mujeres hasta que lo vio a él. Mamá Marieta estaba tan contenta que su nieta ya no fuera lesbiana que alimento la obsesión de su nieta; se dio la tarea de buscar en mercaditos DVD piratas de todas las novelas donde apareciera Daniel Laguna. La intensidad llegó a tal extremo que Mamá Marieta investigó cuál fue la casa donde vivió el actor antes del gran éxito de “Juventud”; un fin de semana viajaron desde Monterrey hasta la ciudad de México solo para ver esa casa y visitar cada lugar donde se grabaron algunas escenas. Mamá Marieta era una mujer persistente y estaba decidida a tener bisnietos algún día por lo que quiso hacer todo lo posible para “curar” a su nieta (lo cual no funcionó).
Lo que sí logró fue sembrar un gran amor por pertenecer a ese mundo, Alondra se imaginaba constantemente siendo la protagonista de una novela pero al contárselo a su mamá le dijo con una dulce voz:
—¡Eso es de putas! y mi hija no va a ser una puta. ¿Quieres acostarte con un hombre asqueroso para que te haga famosa?, Ve— esas fueron las dulces palabras de su madre, a sus dulces quince años.
Los años pasaron y como todo en esta vida, todo tiene un inicio y un final. Mamá Marieta murió cuando cumplió 18 años, su mejor amiga, su compañera de aventuras, su mamá…ya no estaba. Los primeros días sin ella fueron una tortura, no podía soportar la casa sin su presencia, creía ver su sombra por toda la casa, escuchar su voz cuando a penas se quedaba dormida; al poco tiempo se alejo de todo sus amigos, su novia, la universidad, lo ultimo que queen su vida fueron las novelas, con las plataformas digitales pudo encontrar algunas de las novelas que veía con su abuelita. Esa era la rutina diaria de Alondra, ver una novela tras otra, día y noche; no fue hasta que su madre la obligó a conseguir trabajo.
Ahora a dos años de la muerte de mamá Marieta, estaba cansada de la vida con su madre; desde que era niña sabía que no tenía ese amor maternal, que de haber podido decidir, no la hubiera tenido pero ahora parecía que ella era su roomie en lugar de su hija y así fue como hemos llegado al inicio de esta historia.
—¿Y a donde chingados piensa irte?, no tienes dinero, no conoces a nadie en la ciudad de México— gritaba su madre mientras Alondra sacaba sus maletas de la casa.
—Pues ya sabré yo, tu nunca te has preocupado por mi para que ahora quieras andar jugando a ser mamá, Fabiola— Miró su teléfono para revisar en cuanto tiempo tardaba en llegar su uber, y llegar a la central de autobuses —Mi mamá dejó una cuenta de ahorros a mi nombre, no te pediré ni un solo peso.
—Seguramente quieres irte lejos para andar de guila, luego vas a regresar panzona y ni creas que yo me voy a hacer caso de tu escuincle.
—Como si mi mamá Mari te hubiera hecho así cuando llegabas con los calzones en la mano— contestó altanera, solo viendo su teléfono.
—¡Haber Alondra, soy tu madre y me respetas mocosa malagradecida!. Si tanto te quieres ir, te vas pero no te vas a llevar todo lo que te he comprado— Fabiola agarro las maletas de Alondra pero esta las jalo hacia ella impidiendo que se las llevara.
—¡Deja eso, son mis cosas!. Por que todo lo que llevo me lo he comprado con mi dinero o me lo regaló mi mamá mari— gritaba mucho más fuerte para que se escuchara su voz, un carro se estaciono enfrente de ellas, Alondra revisó la información del carro y subió sus maletas como pudo para poder irse ya, antes de subirse, su conciencia le impedía irse peleada con su madre —Te mando mensaje cuando llegue, tu sabras si me contestas.
Así fue como inició todo, doce horas después Alondra ya estaba en la ciudad de México. Salió de la terminal de autobuses con su equipaje en mano, recordando las palabras de su madre, ¿a donde iría?, ¿ahora qué?.
—”Creo que no pensé muy bien en esta gran aventura, ahora estoy sola en este monstruo de ciudad. La sensación de estar aquí es igual que la primera vez que vine…la primera vez que vinimos…ahora estoy sola”.
🕰️ ⥀
Después de horas vagando por la ciudad, en las líneas del metro, estaciones que tenían nombres que no tenían sentido para ella; estaba muerta de cansancio, sus pies ya no podían resistir un paso más, era impulsiva y lo sabía, herencia de mamá Marieta solía improvisar igual, solo que sus planes si salían como ella lo esperaba. Algo desanimada hizo lo que desvío hacer desde antes de llegar, buscar un departamento, abrió su teléfono para poner en el buscador de internet sus necesidades, lo único que sabía de vivir ahí era que entre más lejos estuviera del centro la renta sería más barata, lamentable gentrificación, el dinero que la abue dejo para Alondra le ayudaría a sobrevivir por un tiempo pero no lo suficiente como para pagar un hotel mientras encontraba un lugar donde quedarse.
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Editado: 01.02.2026