Hay una frase que dice: "Para Dios no hay imposibles, siempre primero Dios y luego es Dios". Mi amor, al final, hay que tener mucha fe siempre; Él siempre va a estar por encima de todo mal y de cualquier situación. Dios puede más que el diablo mismo, nunca será al revés. Pero en ese transcurso en el que las cosas toman su camino y su lugar, en lo que todo se endereza, lo dejan a uno con el estrés, el cansancio, el dolor de cabeza, la preocupación, la irritabilidad, el nerviosismo y la ansiedad. Todas estas emociones y sensaciones te dejan verdaderamente en un estado de pánico total.
Hay una película muy bonita en una plataforma para niños en la cual muestran las emociones de una niña con cierta apariencia: Enojo, Miedo, Tristeza, etcétera. La primera película me encantó, pero también está la segunda parte donde, obviamente, la niña va creciendo y las emociones cambian, llegando otras nuevas. Hay una emoción que a mí en lo particular me fascinó; no he tenido la oportunidad de hacerlo, pero me encantaría mandarme a hacer una playera con la imagen de Ansiedad y ponerle: "Yo soy Ansiedad". Me encanta porque es lo que la mayoría de las personas sentimos todo el tiempo en diferentes momentos y etapas. En esa película se muestra lo que ocurre al no tener control de la ansiedad; nadie logra mantenerla estable, ni Alegría ni Miedo, hasta que la hacen caer en un colapso nervioso. Esa historia te deja una gran enseñanza: todo tienes que tomártelo con calma, porque siempre, al final del túnel, habrá un hermoso arcoíris con un cielo despejado y un sol radiante. Solo hay que tener paciencia y, como me digo a mi misma, decirle a la ansiedad que se vaya a tomar un té.
Continuamos con nuestra historia...
Al ver Abraham e Itzel que se habían quedado solos, se miraron el uno al otro con desilusión y sospecha.
—Yo sé quién es la culpable de esta situación —dijo Itzel con firmeza.
Abraham la miró sorprendido: —¿Ah, sí? ¿Quién?
—Es bastante obvio. Es algún familiar de Alexis, alguien que nos ha estado siguiendo sin que nos percatáramos. No quieren que se sepa la verdad, no quieren que salga a la luz. Eso quiere decir, Abraham, que ni siquiera necesitamos nuestra prueba de ADN. Si una persona quiere impedir que el resultado se publique, es porque sabe perfectamente que tú eres hermano de mi difunto novio.
Itzel continuó, con la voz entrecortada por la agitación:
—Al intentar detenernos, ellos mismos se echaron la soga al cuello. Ahora tenemos la certeza de que sí eres su hermano. Pero ahora nos queda averiguar quién nos sigue y por qué quieren tapar lo obvio. Hay algo más aquí que no quieren que sepamos, algo que temen perder al momento en que tú salgas a la luz.
En ese momento, a Itzel se le vino a la mente una historia muy triste de hace mucho tiempo: la de la familia rusa de los Romanov. Siempre hubo dimes y diretes respecto a si realmente habían matado a todos o si Anastasia seguía viva. Hubo muchos rumores de que ella se había escondido y cambiado de identidad. Muchas personas intentaron hacerse pasar por ella, pero hubo una en particular que llamó muchísimo la atención por su apariencia y por las historias tan certeras que contaba; era imposible que alguien más supiera esos detalles.
—¿Sabes qué hicieron con esa persona, Abraham? —preguntó Itzel—. La anunciaron como alguien recién salida de un manicomio. Así fue como taparon la situación. Nunca se supo más de la señora ni qué fue de ella, pero hay una ligera sospecha de que la mandaron matar.
Abraham se quedó helado:
—Guau, de verdad no conocía los detalles, pero entiendo muy bien a dónde quieres llegar. He visto fotos en los periódicos de esa historia y es verdaderamente triste. Todos los que somos fans de ese misterio pensamos que, obviamente, no querían que se supiera que era Anastasia porque, de salir a la luz, se les caía todo el imperio. Tendrían que haberla nombrado Emperatriz de Rusia.
—Exactamente, Abraham —asintió Itzel—. Es lo mismo que quieren evitar contigo. Quieren impedir que tú seas el dueño de todo lo que le pertenecía a Alexis. No quieren que llegues a controlar lo que él manejaba, ni lo que controla su padre ahora. Todo el mundo sabe que el papá de Alexis se junta con las mismas personas oscuras; se dice que le queda poco tiempo al mando de las empresas porque anda en los mismos malos pasos. Esa gente le pidió hacer lo mismo a cambio de vender sus "dulcecitos", y el señor anda por mal camino.
Abraham e Itzel comenzaron a caminar con un miedo profundo, envueltos en una paranoia total. Sentían la piel erizada con la sensación de que alguien los vigilaba desde las sombras. Abraham volteaba varias veces hacia atrás, tratando de disimular para no poner más nerviosa a Itzel, pero ella se daba cuenta perfectamente de todo; cuando él se giraba, ella también lo hacía. Ambos compartían esa asfixiante certeza de que alguien quería evitar su avance a toda costa.
De repente, entraron en una calle oscura, ya de noche y con falta de luz. Entre las sombras, alguien les hizo una seña con la mano para que se acercaran, emitiendo un sonido, un chiflido corto para atraer su atención. Abraham se adelantó primero con cautela:
—¿Qué quiere usted? ¿Qué se le ofrece?
Itzel, con los nervios de punta, le susurró: —Vámonos, Abraham, esto no me da buena espina. ¿Quién es? Vámonos...
—Esperen —repitió la figura entre las sombras—, no se vayan. Yo les voy a ayudar.
La persona los guio hacia un callejón. Abraham caminaba por delante con mucho miedo, pero al no tener a nadie más que los ayudara, no les quedaba más que confiar. Siguieron caminando hasta que llegaron a un local iluminado por una luz verde agua. El letrero decía "Consultorio", ubicado en una zona rural de escasos recursos, con una pequeña farmacia al lado destinada a ayudar a la gente del pueblo.
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Editado: 04.04.2026