En otra vida y en otra piel

​"El estigma en la libreta"

Los amores imposibles siempre nos acechan, manifestándose en diferentes formas y modos, pero siempre están ahí, presentes. Mi relación con Itzel se tornó rara y oscura, pero antes de profundizar en eso, debo explicarles cómo la conocí.

​Nuestro primer encuentro fue en una tienda de conveniencia. Ella vivía muy cerca de mí, en la misma calle: la Avenida Cristiano Corrales. Apenas una cuadra atrás estaba su hogar, situado en una vía con un nombre muy particular: la Avenida Diego Rivera. Todos los días, Itzel acudía a esa tienda a la misma hora y, casi por destino, yo siempre me topaba con ella.

​Nuestras rutinas eran simples en apariencia. Yo apoyaba a mi padre en su empresa, con un horario cómodo, mientras que ella ayudaba al suyo en lo que necesitara. Sin embargo, su labor era distinta, pues recibía a gente que buscaba una atención que no era precisamente médica. Su padre se dedicaba a la brujería.

​En una de esas tantas idas a la tienda que me quedaba de paso, decidí finalmente hablarle. Cruzamos palabras y, aunque el contacto inicial no fue sencillo, poco a poco nos acercamos. Empezamos a salir y la convivencia nos llevó a formalizar una relación. Al principio, yo desconocía por completo a qué se dedicaba su familia; fue después de un año cuando me enteré de la verdad: su padre era brujo.

​Hubo algo que me desconcertó profundamente: el hecho de que su padre le tuviera "guaruras" para seguirla todo el tiempo. Era algo fuera de lo común que enturbió nuestra relación. Esos hombres tenían que estar presentes en cada una de nuestras citas. Si nos sentábamos en el parque, a un lado estaba el guardia vigilándonos; si íbamos a comer, ahí permanecía él. Nunca teníamos un momento de paz o privacidad.

​Recuerdo una ocasión en la que intenté que estuviéramos a solas. Le pedí permiso a su padre para llevarla a la ópera; él se mostró desconcertado, pero terminó aceptando a medias. Al llegar al teatro, nos percatamos de que en la parte más alta, en lo último del anfiteatro, estaban los guaruras. Ya los conocíamos bien de cara y cuerpo; nunca estuvieron ausentes, marcando con su presencia cada instante de nuestro noviazgo.

​Pronto, la situación escaló a las amenazas. Empecé a recibir cartas en la empresa de mi padre que me exigían alejarme de ella. Decían que yo no era la persona adecuada, que nuestras religiones eran distintas y que podía conseguir a alguien "mejor". Me advertían que, de no dejarla, podría sufrir la muerte. En ese entonces, yo era la mano derecha de mi padre; llevaba el peso de los asuntos legales y de compra-venta sobre mis hombros, una carga fuerte que se sumaba al miedo por las amenazas que sospechaba venían de sus propios custodios. Uno de ellos, incluso, le coqueteaba descaradamente a Itzel, lo que aumentaba mi desconfianza.

​Un día, debía ir a la empresa muy temprano. Recuerdo que llovía torrencialmente; en España la lluvia cae a cántaros y, al no haber tantos edificios en esa zona de valles hermosos, el cielo se veía totalmente tupido y gris. Al cruzar la calle saliendo de mi casa, divisé a dos hombres con capuchas negras de pico largo, vestidos con batas que llegaban hasta el piso, ocultando sus rostros. Estaban ocultos tras un carruaje.

​De pronto, me interceptaron. Me cubrieron la cabeza con una bolsa de cartón, dejándome totalmente anonadado y sin sentido de la dirección. ¿A dónde me llevaban? Eso se sabrá con el tiempo.

​Daremos un salto de quince años, un tiempo en el que nadie supo nada de mí. Itzel se quedó sumida en la preocupación y el miedo, extrañándome sin entender qué había pasado. Nuestra relación siempre estuvo plagada de obstáculos: el rechazo de su padre, la mala cara de su madre y las constantes excusas de clase social o religión para impedirnos salir. Nunca entendí lo de la clase social, pues económicamente estábamos al mismo nivel, pero la religión sí fue un problema perjudicial que su padre siempre nos recalcó.

​Incluso mi propia madre me lo advirtió. Ella sospechaba que Itzel no era una buena compañía. En una ocasión, mientras yo ayudaba a Itzel con sus tareas, mi madre encontró algo perturbador en su libreta: en la contraportada había un mechón de cabello sujeto con una cinta negra, junto al símbolo de la muerte y la Estrella de David. Mi nombre estaba escrito y repetido tres veces alrededor.

​¿Qué estaba pasando realmente? Tendrán que seguir leyendo para averiguar el destino de esta relación. A pesar de todo, la amo demasiado; no concibo una vida sin ella. Respiro por ella y necesito volver a su lado.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.

Título de la obra: en otra vida y en otra piel.

Autora: Gabriela González Calette

Nombre deautora: Gabby Rose Noir

Contacto: fridagabbycalette@gmail.com




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