En otra vida y en otra piel

​"La Doble Cara del Diamante"

En los signos zodiacales siempre hay, en el signo de Géminis, personas con "dos caras" juntas; todos los que leen el tarot dicen que Géminis tiene dos personalidades. ¿Qué pasa cuando una persona nos dice la verdad, pero nos la dice a medias? Se los voy a explicar mejor para que me entiendan.

​¿Qué pasa cuando un simple enfrentamiento entre hermanos te hace ver mal a ti? Siempre sales tú mal. Sí, tú también complicas el problema; ambos se exaltan y dicen cosas que no quieren decir. Pero, ¿qué pasa cuando una de las dos personas trata de mantener la cordura? Cuando quieres contar la verdad nadie te cree porque, al menos cuando tú tuviste el enfrentamiento, tuviste la decencia de darte la vuelta y retirarte para callarte la boca. Aunque haya sido grosera la acción, fue para callarte.

​¿Pero qué pasa cuando cuentas la verdad y nadie te cree? Igualmente, sucede cuando conoces a una persona y dices: "Me cae mal, aquí pasa algo", y la otra persona te responde: "¿Pero qué te pasa? Es bien amable, sencillo, noble... nada que ver con lo que me estás diciendo". Y contigo esa persona se porta de la patada, te hace caras, te tuerce la boca y parece que nadie se da cuenta. Tú dices la verdad y nadie te cree.

​Cuando sabes en el fondo la verdad... es por eso que Isadora siempre fue un diamante en bruto en esta historia. Un diamante en bruto oculto con apariencia de buena, pero que en realidad es mala. Se me viene a la mente un personaje de una película de una plataforma muy famosa, en la cual sale una cultura colombiana. Ella tiene un tío y todos tienen dones, pero ella tiene uno especial: es la que mantiene el equilibrio. No es un don visible, pero al menos yo lo interpreto así; sin ella, toda la casa se viene abajo, todo se derrumba y pierden sus dones.

​Eso me parece muy especial porque a cuántas amas de casa no nos pasa lo mismo: nos sentimos reemplazables, pero si tú no estás, o te metes a trabajar y decides cambiar de aires, ¿qué sucede en la casa? Todo se viene abajo, al igual que con este personaje. En fin, ella tiene un tío de apariencia mala; cuando ella intenta buscarlo (es una película musical), lo que me interesa es la vibra que trae. A mí, en lo personal, cuando lo conocí me daba miedo su apariencia; se ve todo jorobado, te da una sensación tenebrosa. Y cuando conocen realmente al personaje, resulta que es simplemente incomprendido, pero nunca conocido.

​¿Conocen ustedes a una persona que sea exactamente lo contrario? Que realmente sea mala, pero que ponga cara de buena y que, hagas lo que hagas, tú seas la única persona que ve su verdadera identidad. Eso es frustrante.

​En nuestra historia, Isadora se está diciendo eso ante el espejo:

—Muy pronto conocerás mis verdaderos planes, Dalila. Ya verás... todo tu dinero va a ser mío. Solo necesito que firmes el documento.

​Saca el papel de un cajón y, de repente, se cae algo sin importancia; un peine, pero con la importancia suficiente para que Dalila se despierte y le diga:

—¿Dijiste algo, amor?

—No, nada, amor. Aprovecho para comentarte que no me firmaste los papeles que te pedí para tramitar un seguro para ambas. Dios no lo quiera, amor, pero por si algo nos pasa a ti o a mí.

—Sí, está bien, amor, estoy de acuerdo. Se me olvidó firmar entre tanto problema que tenemos con esta gente.

—Así es. Tráemelos, amor.

​En ese momento, Isadora se siente grande, poderosa; estaba a solo una firma de realizar sus planes. Dalila firma e Isadora disimula el gozo y la felicidad. Guarda la hoja en su buró.

—Gracias, amor. La voy a guardar y mañana mismo tramito eso. Muchas gracias por ocuparte por las dos.

—Amor, tú sabes que daría la vida por ti.

​Isadora tenía que llevar a cabo el plan, así que se dirige tres días después a la cafetería donde estaba trabajando Abraham.

—Hola, Abraham —le contesta él de una manera seca—. ¿Qué podía esperar? ¿Qué quieres, Isadora? Yo no tengo nada que hablar contigo.

—¿O es que la felicidad de tu novia Itzel no es importante para ti?

​Atrás todos escucharon, incluyendo al gerente del negocio. Era exactamente lo que quería Isadora: que todo el mundo escuchara.

—Salgo a las seis.

—Perfecto. Dentro de media hora, cariño. Tráeme un café negro, bien cargado.

​Abraham se da la media vuelta decepcionado y le trae el café. Pasa la media hora y Abraham se encuentra de nuevo con Isadora.

—¿Qué te parece si vamos a tu departamento para platicar más a gusto? —propone ella.

—Vamos pues... aprovechando que tu novia está para platicar con los dos —dice Abraham.

—No, Itzel no está. Está trabajando.

—¿Trabajando? Yo no tengo por qué darte explicaciones, Isadora —responde Abraham.

​Llegan al departamento y empiezan una discusión.

—Yo sé cuánto quieres a Itzel —dice Isadora—, y sé que te preocupa su seguridad y su bienestar. Es por eso que necesito que me firmes esos papeles en los que me cedes toda la herencia de tu familia para mí y para...

—Sí, ya lo sé, Isadora. Dilo: para tu amante. Mi madre es tu amante.

—Así es. Dalila es mi amante y tú nos estorbas. Siempre nos has estorbado desde que naciste. Has sido un estorbo que solo ha traído penurias y desgracias. Firma ya los papeles si no quieres que tu novia sufra una muerte muy torturante que, créeme, va a ser un placer para mí ejecutar.

​—No te voy a firmar nada.

—Sí me vas a firmar. Ya verás que sí.

​Ella empieza a desabotonar su vestido. Era un vestido muy sensual, rojo pero poco común, con escote en forma de corazón; estaba todo abotonado del lado derecho de la pierna y abierto de la parte de abajo, con lentejuelas brillantes rojas y un toque de negro. Ella se desabotona y termina desnuda ante él. Abraham cae en sus redes y pasa la noche con ella.

​—¿Me vas a firmar los papeles?

—No. Y me siento terrible por esto que acabo de hacer, porque Itzel no se lo merece.

—Pues no parecías tan sufrido toda la noche conmigo; lo hicimos múltiples veces. No creo que haya sido un sufrimiento. ¡Firma los papeles!




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