En otra vida y en otra piel

ALEXANDER

Sentía el corazón en la mano; era para mí demasiado estrés, demasiado miedo, demasiada ansiedad. Sentía que algo estaba a punto de pasar. No podía regresar, tenía que avanzar, tenía que seguir. En todo momento pensé en Itzel. Sentí mi corazón, que lo llevaba en la mano.

​Lo siguiente que recuerdo es que llevaba una capucha negra, una bolsa negra en la cabeza; no sé a dónde me llevaban. No podía hablar. Lo siguiente que recuerdo es que estaba mi cuerpo tirado en una banqueta, tapado con una sábana, y yo lo estaba viendo desde un tercer punto, desde arriba. Como pasa en las películas: yo lo estaba viendo desde arriba y oía unos gritos terribles de mis familiares. Mi madre, mi padre... escuchaba los llantos de Itzel y escuchaba claramente que me decía al oído: «Yo te voy a hacer volver, tú vas a volver conmigo, tienes que volver conmigo, yo te necesito conmigo. Yo sé qué pasó y yo voy a averiguar quién te hizo esto, no te preocupes, vas a tener justicia».

​Cabe mencionar que ella nunca tuvo las respuestas que necesitaba. Por más que buscó, por más que estuvo indagando e investigando, nunca hubo respuestas. Buscó la ayuda de su padre para que le dijera, pero el padre estaba más gustoso que nada; obviamente estaba muy feliz porque, de alguna manera, se había desaparecido el muchacho y lo habían quitado del camino, lo cual también lo pondría como sospechoso. Pero Itzel nunca pensaba que él fuera sospechoso; su padre hacía brujería y cosas satánicas, pero jamás le dañó a nadie a los ojos de ella, al pensamiento de ella.

​Un día, visitando a mi madre, me di cuenta porque estaba yo vagando. Mi espíritu estaba vagando, yo no tenía paz, no tenía tranquilidad. Algunos dicen que en la empresa se escuchan pasos y vuelan papeles a ciertas horas de la noche; y en mi oficina, donde yo le ayudaba a mi padre, dicen que se prende y apaga la computadora y la silla donde me sentaba se mueve como si alguien se sentara y después como si alguien se parara. Se oyen pasos. Y sí, yo no estaba en paz. Yo quería justicia.

​De repente, yo me entero ese día que estaba... ese día que yo salí a trabajar y me llevaron. Ella se percata de que alguien me estaba siguiendo porque un día le dice su padre —a él se le salió decirle—: «Es que ese día estaban Fabián y Héctor ahí en la calle viendo cómo caminaba». Y ella le dice: «¿Qué estaban haciendo ahí? Entonces tú debes de saber qué pasó y debes de saber quiénes fueron y por qué». El padre titubea y le dice de una manera muy tosca y grosera: «Déjame en paz, no te voy a decir más. Solo te voy a decir que ese muchacho no es tan bueno como tú crees. ¿Sabías tú que le manda dinero a un reo de la cárcel?».

​«¿De qué estás hablando?».

«Sí, así es Itzel. ¿Ya sabías tú? Antes de llegar al puesto que tiene actualmente, estuvo trabajando en una plaza muy famosa de aquí de España y lo aceptaron en un empleo que requería que un muchacho fuera bien parecido, antes de que su padre tuviera tanto éxito. ¿Y sabías tú que estuvo trabajando ahí? Y sabías tú que en ese tiempo hizo un desfalco de un millón de euros... ¿sabías tú eso?».

​Y ella contesta: «No, no tenía ni idea de que esa situación estaba pasando».

«Así es. Y en ese momento es ir a ver, a ver, a ver... ¿tú cómo sabes todas estas situaciones de él? O sea que ¿tú lo estabas ya investigando? ¿Tú cómo sabes todo eso de él?».

«¿Sabías tú que también hubo un tiempo que lo contrataban para secuestrar gente y para torturarla?».

​Itzel se quedó "de a seis", no lo podía creer.

«Sí, ¿sabías tú que esa persona a la cual le pasa dinero a la cárcel —no sabemos todavía, no sé, estoy investigando— le debe muchísimos favores? Y un favor muy grande por el cual él sentía la responsabilidad y la obligación de pasarle dinero porque si no, se iba a meter en problemas muy fuertes. ¿Sabías tú eso?».

«No, de verdad no... parece que me estás hablando de otra persona totalmente diferente».

«No, te estoy hablando de tu pareja. De que este muchacho andaba mal y de que la persona que tú conociste era una máscara y detrás estaba otra persona totalmente diferente. Una persona que tenía problemas muy fuertes, a lo cual se buscó el final que tuvo».

​Y yo pensando, desde muy arriba, viendo toda esa situación como un fantasma y no poder hacer nada, no poder decir nada... ¡No lo puedo creer! Tan desesperado, no podía yo hacer nada. No podía detener esta situación de la cual se estaba enterando, no podía decir mi verdad, mi historia. Y yo decía: «¡No, papá! Yo no puedo creerte todo lo que me estás diciendo. De verdad, discúlpame, pero no te lo creo».

​«¿Ah, no me vas a creer? Pues las pruebas hablarán por mí». Saca el teléfono y dice: «Mira, estos son los mensajes que le mandaba a la persona por la red social más famosa que tú conoces, en la cual le decía: "A este número de cuenta deposítame dinero"».

«¿De dónde sacaste toda esa información? ¿De dónde obtuviste toda esa información? ¿Cómo es que te enteraste de las cosas que él estaba haciendo? ¿Cómo? ¿Porque lo seguías?».

«Yo lo estaba siguiendo, no era una buena compañía para ti y yo tenía mis sospechas por mis dones que tengo. Y también, como viene de una familia de dinero, están acostumbrados a tapar el sol con un dedo. Entonces yo no me podía quedar así; yo tenía que averiguar las verdades de este muchacho, y sé muchísimas cosas más».

​«No entiendo, papá, por qué me estás diciendo tú todas esas cosas».

«De verdad te las digo, hija, porque ese muchacho no era buena compañía para ti. Y sé más... no te lo puedo negar, siento cierta alegría al saber su final. Pero todo esto es una situación muy turbia de su destino».

​«Pero yo lo amo, papá. Lo necesito conmigo. Necesito ver sus ojos, necesito ver su sonrisa, necesito ver su espalda junto a la mía. Necesito que sus manos toquen mis manos, necesito tocarlo, tengo que tocarlo, si no siento que me voy a morir. Yo no puedo más. ¿Tú sabías que está 24/7 en mi mente? ¿Tú sabías que cada noche en mis sueños ahí está, aunque yo rece a todos los santos pidiendo que no esté? ¿Tú sabes que ahí está? Sabes que cada segundo que pasa, al saber que no está conmigo, me estoy volviendo cada vez más loca. ¿Tú sabías que por las noches me levanto y grito de una manera tan horrible al recordar cómo lo mataron? Yo no puedo quedarme así, pero siento más impotencia al saber que no puedo hacer justicia para él. Siento cómo se me resbala entre los dedos, cómo se me escapa. No pude hacer nada, no pude ayudarlo. Se me fue el tiempo, se me fue la vida, se me fueron las esperanzas, se me fueron las ganas. Solo sé que estoy entrando en un hoyo negro, en un agujero negro en el cual no voy a poder salir nunca más».




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