En otra vida y en otra piel

​"Una vida por otra: La jefa del cartel"

Siempre que nos dicen: "vas a estar bien", "todo va a estar bien", parece que al final hay un momento de paz. Parece que hoy será un día perfecto, hermoso y tranquilo; que no habrá problemas. Aparentemente, todo respira tranquilidad, pero ¿qué pasa? Esos mismos momentos que pasan en las películas suelen ser el anuncio de que algo malo va a suceder, de que algo se viene y no todo es color de rosa.

​Recuerdo algo que, a lo mejor, no tiene mucho que ver, pero cuando era adolescente estaba con mi familia cocinando un platillo que me gustaba mucho. Debido a esa situación, me quedó el trauma de no volver a realizarlo; hasta la fecha no lo he vuelto a hacer. Estaba muy feliz cuando, de repente, mi madre entró: "Ya no vamos a comer, hijo. Tenemos que empacar porque nos vamos del país inmediatamente".

​Yo pensé que era una broma. Mi madre siempre ha sido de esas personas que exageran y se ponen nerviosas, y luego llega mi padre, la calma y pregunta: "¿Pero para dónde vas?". Él suele tranquilizar la situación, pero en ese caso, mi papá no llegaba; estaba arreglando algo. De repente entró y, aunque le llamó la atención a mi madre por hacer las cosas de manera tan abrupta, confirmó: "Sí, hijo, tenemos que salir del país porque están amenazando con un ataque".

​Recuerdo que la casa se volvió un caos; todo se puso patas arriba. La comida se quedó, mis mascotas se quedaron... todo se perdió. Mi mascota tan amada se quedó allí. ¿Qué fue de ella? Obviamente murió por desnutrición, y no volvimos nunca más.

​Es por eso que, cuando esta historia llegue a su fin, me gustaría que agreguen este libro a su colección para que vayan viendo hasta dónde llega, lean las actualizaciones de los capítulos, le den "like" y comenten. Tenemos que vivir el día a día sin miedo, con fe y de la mano de Dios. Aunque el camino se vea muy negro, debemos tener la esperanza de que habrá una luz al final de la oscuridad.

​Cuando Itzel y yo íbamos caminando hacia nuestra casa para empezar una nueva vida juntos, no podía imaginar lo que se avecinaba. Me daba miedo afrontar la realidad.

​El señor José Luis estaba allí, hablando con el amante de la señora Dalila. El hombre se quitó la capucha de su sudadera negra y ella le dijo:

—No puedo creer que seas tú. Esto debe ser una broma.

—Yo soy el amante de tu esposa, Isadora. Me tienes que explicar.

—Claro. Tuve un amorío con tu hijo con la esperanza de que me firmara unos papeles cediéndome todo su dinero, pero la mugrosa de Itzel se atravesó en mi camino e invadió mis planes. De hecho, planeaba acabar con ella, planeaba matarla. Fue por eso que tu hijo tuvo que morir; nos escuchó detrás de la puerta mientras yo hablaba con tu esposa. Al percatarme del ruido, lo afrontamos y decidimos matarlo. Todo lo demás fue montado. Yo soy la cabeza, la jefa del cártel en el que estaba metido tu hijo. Lo que yo diga, se hace. Acabé con su vida y no me arrepiento de nada. De lo que sí me arrepiento es de que no se haya atravesado aquel camión para acabar con Itzel.

​Isadora continuó con frialdad:

—Una vida por una vida. Como no logré que me firmara los papeles, tuve que acercarme a ti fingiendo amor, pidiendo consuelo y simulando un dolor que no sentía. Pero tú tampoco seguiste mis planes.

​El señor José Luis la interrumpió:

—No cedí porque sabía perfectamente lo que estabas haciendo. Conocía tus planes y sabía todo lo que estabas cometiendo. He esperado pacientemente a que todo caiga por su propio peso, y sé que obtendré venganza.

—¿Que vas a obtener venganza? Lo dudo mucho —respondió Isadora—. Depende de que yo lo permita y de que sigas con vida. Si no quieres que tu hijo Abraham termine muerto, vas a tener que dar una vida por otra. Lo que tengo planeado es sencillo: matarlo para quedarnos con todo. Tú también nos estorbas. Queremos ser las dueñas de todo para viajar por el mundo. Tú estorbas, tu hijo estorba y, a lo mejor, Itzel también. A menos que des una vida por dos... eso también puede ser.

​El señor José Luis se hincó de dolor, derrotado y destruido.

—No puede ser que me pidas esto. Acabo de encontrar a mi hijo...

—Así es la vida —sentenció ella—. O lo tomas, o los mato a los dos.

​Él se tocó los ojos y levantó la cara, vencido.

—Hazlo.

En sus últimos suspiros, antes de que ella acabara con su vida clavándole múltiples navajazos, el señor gritó: "¡Te amo!". Cayó al piso y un charco enorme de sangre rodeó su cuerpo. Isadora se dio la vuelta y se fue.

​Sin embargo, alguien vio todo: el médico que estaba en el consultorio. Él podría ser la solución para ayudar a Abraham e Itzel, y advertirles lo que había pasado con José Luis.

​Mientras tanto, en la casa:

—Llegamos, amor, a nuestro nuevo hogar —dijo Itzel.

—Gracias, de verdad me hace feliz que estemos juntos y que nunca me dejes.

​Se abrazaron, prepararon la cena y Abraham le dijo:

—¿Estás cansada, amor?

—Sí, me siento muy agotada física y mentalmente.

—No te preocupes, te tengo una sorpresa.

​Abrió la habitación y le mostró una cama con un ramo de rosas.

—Sabía que vendrías. Tenía el presentimiento de que aceptarías vivir conmigo. Tenía tanta esperanza que no quería pensar en el dolor.

​Se besaron y pasaron la noche juntos. A la mañana siguiente, todo parecía perfecto. Era un día hermoso, el sol brillaba, los pájaros cantaban y no había ni una nube en el cielo. De pronto, tocaron la puerta de manera desesperada.

​Abraham abrió. Era el doctor. Itzel salió inmediatamente en bata de baño.

—Tengo que hablar con ustedes inmediatamente —dijo el médico—. Es sobre tu padre, el señor José Luis.

​Se quedaron mirándose... y esta historia continuará.

2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.

​Esta obra, incluyendo todos sus capítulos, personajes y universos narrativos, está protegida bajo las leyes internacionales de derechos de autor. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, así como su distribución, transformación o almacenamiento en cualquier sistema de recuperación, sin el consentimiento previo y por escrito de la autora.




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